Belleza atormentada. Bilogía Atormentados n. 1

Capítulo 23 (2)

—Hijo…, no la reconozco. —Matías se sentó en la mesa frotándose el rostro, asintiendo.

—Yo tampoco. No sabes cómo fue el viaje… no habló nada y no parece importarle tampoco nada… La verdad es que estoy muy preocupado, no está aquí y no parece tener la menor intención de regresar.

—¿Conociste a… su marido? —Bebió un poco de ese café que tanta falta le hacía y volvió a asentir—. ¿Y la dejó venir así nomás? —María ya le acercaba un plato con chilaquiles y frijoles.

—Cuando creo que ya nada puede asombrarme, ella lo consigue, de verdad que es increíble —la mujer se sirvió una taza de su café y se sentó frente a él, intrigada.

—¿Por qué lo dices?

—Porque se casó para que no la encontraran, para cambiarse el apellido. A María le dolió saber las cosas a las que Andrea había tenido que llegar por culpa de esa mujer—. Es por eso que no viven juntos.

—Ella te lo dijo.

—No, fue él. —María abrió los ojos, impresionada—. Sí, ella ayer que me vio prácticamente huyó… parecía que había visto… un fantasma o algo peor —le relató todo lo sucedido las últimas horas. Necesitaba compartir lo que había pasado con alguien y ella estaba al tanto de todo.

—Debemos tenerle paciencia, Matías, lo que ha pasado afectaría así a cualquiera. Ya verás que pronto la volvemos a ver sonreír y a parlotear sin parar —eso era precisamente lo que más deseaba.

—Ojalá, no puede permanecer así… parece… otra. —María colocó una mano sobre la suya. Matías parecía ansioso y desilusionado. ¿Cuándo se terminaría el dolor para ese hombre al que había visto crecer?

—Hijo… esto es una prueba muy dura, sobre todo para ella. Su vida ha sido… terrible, y no ha de ser fácil vivir con tanto miedo y dolor cargando. Recuerda lo que dijimos cuando nos enteramos de todo lo que le había pasado, que era increíble que aún sonriera como lo hacía. Te puedo asegurar que dejarte fue lo más doloroso que esa arpía la hizo hacer.

—Ya no sé, María, parece que le molesta mi presencia, a lo mejor se sentía tan sola que… se refugió en mí.

—Sabes que no es así, confía en lo que ustedes tenían. Ella te amaba, verdaderamente te amaba. ¡Por Dios, hijo, bastaba con verle la cara! Tú iluminabas su vida, todo puede ser, pero de que para esa niña tú eras su mundo, de eso no tengo la menor duda.

—Y ella el mío —admitió perdido en el líquido que aún tenía su taza.

—Lo sé, pero ahora ella está… sin esa luz y sin muchas más. Espera, ten paciencia… enfrentar lo que viene no va a ser nada fácil. Andrea tendrá que encarar todo su pasado de un solo golpe, debe estar preparada. —Matías no había pensado en lo que eso podría provocar en ella. Andrea para él era fuerte e inquebrantable, pero no era indestructible, ahora lo veía claramente.

—No sé qué haría sin ti… —Matías tomó su mano y le dio un beso tierno. Ella acarició su mejilla respondiendo al gesto. No solía ser cariñosa, pero tantas cosas habían cambiado desde que aquella muchacha entró a sus vidas, que ahora le costaba recordar cómo solía ser antes de que eso sucediera.

—Todo va a estar bien, ya lo verás. A propósito, hijo, ¿quién crees que estuvo aquí? —sorbió café intentando distraerse y sintiéndose extrañamente tranquilo. Saberla en su casa, aunque fuera de esa forma, le daba esa paz que tanto había extrañado.

—¿Quién?

—La hermana de Inés… —Matías frunció el ceño sin comprender a qué venía el comentario—, quiere hablar contigo, dice que esa muchacha está escondida… esa niña ya sabes que siempre se metía en líos. Lo cierto es que parecía muy nerviosa e insistente.

—¿Por qué no te lo dijo a ti?

—No lo sé, créeme que lo intenté, pero no hubo manera. Si quieres le digo que tú estás muy ocupado, me dijo que mañana volvería a pasar.

—¿Escondida?... pero ¿por qué?... ¿no había renunciado ya hace meses?,¿a nosotros qué más nos da lo que ahora haga de su vida?

—Pues sí, de hecho se fue justo unos días después de que Andrea… —de repente ambos se miraron con los ojos bien abiertos. Matías se levantó de inmediato.

—¿Dónde viven? Voy a ir a verla. —María pensó lo mismo; sin embargo, era poco probable que tuviera algo que ver con lo sucedido.

—Hijo, espera mañana a que venga.

—No, dime dónde viven, iré ahorita. Si sabe algo puede arrepentirse e irse. No, tengo que salir de dudas. —María le dio las señas, toda la gente vivía por ahí—. No sé a qué hora regrese, por favor no te vayas hasta que esté de nuevo aquí, la hacienda está bien custodiada, pero… me quedaré más tranquilo si no está sola.

—Aquí te espero… pero con cuidado —cinco minutos después ya iba rumbo a la casa de aquella muchacha teniendo un fuerte presentimiento.

Llegó a la pequeña casa sin problemas, conocía el lugar como la palma de su mano. Tocó la puerta con urgencia, enseguida le abrieron. Una mujer morena y muy parecida a Inés lo veía asombrada.

—Patrón, pase por favor —se hizo a un lado para que entrara.

—Buenas noches, me dijo María que fueron a buscarme… ¿qué sucede? —permaneció de pie en la puerta sin hacer caso a la invitación. La mujer parecía nerviosa, veía hacia ambos lados de la calle.




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