Bésame, Idiota

Capítulo 15

Papá y mamá se hacen a un lado, y solo Rennattha queda en mi campo de visión. Sus ojos verdes, profundos como dos esmeraldas, no reflejan incomodidad ni desconfianza. Al contrario, en ellos veo una inocencia y una nobleza tan puras que mi corazón, que hasta hace un segundo era un nudo de nervios, comienza a calmarse rítmicamente.

Sin darme cuenta, mis pies se mueven por sí solos. Camino hacia ella de manera inconsciente, como sí un hilo invisible me arrastrara. El bullicio de la casa desaparece; solo existimos nosotras dos bajo la luz cálida de la entrada. Me detengo a escasos centímetros, notando la suavidad de sus facciones y esa aura de calma que emana de su cuerpo.

—El señor Lawrence tenía razón —su voz es dulce, aterciopelada, y me recorres como una caricia—. En persona eres mucho más preciosa, Constance.

Al oír mi nombre en sus labios, una sonrisa trémula se abre paso en mi rastro. Siento cómo mis ojos se llenan de lágrimas calientes que nublan mi vista.

—Tú también eres preciosa, Rennattha —susurro, con la voz apenas audible.

Ya no puedo contenerme más. Rompo la distancia que nos queda y la rodeo con mis brazos, abrazándola con todas mis fuerzas. Siento su calidez y su dulce aroma.

—Bienvenida de vuelta a casa, hermana —le digo con la voz completamente quebrada, dejando que un sollozo se escape de mi pecho.

Siento los brazos de mi hermana rodearme con la misma intensidad, correspondiendo al abrazo con una fuerza que me dice que ella también lo necesitaba.

A lo lejos, escucho el suspiro tembloroso de mi madre, y siento la mirada orgullosa de mi padre, y también el latido del corazón de mi hermana contra el mío.

Nos separamos del abrazo con lentitud, manteniendo nuestras manos unidas por unos segundos más. Le regalo una sonrisa que me nace desde lo más profundo de mi ser, siendo correspondida.

—Tienes que conocer al resto de la familia —le digo, con la voz todavía un poco trémula por la emoción.

Rennattha asiente, gentil. Me limpio las lágrimas con el dorso de la mano, tratando de recuperar la compostura mientras ella se acerca a mi tío.

—Soy tu tío Leonard —se presenta él con una terneza que me hace sonreír mientras los observo desde una pequeña distancia. Rennattha lo saluda con una cortesía tan genuina que me ensancha el pecho de orgullo.

Escucho unos pasos rítmicos que bajan por la escalera. Me doy la vuelta y veo a Frederick. Mi corazón que sigue latiendo entusiasmo me motiva a correr hacia él a pasos rápidos, casi saltando.

—¡Mi hermana ya está aquí!

Frederick ladea la cabeza con curiosidad para ver por encima de mi hombro, observando la escena en el vestíbulo. Casi enseguida vuelve a fijar sus ojos en mí, pareciendo un poco desconcertado.

—Deberías presentarte… —sugiero, y sin esperar respuesta, atrapo su mano entre la mias.

Lo arrastro con suavidad pero con firmeza hacía el centro de la reunión, justo en el momento en que Rennattha aparta su mano de la mano de Ashton. La llegada nuestra capta la atención de todos de inmediato. Mi hermana se gira hacia nosotros y nos dedica esa mirada amable que parece iluminar todo.

—Él es mi esposo, también tu primo, Frederick —lo presento con una nota de orgullo que espero suene suene convincente para los oídos curiosos.

Rennattha, con esa cordialidad infinita que ha mostrado desde que cruzó el umbral, extiende su mano y Frederick la estrecha.

—Un gusto conocerte, Frederick.

—El gusto es mío —responde él, modulando su voz—. Me alegra mucho que estés de vuelta en casa.

—Gracias —contesta, y al separar sus manos añade—: Felicidades por la boda. Hacen una linda pareja.

Oír sus palabras hacen que un resorte se active en mi interior. Por puro instinto teatral, esbozo mi sonrisa más radiante y, de forma automática, rodeo el brazo de Frederick con mis manos. Recuesto mi cabeza en su hombro con una delicadez estudiada, esforzándome al máximo por interpretar a la mujer enamorada que todos esperan ver. Siento la firmeza de su brazo bajo mi mejilla y, aunque es incomodo estar tan cerca de él, la verdad es que me deleito viendo la cara de poker de Irene.

—¡Ay, me avergüenzas! —Exclamo brillantemente, cerrando los ojos por un instante, como si estuviera sumida en un sueño romántico.

Rennattha nos regala una última sonrisa antes de seguir saludando al resto de la familia. Y yo, permanezco aferrada a Frederick, mostrándome cariñosa y atenta, mientras Irene se esfuerza en contener su ira. Me estoy divirtiendo demasiado con ella.

Sonia anuncia que el desayuno está servido, así que todos nos dirigimos al comedor. Ver el gran banquete que hay de desayuno hace que la boca se me haga agua. Si hay algo que amo demasiado en esta vida es comer comida deliciosa.

Antes de que todos tomen sus respectivos lugares, me acerco a mis padre y les pido con voz suave:

—¿Podría Rennattha sentarse a mi lado hoy? Por favor.

Papá y mamá acceden de inmediato.

—Rennattha, ven —la tomo de la mano y la guió para que se siente a mi lado.

Mi deseo de estar cerca de mi hermana ha alterado el orden habitual de la mesa. Frederick al quedarse sin su nuevo sitio se ve obligado a ocupar el único asiento libre: justo entre mi madre e Irene.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.