Bésame, Idiota

Capítulo 13

Mamá termina de limpiar el último rastro de lágrimas de mi rostro y me da un besito en la frente.

—Tu papá y yo teníamos miedo de decirte la verdad; la sola idea de que tus recuerdos volvieran nos hacía sentir culpables —dice, besando mis nudillos—. Mi corazón se siente tranquilo al ver que pudiste asimilar la verdad.

Deslizo mis manos y ahora soy yo quien sostiene las suyas. Acerco las manos de mamá a mi cara, frotando mis mejillas en sus palmas.

—Pude asimilar la verdad porque te tengo a ti, mamá.

Escucho a papá aclarar su garganta, así que lo miro.

—Y a ti también, papá.

Le lanzo un beso al aire. Él, con un gesto dulce, lo atrapa con la mano y lo lleva directamente a su corazón. Suelto una risita; mi papá es el mejor hombre del mundo.

En medio de este oasis de paz, el celular de papá interrumpe. Al ver la pantalla, su expresión cambia y mira a mi madre.

—Es Dorian —anuncia.

Mamá asiente, pidiéndole que conteste. Papá toma un segundo antes de responder con voz firme:

—Sí, Constance ya está en casa. —Se hace un silencio breve mientras escucha del otro lado—. Sí, está bien. Estamos intentando solucionar la situación —dice entre dientes, lanzándole a Frederick una mirada cargada de un disgusto que no intenta disimular.

El silencio se prolonga más y la tensión en la habitación es casi palpable.

—Sí, ya sabe la verdad. Está tranquila, ha podido asimilarlo bien… Entiendo. Le diré a Lavinia. Ah, y gracias por el favor.

Cuelga la llamada y el aire vuelve a mis pulmones.

—¿Le contaron al tío Dorian que me escapé?

Papá asiente.

—Estábamos desesperados por ti —confiesa mamá—. Por eso le pedí ayuda a tu tío para encontrarte.

Dorian Van Doren es el primo de mamá; como se criaron como hermanos, lo llamo tío. Es un hombre enigmático: si lo veo cinco veces al año es mucho, pero siempre está a disposición de mamá. A diferencia de mi tío Leonard, no somos muy cercanos, ya que su presencia impone un respeto que te provoca un poco de miedo. Eso no quiere decir que no me quiera; siempre me manda regalos para fechas especiales. Mamá dice que no puede regular sus emociones por un accidente y que su forma de mostrarme su cariño es a través de sus regalos.

—Supongo que ya sabe todo… —musito, un poco decaída.

—Así es —responde papá.

—¡Aaaah! ¡Qué vergüenza! —chillo, hundiendo la cara en mis manos para contener el deseo de patalear como una niña pequeña.

—No hay de qué avergonzarse, querida —interviene mi tía, ahora suegra—. Escaparse y casarse con el hombre que amas es normal, es algo que siempre ha existido.

—Alba… —advierte mi tío Leonard.

Mi tía, al darse cuenta del rostro sombrío de mi padre, sonríe.

—Estoy molesta —todos nos quedamos en silencio, manteniendo la mirada en Genevive, que limpia sus lágrimas con un gesto tierno—. Todos sabían la verdad menos yo.

—Hija…

—No saben cómo me siento en este momento —se agarra la cabeza con ambas manos—. Hasta la cabeza me ha dolido por tratar de procesar todo. Primero, mi prima se casó con mi hermano, que es su primo, y mi tío quiere descuartizarlo. Pero resulta que no es mi prima biológicamente…

De repente su rostro se ilumina con una chispa de locura y alegría.

—Entonces, ¡eres mi cuñada!

Antes de que pueda reaccionar, Genevive se levanta y se sienta en mis piernas, estrujándome con un abrazo feroz. Correspondo de inmediato; su energía es contagiosa.

—¡Felicidades! ¡Estoy muy feliz! —Se separa un poco para fulminarme con la mirada—. ¡Pero también estoy indignada! No me dijiste nada, ni siquiera me invitaste a la boda. ¡Eres mi persona favorita, Constance! ¿Por qué no me tuviste en cuenta?

—Todo pasó muy rápido. Lo siento, lo siento, lo siento —repito como un mantra mientras ella me sacude con fuerza.

Genevive se detiene y hace un puchero.

—Te voy a perdonar solo porque ya eres mi cuñada. ¡Mi única y amada cuñada!

Como una gatita, frota su mejilla con la mía, ignorando por completo la nube negra que flota sobre nosotros. Después de todo, yo podré ser la amada, pero no la única cuñada.

Observo a Irene, quien no puede disimular su molestia, especialmente su odio. ¿Y cómo no? Si me casé con el amor de su vida.

Analizando un poco la situación, me casé en vano. Si tan solo hubiera hablado con mis padres o hubiera esperado la conversación que íbamos a tener, no habría cometido semejante error. Lo peor de todo es que no puedo divorciarme, por lo menos no ahora. ¿Con qué cara les diré a mis padres que dudé de su amor, de su protección y que no confié en ellos? Que me casé con Frederick porque creí las palabras de dos arpías y tenía miedo de ser abandonada. ¿Cómo les digo lo tonta que fui sin romperles el corazón?

Es increíble cómo una mentira cruel puede hacerte dudar de todo, cómo puede hacerte desconfiar incluso de las personas que amas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.