Bésame, Idiota

Capítulo 21

Frederick

Ella me va a volver loco.

No sé hasta cuando podré soportar tanto chantaje emocional. Quisiera regresar al pasado y evitar cometer semejante error, que me está llevando directo a la perdición.

Estoy consciente de que soy una escoria, de que yo me até la soga al cuello, pero estoy tratando de enmendar mi error, de hacer las cosas bien. Sin embargo, para Constance nada de eso importa; le da igual como yo me siento, solo le importa sus propios sentimientos.

Se que no tengo la moral para pedirle piedad, porque no fui el mejor primo con ella, pero nunca he hecho algo con la intención de lastimarla. Muy al contrario de ella, que no ha dudado en echarle más sal a mi herida para molestar a Irene. De verdad creí que era diferente; realmente me planteé que la había juzgado mal, que debía creer en lo que veía y no en lo que escuchaba, pero veo que me equivoqué nuevamente. Cuidarme cuando estaba enfermo, solo era parte de su actuación…

Y como un tonto, tuve esperanza.

—Je… —resoplo.

Me acerco a la cama, y la observo detalladamente. Cabello rubio dorado y un aspecto angelical. De ojos grandes, brillantes y de color hazel. Labios rosados, proporcionados y ligeramente carnosos que, cuando se curvan, forman una sonrisa llena de dulzura. ¿Quién sospecharía que detrás de esa inocente fachada vive alguien orgullosa, rencorosa y calculadora?

—Respiración suave como la de un bebé… —Niego con una sonrisa a medias—. ¿Cómo puedes dormir plácidamente después del caos que provocaste?

Me doy la vuelta y camino hasta la puerta. Salgo de la habitación; necesito un poco de aire.

Camino sin rumbo alguno. Suspirando como un maniático.

No solo tengo que lidiar con los arrebatos de Constance, también tengo que lidiar con la intensidad de Irene. Le he demostrado de una y mil maneras que no quiero tener ningún tipo de relación con ella, pero se niega a dejarme ir. Me busca, me escribe, me llama, me habla; no me deja tranquilo, no me deja ni respirar. Ya no sé qué hacer para que se detenga; la única manera en la que logro que no se me acerque es estando con Constance…

—¿Fred…? —Mi ritmo cardiaco despega—. ¿Podemos hablar?

Trago grueso. No puedo evitarlo.

—Claro, hermano.

Camino hasta la sala, sentándome a su lado; sostenerle la mirada es algo muy difícil de hacer.

—¿Estás bien? —cuestiona, dejando el vaso en la pequeña mesa de vidrio.

—Sí… Solo tengo un poco de insomnio.

Froto mis manos, sin saber dónde ponerlas.

—Supongo que se debe a lo que pasó en la tarde. —Confirmo con un leve movimiento de cabeza—. Fue muy fuerte. Todo escaló demasiado. Hasta yo me quedé paralizado.

Dudo; aun así, expongo lo que pienso al respecto.

—Las cosas no tuvieron que llegar a ese extremo.

—Lo sé, pero… —Lo miro de reojo—. Ya sabes como son los tíos cuando se trata de Constance; la sobreprotegen mucho. Se que Irene tuvo bastante culpa, pero siento que tanto el tío Lawrence y el señor Dorian exageraron un poco.

Estoy completamente de acuerdo con Ashton, pero a la vez entiendo al tío Lawrence; se metieron con su amada hija. Cualquier padre se pondría histérico si alguien se atreve a hacerle daño e intentar difamar a su hija.

Cuando inició todo, por costumbre y porque la evidencia estaba en su mano, creí que la culpable de todo era Constance; ni siquiera pasó por mi cabeza dudar de Irene. Aunque Constance me mostró ser “diferente” por cuidarme, si no hubiera sido por Jeremy, nunca habría creído en su inocencia.

Hasta qué punto he sido influenciable.

Tengo más que claro que Constance no es una santa paloma, pero me he dado cuenta de que Irene no es la víctima que siempre ha dicho ser. No se que diablos tenía antes en la cabeza, que no podía —o mejor dicho, me negaba a— ver que Irene tiene actitudes bastante cuestionables.

—¿Qué piensas hacer? —Paso saliva—. Es cuestión de tiempo para que las cosas se vuelvan insostenibles.

—Estaba pensando en mudarme —confiesa, y me duele el pecho; todo lo que he callado me pesa.

—¿Cuándo…?

No quiero que se vaya, pero en el fondo sé que es lo correcto.

—Lo siento… —Miro a la persona que ha hablado—. No fue mi intención interrumpir. Solo quiero ir a la cocina.

Juega con sus manos.

—No te preocupes, Rennattha —expreso con calma—. Ve tranquilamente a la cocina.

—Gracias.

Con precaución y duda cruza la sala, entrando al comedor.

—La verdad, no quiero irme —susurra Ashton.

Detengo mis ojos en mi hermano, que mantiene fija su mirada en la entrada del comedor.

—Entonces, ¿qué harás?

—¿Eh?

Cierro y abro los ojos, recuperando la compostura.

—Dijiste que no querías irte.

—Ah… creo que pensé en voz alta —sonríe de lado—. Ignora lo que dije antes.




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