Bésame, Idiota

Capítulo 2

Manteniendo mi dignidad, y con ayuda de papá me pongo de pie. Mamá me revisa con rapidez, suspirando aliviada al instante.

—¿No te duele nada?

Niego, avergonzada. Tengo la mirada de todos los invitados sobre mí.

—Lo siento —le susurro a Irene.

—No te preocupes —dice con una radiante sonrisa.

—Bueno, bueno. La fiesta debe continuar. Constance, pequeña, el ramo es tuyo —declara mi tio.

—¡Aah, cierto!

Dibujo una sonrisa en mi rostro, y procedo a agarrar el ramo, moviéndolo de un lado para otro.

¡Qué vergüenza!

✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩

Al igual que mi familia observo como el auto de los recién casados desaparece de nuestro campo de visión.

—¡Fue un día maravilloso! —Exclama mi tía Alba.

—Lo fue. Ambos se veían tan radiantes —dice mi madre, suspirando como una adolescente—. No puedo evitar imaginar lo hermosa que se vería Constance cuando se case.

—¿Qué?

Miro aterrada a mi madre y a mi tía.

—Que cuando te cases, te verás hermosa —responde mi tía.

—¡Ay, no! Casarme no está en mis planes—confieso, sacudiendo el aire con mi mano.

La verdad, tengo cosas más importantes que merecen toda mi atención.

—¿Acaso te vas a quedar solterona, Constancita? —pregunta mi tío Eugenio, lleno de curiosidad.

—No sé. La verdad no he pensado en eso. Lo único que me importa ahora son mis estudios y estar siempre a la moda..

—¡Ay, Constancita! Siempre tan ocurrente. Aunque ahora no estés interesada, después lo estarás. Es normal.

Rio nerviosamente.

—No escuche a tu tío —ordena mi padre, acercándose a mí—. Tú aún estas pequeña para pensar en cosas innecesarias como tener pareja.

—Hermano, no puedes evitar la ley de la vida. No podrás sobreproteger toda tu vida a la niña.

Me aferro al brazo de mi padre.

—Claro que puedo hacerlo —asegura, con gran determinación.

—Está haciendo frío. ¿Se van a quedar aquí toda la noche?

Chasqueo la lengua. Ese idiota solo sabe arruinar todo.

—Frederick tiene razón —apoya mi tía—. Entremos. Podemos seguir debatiendo sobre este tema adentro.

De acuerdo todos, entramos a la casa.

Todos tomamos asiento, a excepción de Frederick, que ha ido, supongo que a su habitación. Mejor para mi, ver a ese tonto me pone de mal humor.

Recostada en el hombro de mi padre escucho la conversación donde ya no soy la protagonista. Aun así, no puedo olvidar las palabras de mi padre.

Claro que puedo hacerlo.

¿Será verdad? ¿De verdad que me va a proteger toda la vida? ¿Realmente lo hará? Quiero preguntarle, pero tengo miedo.

—¿Constance? —fijo mis ojos en mi madre—. ¿Estás bien, cariño?

Asiento, esbozando una sonrisa.

—Sobró pastel. ¿No quieres un poco?

Inevitablemente, divago un poco en mis recuerdos. Cada vez que estoy decaída mi mamá me da algo dulce para que mi ánimo mejore. Así que, si digo que no, la puedo hacer sentir mal.

—Sí.

—Bien. Iré…

Me pongo de pie.

—No, no te preocupes mamá. Yo puedo ir.

—Bueno. Come todo lo que quieras.

—Lo haré.

Manteniendo la sonrisa en el rostro, salgo de la sala. Camino apresuradamente, y en cuestión de unos minutos ya estoy en la cocina.

Miro el dichoso pastel. Sonrio ampliamente, después de todo, no hay nada mejor que la venganza.

—Cómo a la dueña le importa mucho su figura, no se enojará si cuando regrese su pastel ya no esté.

Con mi dedo agarro un poco de crema, comiéndomela de inmediato.

—Ya ansío ver tu cara, bruja quejumbrosa.

—Expresarte mal de otros a su espalda, ¿fue lo que te enseñaron mis tíos?

Entorno los ojos, suspirando estrepitosamente. Sin más, me doy la vuelta dejando ver mi evidente desprecio.

—No. Es algo que aprendí de manera autónoma. Ya sabes, cuando estás rodeado de gente desagradable es normal expresarte mal de ellos a su espalda. ¿Tu lo has hecho?

—No… Bueno, sí. De tí.

Sin perder mi elegancia acomodo un mechón de mi corto cabello detrás de mi oreja.

—No me sorprende. Siempre doy de que hablar. Soy bella, inteligente, divertida, siempre visto bien. Donde sea que esté genero murmullos. Una diva en toda la extensión de la palabra. Eso siempre me dicen.

Su cara de asco me invita a darle un gran golpe en su patética cara.

—Bueno… Haz lo que ibas a hacer y déjame en paz.




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