Bésame, Idiota

Capítulo 19

—Han pasado tantos años; era una bebé cuando te vi por última vez. Ahora ya eres toda una mujer, eres el vivo retrato de Lavinia —expresa con voz chillona—. Todas las noches recé por ti, para que te encontraran, para que volvieras a tu hogar, con tus padres. —Sostiene sus manos con firmeza—. Verte aquí me alivia el alma, Rennattha.

La abraza, llorando; lo curioso es que no derrama ni una lágrima.

—Gracias por tenerme presente en sus oraciones, señora.

Sara corta el abrazo, y mira a Rennattha como si la hubiera insultado.

—No me digas señora, dime tía. Tía Sara.

Ruedo los ojos. Si sigo viendo esto me va a dar daño estomacal.

—No vayas tan rápido, Sara —pide mamá—. Rennattha se está adaptando aún. Dale tiempo para que pueda llamarte tía.

—¡Oh, tienes razón, amiga! Para Rennattha debe ser difícil todo esto —limpia las lágrimas invisibles—. Querida, quiero decirte que cuentas conmigo para todo. Seré tu apoyo incondicional…

¡Estoy harta de escucharla!

Tan bien estábamos sin ella. ¿Por qué no se perdió en sus vacaciones? ¿Por qué tuvo que regresar tan rápido?

Me pongo de pie y comienzo a caminar; la presencia de Frederick me es más grata que la de Sara.

—¿Cariño…?

Me detengo. Me doy la vuelta, trazando una sonrisa en mi rostro.

—¿Dime, mamá?

—¿Estás bien? Te siento un poco extraña.

Relajo mi cuerpo y rostro.

—Sí, estoy bien, mamá. Solo estoy preocupada por Frederick.

—Cierto…

Mis ojos se clavan en el despreciable rostro, de la mujer que me torturó mentalmente. Ella me sonríe con la misma hipocresía de siempre.

—Felicidades por tu boda, Constance. Nunca pensé que tú y Frederick terminarían juntos como pareja. Parecían no llevarse bien. Siempre creí que se odiaban.

Mis manos tiemblan ligeramente.

—No me parece bien lo que acabas de decir, Sara —reprocha mamá—. ¿Cuántas veces tengo que repetirte que cuides y pienses tus palabras cuando te diriges a Constance? Mi hija puede malinterpretar tus comentarios y verse afectada.

Sonrío para mis adentros.

—¡Ay, lo siento, amiga! Sabes que soy un poco imprudente —admite ruidosamente.

—Lo sé, por eso siempre te he recordado que, frente a Constance, analices lo que vas a decir.

Una sonrisa recta se forma en su cara.

—No volverá a pasar.

Mamá asiente satisfecha y, con una sonrisa, camina hasta quedar frente a mí. Con esa sonrisa que siempre ha sido tan mía, mamá alza su mano y desliza sus dedos por mi rostro, deteniéndose en mi mejilla, la cual acaricia con tanto amor.

—Hoy más que nunca comprendo la nostalgia de tu papá. Nuestra niña, ya es toda una mujer, una esposa; no es fácil aceptar que has crecido. Pero me siento feliz por ti, por Frederick. —Mi sonrisa se desvanece por un breve segundo, pero la recompongo—. Sé que ahora tienes un esposo, que desde ahora será tu apoyo y tu refugio, pero no olvides, que mamá y papá siempre estarán para ti. Así que, si hay algo que necesites, que te molesta o te hace sentir incómoda —recalca esa última palabra—, no dudes en decirnos. Cuidar de ti y de tu hermana, siempre será nuestra prioridad.

—¡Ay, mamá! —La abrazo, siendo correspondida.

Inhalo el perfume de mamá, sintiéndome poderosa. Es el momento de darle el primer golpe a Sara.

Termino el abrazo y enfrento a esa mujer.

—Sara, respecto a lo que dijiste, quiero aclararte que Frederick y yo nunca nos hemos odiado —aseguro con la voz más dulce que pueda fingir—. Y el motivo por el cual parecía que no nos llevábamos bien, era porque había sentimientos entre los dos que consideramos prohibidos —sonrío inocentemente—. Pero entiendo que hayas malinterpretado las cosas. Es difícil reconocer el amor de otros cuando has decidido vivir toda tu vida en la soltería.

Si no fuera porque mamá está presente, el gesto que acaba de hacer no sería de una mujer comprensiva, sino el de una villana dispuesta a acabar con la heroína.

—Cariño…

—Pero aún no es tarde para que vivas lo bello del amor, Sara —suelto, con un toque de ingenuidad.

Suspiro, y vuelvo la mirada hacia mamá. Es momento de cambiar de tema.

—Mamá, quiero que sepas que eres mi ejemplo a seguir. Espero ser una excelente esposa para Frederick, cómo tú lo has sido con papá —manifiesto con pureza,

—¡Ay, mi niña! —Arregla mi cabello, como de costumbre—. Eres una excelente hija, así que no hay dudas de que serás una excelente esposa. Ahora ve con Frederick, porque más tarde estaremos ocupadas y no tendrás tiempo para él.

Este fin de semana se hará una pequeña fiesta familiar para celebrar el regreso de mi hermana. Por ende, mamá, Genevieve y yo somos las encargadas de dicha organización.

—¿Y si nos acompaña? —propongo, ya que si lo dejo solo, Irene hará de la suyas, y eso afectaría mi venganza de hacerla sufrir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.