Bésame, Idiota

Capítulo 18

Constance

Pum, pum, pum, pum…

No puedo soportar más el peso de su mirada. Aparto la mirada de la suya, buscando aire en cualquier otro lugar.

Nunca pensé que sería atrapada con las manos en la masa. Me esforcé mucho para que él no se despertara y descubriera lo absurdamente amable que puedo llegar a ser.

—Gracias…

Mecánicamente, mis labios se curvan hacia arriba.

—Ha sido un placer… esposito.

Concentro mi atención en el plato, llevando un bocado de comida de inmediato a mi boca.

—¿Esposito…? —cuestiona Genevive.

—Es que suena más bonito que esposo —declaro, esbozando la sonrisa más grande que puedo mostrar. Creo que voy a morir de vergüenza.

—Más que bonito, suena muy tierno —dice Rennattha, calmando las aguas.

—Entonces, ¿debería llamarte Rennatthita?

—No, por favor.

Reímos al unísono quienes estamos en sintonía.

—Oki, oki, hermanita.

La incomodidad se disuelve poco a poco, quedando solo un cálido sentimiento hacia mi hermana, que se ve perturbado por la intensa mirada de la persona que está a mi lado.

✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩

Salgo del baño, y todas las esperanzas que tenía de encontrar a Frederick durmiendo se desvanecen al verlo sentado en mi cama.

—¿No deberías estar en el sofá cama?

—Te estaba esperando.

Mi ceja se alza.

—¿Ahora qué quieres?

—Hablar… —Señala la cama. Entornando los ojos, me siento a su lado; claro está que mantengo una distancia prudente.

—¿De qué quieres hablar?

—De lo que dijo papá. —Atrapa mi mirada y, por orgullo, no tengo más opción que mantener fijos mis ojos en él—. Me da curiosidad. ¿Desde cuándo eres benevolente?

Sonrío, sintiendo cómo mis ojos se entrecierran por un breve momento.

—Siempre lo he sido. Claro está, con las personas que amo. Y tú no te encuentras en esa lista… Es todo lo contrario.

—Lo sé, por eso me sorprendió. ¿No deberías desearme la muerte?

—Te lo dije antes: yo viuda no me voy a quedar. No lo vuelvas a olvidar. —Exhalo; siento el cuerpo pesado—. ¿Algo más que te cause curiosidad? Necesito descansar.

Su mirada se afila y responde:

—No, nada más.

Se levanta y camina un par de pasos, encerrándose en el baño.

—Qué diita el mío —musito, dejándome caer en la cama.

Hoy lo besé; no fue una, sino dos veces; por coraje y por preocupación. Sí, aunque no lo pareció, ese segundo beso fue porque tenía miedo de que le pasara algo. Se veía realmente mal cuando llegó. Pero como estaba a la defensiva conmigo, tildándome de hipócrita, no tuve más opción que recurrir a la fuerza para saber si tenía fiebre o no.

De verdad me paso de buena. Frederick no merece que me preocupe así, pero heme ahí, cuidando de él.

— ¡Je! Tal vez sea tonta y no buena persona…

✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩

—¿Qué hacemos aquí?

Observa detenidamente el bufete de abogados.

—A despejar legalmente tus inquietudes. Este matrimonio está destinado a acabar en un año.

Un auto frena en seco y se estaciona con gran agilidad al lado de nuestro auto. Roy sale del auto con esa aura coqueta que atrae. Solo puedo decir que el día parece iluminarse más con su llegada.

—¿Llegué tarde? —pregunta, saludándome con un beso tronado en la mejilla.

—Llegaste justo a tiempo.

Roy me ofrece su brazo y, sin dudarlo, lo sostengo.

—Entonces, vamos. —Comienza a caminar—. Entre más rápido termine esto, más tiempo podremos pasar a solas.

Muevo mi cabeza en afirmación y me dejo guiar por él.

Aunque Frederick amaneció mejor de salud, mi tío le recomendó tomarse el resto de la semana libre. Por eso estamos aquí, para dejar todo en orden y que él pueda descansar sin preocupaciones.

Me detengo; aunque puedo sentir la mirada de Frederick, no siento su presencia detrás de mí. Miro hacia atrás, viéndolo cruzado de brazos, recostado en el auto.

—¿Qué haces? Vente…

Haciendo una mueca de desagrado, se pone en marcha. Roy y yo también hacemos lo mismo.

Caminamos un par de minutos, llegando a la oficina. La secretaria cordialmente nos invita a pasar. Lo primero que veo es a un hombre de unos cuarenta y tantos años, bastante simpático, por cierto. Él nos recibe con amabilidad.

—Te estaba esperando, Roy —lo saluda con un fuerte abrazo, que Roy corresponde.

—Lamento la tardanza, padrino. —Termina el abrazo y Roy me acerca a su lado—. Ella es Constance.

—Un gusto, Constance. —Estira su mano y la estrecho—. Mi ahijado me ha hablado mucho de ti.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.