«Pum, pum, pum, pum…»
Dejo de sonreír y desvio la mirada. Con sutileza me separo de él. Sin poder evitarlo, llevo mi mano a mi nuca, frotándola.
—Uhm…
No quiero mirarlo, pero sería sospechoso no hacerlo.
—Lo hiciste bien…
Esto es incómodo.
—Bueno… Iré con papá… siento que quiere que baile con él —articulo con una sonrisa forzada.
Me doy la vuelta rápidamente, lista para huir, pero él me sujeta de la mano.
—Espera…
De forma casi automática, me giro. De reojo miro cómo su mano sostiene la mía. Cierro los ojos un segundo, sacudo mi cabeza y recupero la compostura. Aclaro la garganta.
—¿Qué quieres?
—Acompáñame a la mesa de bocadillos —suelta con tranquilidad.
—¿Para qué?
—Solo acompáñame…
Empieza a caminar y, por obvias razones, término cediendo. Siento como varias miradas nos siguen.
Nos detenemos frente a la inmensa mesa llena de bocadillos y postres deliciosos. Frederick toma un plato y comienza a servirse algunos bocadillos, combinando dulce y salado.
—Ten.
Por reflejo, doy un paso hacia atrás y frunzo el ceño. Él, con su cara de póquer, vuelve a tomar mi mano y coloca el plato en ella.
Miro los bocadillos con cautela.
—No le he puesto veneno, por si eso te preocupa —dice con tono plano.
Alzo la vista, un poco asustada, de alguna manera logró leerme la mente.
—Solo lo hago para no levantar sospechas.
—Ah… —asiento—. Comprendo. Muy inteligente de tu parte. Parece que ya te estás adaptando… bien.
Tomo un bocadillo y lo llevo a la boca.
¡Está delicioso!
Pruebo otro. Luego otro.
Esos hormigueos en mi estómago no eran más que hambre.
✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩
¡Al fin!
Pensé que nunca me iba a liberar de Frederick. No se me despegaba; donde quiera que iba, me seguía. Afortunadamente, el tío Edward lo llevó a socializar con Lucian, Cassian y Ashton.
Agarro un cóctel; mi organismo necesita un poquito de alcohol para recuperar fuerzas. Tener a Frederick a mi lado como una abeja, me ha agotado.
—Haré lo que tú quieras…
—¡Agh…!
Con dificultad paso el sorbo que le di a mi bebida. Trato de no hacer tanto ruido con la tos; no quiero que se preocupen por algo tan trivial.
Aclaro mi garganta continuamente.
—¡Ay, Dios! —Clavo mis ojos en la causante de que casi me muera, fulminándola—. ¿Qué carajos te pasa? ¿Acaso no te han enseñado modales?
Coloco mi bebida en la mesa sin despegarle los ojos de encima. Hasta las ganas de tomar se me quitaron.
—Haré lo que tú quieras, pero deja a Frederick en paz.
Mi entrecejo se arruga automáticamente.
—¿Qué? ¿Qué has dicho?
No estoy entendiendo nada.
—Que dejes a Frederick en paz —espeta entre dientes.
—¿Por qué lo haría? —Sonrío de oreja a oreja—. Es divertido jugar con él.
Sus ojos se inyectan en sangre. No puedo estar más satisfecha.
—Haré lo que tú me pidas. Odias a Ashton, ¿verdad? Si dejas en paz a Frederick lo haré sufrir. Yo puedo hacerlo.
Mi sangre se hela. Mi boca se abre, pero ninguna palabra sale.
—Dime, ¿qué quieres que haga? Dímelo y lo haré.
—¿Estás loca? —logro articular—. ¿No te das cuenta de la barbaridad que has dicho?
—Solo quiero que dejes en paz a Frederick. Por tu maldita culpa me evita, me ha dejado de hablar —declara con una desesperación que me provoca pavor.
—Definitivamente, estás mal de la cabeza. ¿Cómo puedes proponer eso cuando el afectado es tu espo… no, es el hombre que te ama?
Llevo una mano a mi frente; esto es difícil de creer incluso conociendo la clase de persona que es.
—El único que me importa es Frederick. ¿Y de qué te preocupas? Si tú odias a Ashton. ¿No te gustaría verlo sufrir?
Mi cerebro no está asimilando bien lo que estoy escuchando.
—Yo no odio a Ashton —revelo, siendo de inmediato acribillada por su mirada—. El hecho de que no me agrade no significa que lo odie. Son cosas muy diferentes.
Su respiración se vuelve acelerada. Noto cómo sus manos se vuelven puños.
—Entonces… Entonces… Me iré —sisea—. Odias tenerme cerca, odias que viva bajo el mismo techo de tu familia; entonces me iré. Le pediré el divorcio a Ashton y tú te divorciarás de Frederick. Él y yo desapareceremos de tu vida para siempre. ¿Te parece bien?
Suelto una sonrisa ladeada. No tengo por qué estar atontada por sus palabras, es todo lo contrario.