La actuación de Gregorio había sido digna de un Óscar, se limitó a informar sobre lo que ahí se enumeraba y a leer toda la cesión. Para la suerte de ambos, Mayra no llegó con ningún abogado. Andrea supuso que se sentía muy confiada de lo que estaba logrando y no vio la necesidad. Por otro lado, si quería que el teatro pareciera real no podía entrar con la espada desenvainada, debía parecer una víctima de Andrea y después fingir no poder aceptar eso una y otra vez, aunque al final terminara cediendo.
—Bueno, es todo… Iré a sacar una copia de esto para que conserven una.
—Muy bien, Gregorio, aquí te esperamos. Aún estoy en shock como para pensar en levantarme de esta silla —sonreía fresca y fingiendo conmoción. El abogado asintió aparentando pensar lo mismo. No le creía, algo estaba muy mal. Hacer el documento había sido toda una prueba a su ética y sus creencias. Sin embargo, si era verdad que a esa niña la estaban chantajeando con algo tan delicado como la vida de esos dos muchachos, no podía darse el lujo de cometer ningún error pues además de que él probablemente también pagaría las consecuencias, ya no podría ayudar a Andrea y así saldar, en parte, la deuda que tenía con su familia. Una vez sola, Mayra comenzó a carcajearse. Andrea ni siquiera la miró. Esa bruja podía irse al infierno con todo y sus zapatos de marca, a ella le daba lo mismo.
—Si necesitabas un peluquero créeme que te hubiera mandado con el mío, sé que ahora eres… pobre, pero pareces un espantapájaros, cuñada —al ver que Andrea ni siquiera se inmutaba con su comentario, continuó—: En fin… ya tú sabrás, me queda claro que eso de la moda nunca ha sido lo tuyo, al contrario —de repente metió la mano en su bolso y sacó un sobre blanco—. Firma esto —se lo tendió esperando que la joven a la que acababa de despojar de todo lo agarrara. Al ver que no lo hacía perdió la paciencia, esa chica siempre la exasperaba—. Es una carta para tu hermanito, en ella te despides y le dices que quieres dejarlo ser feliz junto a mí. Muy conmovedor, ¿no?, Sinceramente no creo que se preocupe mucho por ti; sin embargo, así me aseguro que de verdad no trate de contactar contigo. Le diré que yo misma te vi hoy y que después de pedirme un millón de veces que te disculpara te fuiste dejándome estas tiernas líneas. —Andrea la leyó corroborando que en efecto eso decía. Escribió con desgana su nombre y se la regresó—. Gracias, Andy, pero ya quita esa cara, pareces, no sé… me das escalofríos. Mejor sonríe, por fin no volveremos a vernos las caras, si a ti eso no te hace feliz a mí sí, incluso hoy pienso celebrarlo. He soñado tanto tiempo con este día en que al fin desaparecieras. —Andrea seguía ausente. Se puso de pie harta de escuchar su cuchicheo, por otro lado, respirar el mismo aire que ella ya comenzaba a afectarle- Aun así, continuó:
—Por cierto… ¿dónde te metiste todo este tiempo?, pensé que el idiota de Matías —al escuchar su nombre aunque fuera en los labios de esa mujer sintió una punzada de dolor que enseguida logró enterrar— te mandaría de regreso, pero desapareciste este par de meses —se burló. Andrea miraba por la ventana, recordando exactamente dónde había estado y las veces que deseó que su cuerpo le doliera más que su alma para dejar de sufrir—. La verdad es que me importa un cuerno, pero por cómo luces no fue nada grato lo que te puso a hacer. Tu cutis... Dios, en serio necesitas un facial con urgencia y no te digo de tu peso, de por sí nunca has sido muy llamativa, ahora das… no sé… lástima —concluyó su monologo.
Lo cierto es que su indiferencia ya estaba irritándola, la odiaba, nunca había odiado a nadie tanto como a Andrea Garza. Lo tenía todo, todo maldita sea: una familia, dinero, mucho dinero, una belleza tan extraña que hacía que a donde fuera la observaran y un temple de acero. Por mucho que hizo durante todos esos años para doblegarla, para hacerla sentir insignificante, para que dejara a un lado su maldito orgullo, no lo consiguió, siempre luchó. Más de una vez se había quedado ya sin armas en contra de esa odiosa niña. Sin embargo, era demasiado noble para su mala suerte, por lo que amenazarla con la vida de su hermano y luego con destruir la reputación de ese imbécil de Matías, logró que accediera a todos sus caprichos.
Debía reconocer que no había sido fácil, pero al final ya tenía lo que quería, la había llevado poco a poco a la situación ideal para que, sin mucho riesgo, ella pudiera ser dueña de la mitad de todo y luego, con la ayuda de Ricardo, ese imbécil que trabajaba con su marido, lograr ser la que manejara absolutamente todo. Debía pensar fríamente y no dejarse llevar por la emoción, un paso en falso y todo se vendría abajo. Le llevaría su tiempo, pero no importaba, el plan era perfecto, nada podía salir mal si se apegaba a él como hasta ese momento. Había esperado tanto para llegar hasta donde estaba y tener a ese par de hermanos donde ahora los tenía, que debía controlarse para no brincar de la emoción. Andrea por lo pronto estaba eliminada, ahora faltaba Cristóbal. Sonrió para sí misma gozando su victoria. Con él… con él lo haría después, a lo mejor, mucho después, probablemente el día que se cansara de tenerlo en la cama.
De repente Gregorio entró, atareado.
—Siento la tardanza… son varios documentos y tenía que certificarlos —de inmediato notó que Mayra se alejaba de Andrea y lo miraba inocentemente.
—No te preocupes, Gregorio, este papeleo ha de ser muy tardado —sonreía mostrando una dentadura perfecta que a él nunca le había convencido. Le tendió un sobre con todos los documentos.
—Aquí está todo, creo que ya no falta nada.
—Gracias, aún estoy muy sorprendida por recibir este… regalo. Andy, recuerda que todo esto es tuyo y si llegas a arrepentirte te lo devolveré, para mí será como si te lo estuviera cuidando —parecía sincera, eso destanteó al abogado mientras observaba cómo Andrea giraba hacia ellos con semblante indiferente.