Más tarde ella se encontró con Pedro en la terraza, este la miraba pícaro, pero no tocó el tema. Hacía sus ejercicios sin chistar poniendo mucha atención a lo que su maestra temporal le indicaba. Matías y María se encerraron en el estudio para revisar las cuentas semanales. Terminaron como siempre rápidamente, esa mujer era muy organizada y tenía todo controlado.
—María… necesito hablar contigo —dijo, ella guardó su libreta en el delantal y esperó—. Creo que ya sabes que… algo sucede entre Andrea y yo —comenzó, ella asintió mostrando una pequeña sonrisa—. Pues no son chismes, ella y yo ya estamos juntos.
—Me da gusto, hijo, ambos son buenos chicos.
La expresión de él se ensombreció, se acercó a la ventana y recargó un brazo ahí, pensativo.
—No es sobre eso de lo que quiero hablar —calló un segundo y continuó abatido—. María… tenías razón, siempre la tuviste. —La otra frunció el ceño, confusa.
—¿Sobre qué?
—Sobre Andrea… Decías que algo no encajaba, que nos sorprendería, que había sufrido mucho.
—Y aún lo creo, aunque ustedes estén juntos. De hecho tengo que confesarte que su relación me asusta un poco, no quiero que sufran —la escuchó sin voltear.
—Pues… debes saber que como siempre no fallaste…
—¿Al fin te lo dijo? —Matías asintió girando con la mirada turbia, llena de impotencia y dolor.
—Esa mujer… la esposa de su hermano.
—¿Mayra? —De solo escuchar su nombre se le revolvía el estómago.
—Sí, ella. Es un monstruo, María, uno de verdad. No tienes idea de las cosas por las que ha hecho pasar a Andrea.
—Pero… ¿cómo, por qué?
—Por ambición, por poder… no lo sé. Alguien así definitivamente es un psicópata.
—Pero ¿qué le hizo?, ¿qué te dijo? —La mujer lo observó atenta y muy preocupada.
—María, esto es muy grave… —Calló unos minutos tratando de encontrar la forma de decir algo tan espantoso—. Ella… provocó el accidente donde los padres de Andrea murieron. —María soltó un pequeño gritito tapándose enseguida la boca, conmocionada—. Sí, ¿podrás imaginar mi reacción al saberlo? Pero eso no es todo.
—Por Dios… ¿hay más?
—Mucho más. Ese… monstruo, mantuvo amenazada a Andrea todo este tiempo con la vida de su hermano.
—Hijo… ¿de qué hablas? Lo que dices es espantoso, no puede ser —se sentó a su lado y le narró en resumen todo lo que Andrea le había confesado hacía dos días. María estaba helada de la impresión, dolida por saber lo que esa niña tuvo que pasar y con un sentimiento de ternura absoluta por verla aún entera a pesar de todo aquello. Comprendía al fin tantas cosas—. Lo que me cuentas es… terrible. ¿Cómo puede ser que esa muchacha siga sonriendo? Dios, eso es para volverse loca.
—Lo sé… ¿Y sabes?, al enterarme de todo esto me sentí un imbécil. Ella ha vivido un infierno, María, y jamás se quejó, luchó, sigue luchando aún. Tiene ilusión de que su futuro sea diferente… ¿cómo lo logró? Yo… me hundí con lo de Tania y eso comparado con lo que ella ha pasado no es jodidamente nada.
María colocó una mano cariñosa sobre su rodilla.
—Son cosas diferentes. Andrea buscó sobrevivir, era su vida la que estaba en juego y la de su hermano.
—Y no sabes cómo me llena de rabia e impotencia saber todo lo que ha tenido que pasar. Quisiera tener a Cristóbal frente a mí y escupirle en el rostro todo lo que ha generado. Andrea era una niña, huérfana, sola y él se la entregó en charola de plata para que la descuartizara si lo deseaba.
—No puedes hacerlo, si todo esto es verdad y… sé dentro de mí que así es, solo empeorarías todo para ella.
—María, si no logro descubrir algún error que haya cometido esa mujer, Andrea se irá, lo sé, lo siento y… no quiero perderla, no puedo —lucía desesperado y muy preocupado.
—Matías, lo primero es que ella esté a salvo, por lo que te dijo esa mujer es capaz de todo —sujetó su barbilla con firmeza y lo hizo mirarla—. Hijo… si de verdad la amas tanto como veo que lo haces, harás las cosas bien y con calma, no corras, pisa con pie de plomo, es mucho lo que está de por medio. Además, Andrea está muy lastimada y aunque es una chica valiente y muy fuerte, no será fácil. Cuando el miedo vive en ti tanto tiempo se vuelve una costumbre tenerlo de compañía, pero, por otro lado, debe de comprender que no estará sola en esto nunca más, si es que decides entrar en esta pesadilla.
—Ya es muy tarde para eso, María, no tengo opción. Nunca sentí algo siquiera cercano a lo que siento por ella. Andrea me llena, ¿comprendes? Se metió en mi alma desde el mismo momento en que la vi entrar a la cocina. Es como si… la hubiera perdido y al fin la hubiera encontrado, no podría seguir sin su mirada a mi lado —aceptó. María sabía que cada una de sus palabras eran ciertas, lo conocía desde pequeño y conocía su alma, esa muchacha vivía ya en lo más profundo de su ser.
—Entonces… tendrás que ser paciente, hijo, no debes apresurarte. Deja que sola vuelva a confiar y no bajes la guardia. Presiento que si lo haces algo sucederá.
—No lo haré… Ella es lo más importante para mí y te juro que la sacaré de todo esto. Esa mujer pasará el resto de su asquerosa existencia en prisión, así me lleve toda la eternidad conseguirlo. Andrea recuperará su libertad mental, su vida en general… Eso es a lo que me dedicaré el resto de la mía.