Bésame, Idiota

Capítulo 16

—Por eso tenemos que compartir habitación.

El rostro de Roy se transforma frente a mis ojos. La molestia inicial se convierte en una furia contenida que hace que las venas de su cuello se marquen peligrosamente. Sus puños se aprietan a los costados de su cuerpo.

—Esto debe de ser una jodida broma —escupe él, y su voz retumba en las cuatros paredes de mi taller de costura—. ¿Compartir la misma habitación? No estoy de acuerdo, Constance. Bajo ninguna circunstancia.

—Roy, por favor —le ruego, acortando la escasa distancia que nos separa. Extiendo mis manos hacia él, buscando un contacto que lo ancle a mí—. Entiende, este es el resultado del error que cometí. A mí tampoco me gusta la idea, me desagrada tanto como a tí, pero no tengo opción. La cagué, y horrible, Roy, y por eso tengo que lidiar con las consecuencias de mis acciones.

Sostengo su mirada, tratando de transmitirle toda la desesperación que siento.

—No te enojes conmigo, por favor. Lo que más necesito en este momento es tu apoyo, no tu rabia. Si tú me das la espalda, yo… No sé cómo lidiar con todo el caos que hice.

Roy deja caer su cabeza hacia atrás con un gesto de pura frustración. Inhala y exhala con fuerza por varios segundos, como si estuviera luchando contra el impulso de salir de aquí y romperle la cara a Frederick. Poco a poco, sus hombros descienden y vuelve a mirarme, pero esta vez sus ojos no reflejan ira, sino una vulnerabilidad que me desarma.

—¿Es que no te das cuenta de que tengo miedo? —pregunta en un susurro cargado de preocupación.

—¿Miedo de qué? —alzo las cejas, confundida.

—De que en un año durmiendo a escasos metros de distancia tú… desarrolles sentimientos por él.

Siento que mi rostro se deforma por semejante barbaridad. La sola idea me parece tan absurda que por un momento creo que he oído mal.

—¿Por qué piensas eso? ¡Por Dios, Roy! Frederick es mi primo.

—No, no es tu primo. Ya no lo es. Ahora es tu esposo —replica con una voz tan gélida que me aturde.

Cierro los ojos con fuerza. Ahora soy yo quien inhala y exhala. No sé cómo Roy pudo llegar a esa idea.

—Roy, tú más que nadie conoces el verdadero motivo por el cual me casé con Frederick. Sabes que a pesar de lo mal que no llevamos, siempre lo consideré mi primo. Aunque ahora sea mi esposo, eso no cambia el hecho de que sea alguien desagradable para mí, qué también es mi familia. Roy, Frederick fue un medio para un fin. ¿Cómo fue que llegaste a esa conclusión tan ridícula?

Roy me agarra de la cintura con una firmeza que me deja sin aliento, que no me da tiempo a reaccionar. Me pega con fuerza a su cuerpo, y puedo sentir el calor que emana de su pecho, y los latidos frenéticos de su corazón.

—Porque me hierve la sangre, Constance —confiesa contra mi oído, y su aliento cálido me eriza la piel—. Porque la sola idea de que estés a solas con ese imbécil, en la intimidad de tu alcoba, me hace sentir inseguro. Me vuelve loco no poder estar aquí, para proteger lo que siempre ha sido mío.

Mi corazón se siente al borde del colapso, latiendo con una fuerza violenta. Es la primera vez —incluso en nuestra época de novios— que se muestra de manera directa tan… territorial.

—¿Estás celoso? —le pregunto en un susurro, mientras mis manos suben instintivamente por su pecho hasta enredarse en su nunca.

—Sí, lo estoy. Estoy muerto de celos —confiesa sin apartar la mirada de mis labios—. ¿Te molesta que lo esté?

Niego con la cabeza, incapaz de articular palabra ante la intensidad de sus ojos. De inmediato, sus labios se superponen a los míos, robándome un beso posesivo, urgente y cargado de un hambre que me hace temblar las rodillas. Correspondo al beso con la misma intensidad, hundiendo mis dedos en su cabello, tratando de demostrarle con cada caricia que, a pesar del anillo en mi dedo y del hombre que duerme en mi sofá, mi corazón siempre le ha pertenecido a él.

✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩

Roy succiona mis labios con una fuerza que me hace jadear antes de liberarlos con lentitud. Abro los ojos, encontrándome con su sonrisa gigante, esa que siempre logra convencerme.

—¿Ya estás más tranquilo?

Asiente, manteniendo esa expresión radiante que iluminaba sus facciones.

Es un alivio verlo así.

Sin pensarlo mucho, recurso mi cabeza en su pecho, escuchando el galope rítmico de su corazón.

—Te extrañé —confieso, dejando que la vulnerabilidad asome.

—Yo más —me responde, y no puedo evitar sonreir contra su camisa.

No sé cómo describir lo que siento, pero se podría decir, que estoy feliz. La sola idea de que él y yo volvamos a ser novios me dispara los nervios y la emoción, pero me obligo a mantener los pies en la tierra. Aunque me muero por preguntarle qué somos ahora, me muerdo la lengua. Legalmente estoy casada; si Roy y yo retomamos la relación, se convertiría en mi amante, y jamás le daría ese título a alguien que valoro tanto. Sí, tal vez estoy contradiciendo mi propia moral, pero quiero creer que mientras no crucemos el límite de los besos y las caricias, todo estará bien. Al fin y a cabo, en mi matrimonio no hay sentimientos de por medio.




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