Bésame, Idiota

Capítulo 14

Tengo un mal presentimiento que se instala en la boca del estómago como una piedra fría.

Quiero creer tontamente que Frederick se sentó a mi lado solo porque Genevive le ganó su puesto habitual y él no quería sentarse al lado de Irene. Sin embargo, el hecho de que mi prima le haya remarcado que debe sentarse al lado de su esposa me advierte de que me voy a arrepentir de la estupidez que hice mucho más de lo que imaginé.

—Sé que no es el momento, pero siento que no debemos alargar más el tema —comenta mi tío, limpiando su boca y dejando la servilleta a un lado—. Constance, Frederick, como sus padres, hemos hablado sobre su matrimonio. Evidentemente, mi hermano no está del todo conforme con la situación, pero como padre que ama demasiado a su hija, respetará su decisión.

Deslizo la mirada hacia mi padre. Él aclara su garganta con un sonido seco y procede a hablar:

—Se casaron a escondidas por miedo a las represalias y, aunque me cuesta lo entiendo. Sin embargo, no me parece correcto. Por ende, se realizará una boda religiosa.

Trato de articular palabras, pero las frases se quedan estancadas a medio camino en mi garganta.

—Constance, sé que este tema es privado, que solo les corresponde a ti y a tu pareja —continúa papá, clavando sus ojos en los míos con con una mezcla de firmeza y ternura—. pero dado cómo se dieron las cosas, como tu padre, me veo en la obligación de involucrarme. Quiero lo mejor para ti, hija. Quiero verte vestida de blanco, llevarte al altar y que tengas una boda de ensueño.

Entiendo perfectamente el motivo, pero no quiero. Una boda religiosa, donde el divorcio es casi imposible, no es lo mejor para mí.

—Espero que mi intervención no te moleste.

Niego automáticamente con un movimiento de cabeza, intentando que mis facciones no revelen mi pánico interno.

—No, no me molesta, papá. Pero…

Bajo la mirada, apretando las manos bajo la mesa. Tengo que encontrar las palabras correctas para no levantar sospechas.

—¿En qué no estás de acuerdo, Constance… ? No tengas miedo a decir lo que sientes. Mi prioridad eres tú, y si no estás cómoda podemos encontrar una solución.

Animada por sus palabras levanto la mirada.

—Siento que es muy pronto para una boda religiosa —declaro, con la voz un poco temblorosa—. Una boda así ocupa mucho tiempo para organizarla, y considero que ese tiempo debemos compartirlo con mi hermana. Para que se sienta cómoda, para que se adapte, para recuperar el tiempo perdido.

Mis padres intercambian una mirada cargada de comprensión.

—Tienes razón —suspira papá, relajando los hombros—. Por ahora se pospondrá la boda religiosa, pero después de un año volveremos a tocar el tema.

Asiento mientras mis pies se mueven activamente bajo la silla. Un año será suficiente para que se acabe el “amor”.

—Qué lástima. Tenía la vaga esperanza de que la boda religiosa de Ashton y Frederick fuera junta —suelta mi tía con entusiasmo.

—¡Cof,cof! —Frederick se atraganta con la bebida y trata de recuperarse de su ataque de tos.

Yo hago un esfuerzo sobrehumano para mantener mi rostro inexpresivo ante semejante barbaridad, pero Irene no se molesta en disimular su total desacuerdo.

—No es una mala idea —suelta Ashton, sumamente tranquilo, lo que solo empeora el ambiente.

—Aunque no sea una mala idea, considero que no es la mejor —opina mamá—. Una novia es la protagonista de su boda; tener dos novias no se vería bien.

—Lavinia tiene razón. Mi preciosa hija se llevaría todo el protagonismo —asegura papá con gran orgullo.

Trato de no sonreír. Aunque yo la estoy pasando bien en este preciso momento, otros no, cómo mi padre, que ha recibido un pellizco de mamá que lo hace respingar.

—Tengo un sentimiento raro y es extraño —menciona mi tío, intentando hacer amena la cena—. Frederick va a seguir viviendo en la misma casa, pero el hecho de que ya no vaya a ocupar la habitación que ha usado desde niño me causa nostalgia.

—¿Qué? —musito.

Frederick y yo acechamos al parlanchín de mi tío al unísono.

—Si así me siento con mi segundo hijo, el día en que mi pequeña Genevive se case y se mude con su esposo me dejará un gran vacío —mira a mi prima—. Genevive, no es necesario que te cases. Puedes quedarte con tus padres toda la vida.

—Lo meditaré.

Aunque mis padres y mi tío se ríen, yo no puedo unirme a ellos, hay palabras que no dejan de resonar en mi cabeza.

—Padre… —todos se quedan en silencio ante la voz frívola de mi ahora esposo—. ¿Qué quieres decir con “ya no voy a ocupar mi habitación”?

—Pues ahora ya estás casado, y lo correcto sería que tú y tu esposa duerman en la misma habitación —mi cuerpo al igual que el de Frederick se tensa—. Lo correcto sería que Constance se pasara tu habitación, pero como tu tío se negó a eso, tú te pasarás a la habitación de ella.

Un tenedor cae al suelo con un tintineo metálico. No necesito mirar para saber que ha sido Irene.

—¿Maravilloso, no? —pregunta mi tía con una sonrisota.




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