Bésame, Idiota

Capítulo 1

Constance

¡Harta!

No hay otra palabra para describir cómo me siento en este momento. No puedo soportar un segundo más este estúpido vestido que me aprieta espantosamente, parezco un embutido a punto de reventar.

La detesto… Sí, definitivamente la detesto.

Cuando Irene me pidió ser su dama de honor me cuestioné, pero no le di tanta importancia. Tontamente creí que su invitación era una tregua para llevarnos bien, después de todo, seríamos legalmente familia. Pero he confirmado que solo lo hizo por compromiso. Entre todas las damas de honor, mi vestido fue el único que llegó con las medidas equivocadas.

—¿Te está molestando el vestido?

Miro a mi madre, y respondo:

—Sí.

Con su habitual delicadeza acomoda el cabello de mi frente.

—Ve a cambiarte. Yo hablaré con Irene.

No sé si es por culpa del vestido, pero la veo como a un ángel descendiendo del cielo.

Uno mis manos como si fuera a rezar.

—Gracias, señora madre.

Mamá sonríe y me da un suave empujoncito.

—Ve rápido. No tardes.

—¡Sí!

Comienzo a correr, pero no por mucho, porque el maldito vestido no permite ni respirar bien, a eso se le suma que parecía un pingüino corriendo.

✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩

Observo mi reflejo, esbozando una gran sonrisa; me veo espectacular.

—Bueno, preciosa. Es momento de irnos a ese circo.

Me pongo mis bonitas gafas de sol con montura rectangular gruesa de color blanco.

—Simplemente, hermosa.

Tarareando una melodía salgo de mi habitación.

Llego al jardín, no sé qué está pasando pero están caminando de un lado para otro. Pasando desapercibida, voy directo a la mesa de las bebidas. Comienzo a jugar con mis dedos, haciendo que mis uñas choquen entre sí.

—¿Vino o champagne? ¿Vino o champagne? Mmmm… champán.

Agarro una copa de champagne y voy hacia mis padres. Notando que el alborozo de antes era porque la novia va a lanzar el ramo.

Me detengo, la lanzada del ramo está en pleno apogeo. Sin nada más que hacer pruebo mi copita de champagne.

—Uno, dos, tres…

Los gritos se elevan tan alto como el ramo.

Abro mis ojos con demasía al ver que ese ramo viene directo a mí. Por reflejo retrocedo, chocando con una mesa, perdiendo el equilibrio y chocando con alguien más.

—Qué ali…

Un quejido sale de mis labios. La basura humana en vez de sostenerme me empujó. Y como si no fuera poco, el maldito ramo golpea mi cabeza, cayendo al suelo, frente a mí, frente a él. Furiosa alzo mi mirada, sintiendo como mi rostro se deforma en desagrado al ver quien es el susodicho.

—No sé porqué me sorprendo.

Suspiro estrepitosamente.

Un caballero ayudaría a una dama en peligro, pero el idiota de Frederick ni siquiera se inmutó en ayudarme.

¡No lo soporto!




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