Bésame, Idiota

Capítulo 8

Frederick no dice nada verbalmente, aunque su mirada fija y afilada dice todo lo que siente en su ser.

—¿Tienes alguna queja al respecto? —le pregunto con un tono desafiante.

Aprieta los puños con tanta fuerza que los nudillos le palidecen. Aun así, no responde nada, simplemente se da la vuelta y abre la puerta con un movimiento brusco. Antes de que pueda poner un pie fuera, Roy entra como un torbellino.

Al ver a Frederick, mi amigo suelta un suspiro de frustración.

—Mierda, llegué tarde —dice, revolcándose el cabello con fuerza.

—Puedes irte, Frederick —ordeno con total indiferencia, sin siquiera mirarlo.

Él se retira de la habitación, dejando tras de sí un portazo que hace vibrar las paredes.

—¿Se negó?

Roy se sienta a mi lado de inmediato.

—Digamos que sí. Pero al final no le quedó más opción que aceptar.

—Estas demente, Constance.

—Oye…

—Es la verdad. ¿Cómo se te ocurre llegar a ese extremo? —resuella, mirándome con una mezcla de horror y fascinación—. En serio, me vas a volver loco.

Sonrío de lado.

—Tampoco es para tanto. Solo será algo momentáneo. Quizá unos cinco años.

—¿Cinco años te parecen poco? —me mira desconcertado.

—Bueno, no es poco, pero tampoco es una eternidad.

—Algo debe de estar mal en tu cabeza —murmura—. Quiero ver cómo le vas a explicar a tus padres esta locura.

—Eso lo pensaré después. Ahora tengo una boda que planear. ¿Me ayudas?

—Honestamente, quiero decirte que no, pero si te dejo sola, no sé qué será de ti.

—¡Eres el mejor! —intento abrazarlo por la emoción, pero él se aparta rápidamente.

—¡Estoy sudado!

Aprieto mis labios para contener la risa ante su cara de indignación.

—No tuve tiempo para darme una ducha en el club por tu culpa. Ahora estoy todo pegajoso —rueda los ojos con drama.

—Puedes utilizar mi baño.

—¿Y se puede saber que me voy a poner después? No pienso ponerme la misma ropa.

—No te preocupes. Te puedo conseguir algo de vestir.

—Algo cómodo, por favor.

—Vete a bañar —le ordeno con una sonrisa.

Me pongo de pie y me dirijo hacia la puerta. La abro y, antes de salir, vuelvo a mirar a Roy.

—Ya vuelvo.

Salgo de la habitación directo a la de Frederick. Para mi desgracia, está al otro extremo de la mansión.

Llego y toco la puerta, pero no recibo respuesta inmediata. Vuelvo a tocar la puerta, esta vez con insistencia, reiteradas veces, hasta que finalmente abre.

—Dime.

Aunque lo vi hace apenas unos minutos, no puedo evitar que mi labio superior se eleve y mi nariz se arrugue.

—¿Tanto te desgastó hablar conmigo? Estás espantoso —lo empujo e ingreso a su habitación sin invitación.

Observo el lugar detenidamente. Es la primera vez que entro aquí; en el pasado jamás me habría atrevido.

—Es insípida. Tan insípida y sin vida cómo tú.

—¿Qué quieres ahora? —cuestiona, dándose la vuelta. Creo que se ardió—. ¿Acaso se te olvidó decirme algo más?

Me cruzo de brazo. Fingiendo más molestia que él.

—No… Bueno, sí. Pero te lo digo en unos minutos. Primero lo más importante: préstame una muda de ropa.

Su ceño se frunce de inmediato.

—¿Muda de ropa? ¿Para qué?

Suspiro. No quiero dar explicaciones, pero es inevitable.

—Por mi culpa Roy no se pudo bañar en el club. Está sudado y no se siente cómodo.

Frederick resopla un «ja» cargado de ironía.

—¿Qué? ¿Te molesta prestar ropa? —mis ojos se entrecierran—. Bueno, si no quieres, iré donde Ashton.

Avanzo un par de pasos hacia la salida, pero él me detiene sosteniéndome con fuerza del brazo. Alzo la mirada y me encuentro con esos orbes oscuros que me miran con total desaprobación.

—¿Tu noviecito sabe que me has obligado a casarme contigo?

—Primero, no es mi novio. Y, segundo, no fuiste obligado; yo te di opciones.

Su mandíbula se tensa y su agarre se vuelve más férreo.

—¿No me obligaste? Eres una descarada.

Enarco una ceja, sin amedrentarme.

—¿Descarada? Cuida lo que dices, Frederick.

Cierra los ojos con fuerza, respirando aceleradamente. Lo observo en silencio hasta que se calma y abre los ojos. Nuestras miradas chocan.

—¿Él sabe lo que pasó? —pregunta con voz trémula.

—Sí —su mirada tiembla—. Pero no te preocupes. Él no dirá nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.