Él la tomó de la mano una vez que la tuvo cerca, todos esos días habían sido eternos, mucho trabajo y muy poco tiempo para ella, y en todo el día no se sintió tranquilo pues notó su ansiedad, esa mirada preocupada, incluso su nerviosismo y eso no le agradaba en lo absoluto y la impotencia de no poder complacerla lo carcomió toda la jornada. Pero esa mañana todo había quedado listo, así que no se despegaría de su lado hasta que ella nuevamente fuera la de siempre. Deseaba escucharla parlotear, sonreír, gemir también. El recuerdo de la noche anterior lo excitó de inmediato y qué decir de la mañana, si pudiera la tomaría ahí mismo. Nunca tenía suficiente de esa belleza que habitaba en su alma. Al observarla se percató de que algo sucedía. Andrea se zafó haciéndose a un lado como si no soportara su tacto.
—¿Qué sucede, Belleza? No te sientes bien, estás algo pálida. ¿Sigues sintiendo mucho calor? Sé que el ambiente de estas fechas puede ser muy difícil, a lo mejor si permaneces en la habitación las peores horas no te sientes mal —sabía muy bien que esa época del año, para quienes no estaban acostumbrados a ese clima, podía resultar insoportable. La joven lo miró y lo que vio en sus ojos lo asustó, parecía otra.
—Matías, tenemos que hablar —su voz sonaba plana y sin vida. Andrea lloraba en su interior, moría por besarlo, por tocarlo aunque fuera por última vez.
—Andrea, ¿qué pasó?, ¿alguien te hizo algo? —ver esa carencia de expresión en su rostro lo preocupó más de lo que imaginaba. Parecía ajena a todo, su cara no mostraba ninguna emoción y ella no era así, siempre sonreía y hablaba sin parar.
—¿Podemos hablar en la casa o prefieres hacerlo aquí? —pestañeó confuso. Se acercó de nuevo e intentó acariciar su mejilla como solía. Ella se quitó sabiendo que si lo hacía ya no podría seguir.
—Andrea…
—¿Matías? —Él se alejó desconcertado e hizo un ademán para seguirla a la casa. Algo había ocurrido, algo grave pues no era así. Esa expresión solo la había visto el día que la sorprendió con Pedro entrando a hurtadillas. Recordaba que eso lo hizo enojar aún más, sin embargo, no entendía en ese momento qué la podía tener así.
Andrea intentó buscar las palabras adecuadas en el breve camino al estudio. Era consciente de que la seguía y eso no la dejaba pensar con claridad. Entró en aquel lugar donde tantas veces se amaron sin límites. Una vez que estuvo frente a la ventana se detuvo, aspiró fuertemente y giró. Matías estaba cerrando la puerta. Caminó hacia ella cariñoso, pero se detuvo al percatarse de que seguía igual.
—¿Qué pasa?, ¿hice algo que te molestó?... Si es así no tienes por qué ponerte de esta forma, lo hablaremos y listo. No entiendo todo esto —con la mano la señaló completa.
—Matías, te mentí —él sonrió al escucharla. Se acercó de nuevo, su proximidad siempre había sido magnética. Lo esquivó. Eso ya no le estaba gustando, en ese momento comenzó a preocuparse seriamente.
—Belleza, sea lo que sea no te preocupes, lo solucionaremos… ¿en qué me mentiste? —Lo observó fijamente, lo que le provocó un gran escalofrío. Esa no parecía ser ella.
—No veo cómo lo solucionaremos —soltó cínica.
—Basta, Andrea, ¿qué pasa? —Los nervios comenzaron a irritarlo. Ella lo prefería así. Si se molestaba no intentaría acercarse nuevamente.
—Pasa que todo este tiempo te he mentido…
—¿A qué te refieres?, ¿en qué? —Y de verdad no tenía ni idea de qué hablaba.
—No era cierto lo que te dije sobre Mayra —la observó, incrédulo por unos minutos. Alzó las cejas y torció la boca negando con la cabeza.
—¿No esperarás que crea eso?... Sé que lo que me dijiste es verdad. Escucha… ya sé que no hemos avanzado en las investigaciones y es por eso que me dices esto, por lo mismo has estado así de ansiosa y te entiendo. Belleza, en estos días contrataré a gente experta que viene del extranjero, no te preocupes, todo saldrá bien, yo te lo prometí y así va a ser. Pero tú debes estar tranquila y confiar… No permitiré que nada malo te suceda, esa mujer pagará y tú vas a ser libre —quiso volver a acercarse pero ella otra vez rechazó el gesto. De repente una pequeña sonrisa escapó de los labios de esa mujer con la que soñaba tener una familia, envejecer, confundiéndolo aún más.
Ahí comenzaba la mejor actuación de su vida y también la más importante, se trataba de la integridad y reputación de Matías, no podía fallar.
—No comprendes, ¿cierto?, ¿por qué crees que no has encontrado nada?, ¿por qué crees que no te pregunto sobre el tema? —La miró extrañado, su forma de hablar era tan diferente en ese momento, que lo dejaba sin palabras—. Matías, no seas ingenuo, la respuesta a esas preguntas es simple: sencillamente no hay nada, todo lo inventé —la escuchaba esperando ver hasta dónde pretendía llegar con aquella farsa. No le gustaba mucho que no creyera en él; sin embargo, comprendía su miedo, ese sentimiento la había acompañado siempre y ahora, cuando faltaba tan poco tiempo para irse, se daba cuenta de que nada había cambiado—. ¿No me vas a decir algo?... Te usé.
—No tengo nada que decirte porque no te creo y quiero ver hasta dónde eres capaz de llegar… Pero sea como sea no te creeré… Te conozco —ella caminó a su alrededor sonriendo con ironía, con prepotencia.
—¿Me conoces?, por Dios, si llevo unos meses aquí. Nadie puede conocer a alguien en tan poco tiempo.