Frederick
¿Por qué la estoy besando? La respuesta es fácil: quiero que se olvide de lo que pasó en la sala.
Verla vulnerable y frustrada antes era de mi agrado, pero ahora no me genera ninguna satisfacción. Creo que conocer ese lado diferente de ella ha hecho que pueda tenerle empatía.
Succiono sus labios por última vez y finalizo el beso, jadeando. Me alejo unos centímetros, centrando de inmediato mi atención en sus labios hinchados y, seguidamente en sus ojos fijos en mí.
—Tú… —musita, y su rostro se sonroja.
Espero que continúe su oración, pero solo la veo cerrar sus ojos, apretar sus labios e inclinar la cabeza hacia abajo.
—¿Estás bien? —cuestiono, ganándome una mirada fulminante.
Es obvio que no está bien, pero quiero saber lo que piensa al respecto, y más ahora que sus gestos cambian cada tres segundos.
—Frederick, espero que sea la última vez que haces algo tan imprudente… —resopla, cerrando y abriendo los ojos—. Si ha habido besos entre nosotros, ha sido para mantener la fachada de que somos pareja. Si me vuelves a besar sin yo ordenarlo, no dudaré en dejarte mi mano marcada en tu cara. ¿Entendido?
Espera con determinación mi respuesta, pero hay algo que capta más mi atención: es ver cómo esos ojos hazel, que siempre me han mirado con fiereza, ahora me miran titubeantes.
—¿Me estás escuchando?
—Sí.
—Bien… —suspira—. Yo me tengo que ir.
Desvía la mirada y pasa por mi lado a toda velocidad. Sin darme la vuelta escucho cómo la puerta se abre y se cierra de golpe.
Sonriendo para mí mismo, camino hasta el sofá cama y caigo como un costal de papas en el mueble…
Esta es la primera vez que veo a Constance sonrojarse y avergonzarse de manera tan evidente. Parecía un conejo acorralado; se veía raramente linda, como cuando era niña y hacía sus pucheros.
✮ ⋆ ˚。𖦹 ⋆。°✩
Ya van a ser las tres de la mañana y Constance todavía vuelve. Debí preguntarle si regresaba a dormir o se quedaría a dormir con las chicas; lo peor de todo es que no puedo comunicarme con ella porque dejó su celular, e ir a preguntarle directamente no me garantiza una buena reacción de su parte. Debe seguir molesta porque la besé, pero tengo sueño y, para alguien como yo, que le cuesta conciliar el sueño sin medicamento, debo aprovechar.
Completamente seguro de lo que haré, salgo de la habitación en sigilo, siendo cuidadoso para no encontrarme con nadie, especialmente con Irene; no quiero verla, sobre todo, no quiero tener problemas con Constance.
Llego a la primera planta sin complicaciones. Acelerando mis pasos me dirijo a la sala de cine. Tardo varios minutos en llegar, pero al fin lo hago, y para mi sorpresa, está todo en silencio. Con cuidado, abro la puerta, metiendo solo la cabeza…
Todos están dormidos. Así que, sin ningún ápice de duda ingreso a la sala de cine. Voy hasta el sofá cama, donde Genevieve, Constance y Rennattha duermen en posición cucharita, mientras que Royce duerme en otro sofá.
Clavo mis ojos en Constance; duerme plácidamente. Sin pensarlo demasiado, me acerco más al sofá cama y estiro mi mano hacia su rostro, pero me detengo y me limito a rozar un pequeño mechón de su cabello rubio…
Nunca me cansaré de decir que. cuando duerme, esa belleza angelical de la cual goza se realza aún más; parece un ángel.
Meneo mi cabeza, soltando un murmullo:
—¿Qué carajo estoy pensando?
Tomo la sábana gris y, con cuidado cobijo a mi hermana, mi prima y a… mi esposa.
Ignorando completamente el bulto que resalta en el otro sofá, me retiro de la sala de cine, volviendo de nuevo a mi habitación en un par de minutos.
Aseguro bien la puerta, estiro un poco mi cuerpo y camino hasta el sofá cama, pero me detengo. Sé que tengo un lugar fijo para dormir, pero ella no está aquí y, la verdad, no creo que se de cuenta. Sin más, voy hasta su cama, dejándome caer en ella soltando un largo suspiro.
—Extrañaba esta comodidad.
Me remuevo un poco hasta llegar a las almohadas, inhalando un aroma que he aprendido a conocer, y que de alguna manera me relaja…
Huele a ella… a Constance…
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—Frederick, Frederick… ¡Frederick!
Abro mis ojos de golpe, encontrándome con esos ojos hazel que me miran con ligero descontento.
—¿Qué pasa? —Cierro los ojos y me masajeo la frente.
¡Qué sueño!
—¿Por qué estás en mi cama?
Alejo los dedos de mi frente y abro los ojos; ahora entiendo todo.
—El sofá no es tan cómodo como la cama —declaro, pero ella solo se cruza de brazos—. ¿En serio te vas a enojar porque dormí en tu cama?
Entorna los ojos y se va directo al baño. De inmediato me pongo de pie y la sigo. Constance intenta cerrar la puerta; aun así logro ingresar también.
—¿Qué te pasa? —cuestiona con el ceño fruncido.