Frederick
Me siento avergonzado por estar escuchando una conversación ajena.
—Somos un par de chillonas —declara Constance—. Por cierto, te quería proponer algo.
—¿Qué cosa?
—¿Y si invitamos a papá y a mamá para que se unan a nuestra salida? A nuestra mamá se le da muy bien el diseño de interiores.
—Pero tú les dices a ellos, ¿sí?
—Está bien. Vamos a verlos, deben de estar en el estudio.
A grandes zancadas me dirijo a los muebles y tomo asiento en el más cercano. Observo de reojo como Constance y Rennattha salen de la habitación. Por lo que he visto y he escuchado, no solo se llevan bien y se tienen confianza, sino que ambas se quieren genuinamente; eso me tranquiliza de alguna manera…
Toc, toc, toc.
Mi cuerpo se tensa. Dejo que la puerta siga sonando; dudo que Constance haya olvidado nuestro acuerdo.
—Frederick… —Me levanto de golpe y voy de inmediato a abrir la puerta—. ¿Estabas ocupado?
—Estaba en el baño —respondo, causando una sonrisa en él.
—Irene recibió unos postres por parte de una amiga y los degustaremos en el jardín, ¿quieres unirte a nosotros?
Antes era algo normal hacerlo, pero ahora, más que raro, sería incómodo y hasta desagradable.
—Me encantaría, pero ya tengo planes.
—¿Con Constance?
—Sí. Saldremos un rato.
—Oh, vaya. Bueno, entonces, para otro día será. —Asiento ante sus palabras—. Que disfruten de su salida.
—Gracias.
Mi hermano se retira y, aunque no lo dijo, sé que le desanimó mi respuesta. Soltando un suspiro, cierro…
—Espera… —Me detengo, y vuelvo a abrir la puerta. Ella ingresa, agitada—. Si mi visión no me falla, ¿el que se acaba de ir era Ashton?
—Sí. —Cierro la puerta.
—¿Qué quería? —cuestiona dirigiéndose al cuarto de baño.
—Invitarme a degustar unos postres.
—Ah… Que disfrutes de tu mañana de té… —No respondo a su provocación; solo mantengo la mirada firme en ella. Constance se detiene y se da la vuelta—. Quiero aclarar que lo que dije fue de corazón.
Estrecho ligeramente los ojos.
—No me mires así. —Me señala con el dedo y hace un mohín—. Estoy siendo sincera.
—La Constance que yo conozco seguramente me desearía que me ahora con un pedazo de pastel…
Ríe como si le estuviera haciendo cosquillas.
—¡Ay, qué chistes! —Deja de reírse—. ¿Por qué eres tan insípido? Sonríe un poco. —Rueda los ojos, resoplando—: No se le puede pedir peras al manzano. —Se resigna—. Frederick… Es cierto que de vez en cuando te he deseado que te pasen cosas malas, pero nunca cosas terribles como para que te vayas al cielo… Creo que me sentiría mal si te murieras…
Me mantengo imperturbable, lo que la molesta; chasquea la lengua.
—En fin. Estoy de buen humor; soy un pan de Dios. Por eso, hoy me he propuesto no pelear contigo. ¿Entendido?
Se vuelve a dar la vuelta y, antes de que ingrese al baño le pregunto:
—¿Vas a salir?
—¿Eh? —Me vuelve a mirar—. ¿Me acaba de preguntar si voy a salir? —Confirmo con un leve movimiento de cabeza—. Pues sí. Voy a salir con Rennattha, mis padres y Genevive. ¿Por qué? ¿Acaso quieres que te traiga un dulce?
—No. —Me mira con evidente curiosidad—. Yo… Iré con ustedes.
—¿Qué?
—Que iré con ustedes. —Se cruza de brazo, inclinando un poco la cabeza hacia el lado derecho—. ¿No puedo?
—Supongo que no, pero es raro.
—¿Solo dime si puedo o no?
—¡Aish…! ¿Dónde quedaron tus modales? —Me lanza una mirada “intimidante” la cual devuelvo—. ¡Uy! Me alteras. —Se da la vuelta, pero no da ni un paso—. Si no estás listo a tiempo, no te pienso esperar; me iré sin dudarlo —declara, e ingresa al baño.
—¿Un pan de Dios…? ¡Je...! Un pan vencido has de ser.
Soltando un resoplido, entro al vestidor. No me agrada la idea de salir, pero estaré mejor afuera que aquí.
✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩
—Todo es tu culpa. Se pone el cinturón de seguridad—. Yo debería de estar allá y no aquí, contigo.
Hace una rabieta, pataleando y moviéndose como un gusano en sal.
—Yo no tengo ningún problema con que te vayas con los demás. —Se detiene, fulminándome con la mirada—. Puedes dar cualquier excusa, los tíos siempre te creen.
—Lo sé, lo sé, pero Genevive se preocupa por tí. —Se hace un ovillo en el asiento—. No debiste venir.
Inhala y exhalo sutilmente. Soy alguien paciente, pero Constance tiene el poder de colmarme la paciencia.
—Pero ya estoy aquí. Ahora baja los pies…
—No quiero.
—Constance…