—No hay duda de que amo mi carrera.
Muevo mis dedos juguetonamente frente a los ojos de Roy y continúo:
—Mis hermosas uñas están arruinadas.
—Te dije que te pusieras guantes, pero no escuchaste. Ahora te aguantas.
Hago un puchero mientras observo mis uñas manchadas de tinte.
—¿Me quieres acompañar al salón de belleza?
Roy suspira.
—Qué pereza.
—Anda, no seas malo.
Lo zarandeo un poco.
—Bueno, bueno.
Lo suelto al instante.
—Te amooooo.
—Lo sé, lo sé. ¿Ya guardaste todo?
Confirmo con un leve movimiento de cabeza.
—Entonces vámonos, se nos hará tarde para la siguiente clase y aún tenemos que almorzar.
—Cierto. Vamos, vamos.
Me adelanto, escuchando detrás de mí el estruendoso resoplido de Roy.
✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩
Llego al comedor y tomo asiento mientras Roy va por el almuerzo. Siempre nos turnamos, y hoy le toca a él.
Saco de inmediato el celular de mi bolso y reviso mis redes. Lo primero que llama mi atención es la publicación de Genevive, que ya tiene millones de me gusta. Humildemente agrego mi reacción.
—Tienes suerte. Hoy prepararon tu comida favorita.
Mi mirada se clava de inmediato en el plato. Saboreo mis labios ante el pollo en salsa de champiñones.
—Gracias, buen hombre.
—¿Genevive? —pregunta Roy, mirando mi celular–. ¿Se fue? Pensé qué se quedaría unos días en casa.
—No vino a casa.
—¿Qué? ¿No vino a la boda de su hermano? ¿Es en serio?
Se siente rápidamente frente a mí. Sabiendo lo que quiere, comienzo a desarrollar el chisme.
—Sigue enojada con los bobos de sus hermanos.
—¡Dios! ¿Y la señora Alba no dijo nada?
—No. ¿Y qué podía hacer? ¿Amarrarla y arrastrarla? Además, estaba en grabación.
—Es una lástima. La hubiéramos pasado bien los tres.
—Pues sí. Ni modo, para la próxima será.
Roy comienza a comer.
—Por cierto, ¿qué has sabido de los recién casados? ¿Cómo les va en su luna de miel?
—Ni idea. No me interesan lo más mínimo.
—Si tu mamá y tu tía te escucharán expresarte así de ellos, estarían muy desconsoladas.
—Tengo suficiente razones para expresarme así de ellos. Además, no están aquí, puedo decir lo que quiera sobre esos dos estúpidos.
Roy suelta una risita burlona.
—Deja de burlarte.
—Okey, okey.
Comienzo a comer, con el leve temor de que la comida me haga daño por hablar de esos insufribles.
✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩
Abro la puerta, asomo la cabeza y observo el largo pasillo en todas las direcciones. Como esperaba, todo a mi alrededor está en silencio, no hay ni un alma despierta.
—Bien.
Salgo a hurtadillas de mi habitación y, como estoy descalza comienzo a correr apresuradamente hacia la entrada principal.
Una vez fuera de casa, suelto un suspiro. De inmediato me pongo los tacones y sigo mi camino hasta llegar al portón, donde me espera Rey con una sonrisa llena de diversión.
—¿No era más fácil pedir permiso?
Para personas que no tienen una imagen que cuidar pedir permiso sería la más sencillo. Pero yo, que debo ser la hija perfecta para que mis padres siempre estén orgullosos de mí, no tengo más opciones que hacer ciertas cosas a escondidas.
—Recuerda que soy una niña de casa.
Mis padres si me permiten salir a fiesta, pero tengo hora de llegada: a las doce de la noche, ya tengo que estar en casa.
—Bueno, cómo dicen por ahí: mas vale pedir perdon que pedir permiso. Sube, que se nos hace tarde. Solo tenemos cuatro horas para disfrutar.
En un dos por tres entro al auto y este se pone en marcha.
Más relajada, inhalo y exhalo el aire de la noche, sintiendo como el frío llena mis pulmones.
—Extrañaba esto.
Me pongo mis clásicas gafas ovaladas y levanto mis manos, gritando:
—¡Esto es vida!
Como si me leyera la mente, Roy enciende la música, y mi cuerpo —ya listo para la diversión— se mueve al ritmo de la canción.
✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩
Los continuos pero suaves golpes en la puerta me obligan a abrir los ojos.
—¿Quién?
—Señorita Constance, sus padres han solicitado su presencia en el comedor.
Tapo mi cara con la almohada. No tengo fuerzas ni estoy de humor para levantarme de la cama.