¡Ya no puedo más! Estoy tremendamente aburrida.
Desde el lunes, que fue mi salida con Frederick, no he vuelto a salir de casa. ¡Como me hace falta Genevieve y Royce! Con ellos por lo menos salía aunque sea a comer un helado.
Como si no fuera suficiente el tema de las salidas, mi mami ha estado muy ocupada con las causas sociales de las fundaciones benéficas de las que forma parte, por lo que sale desde muy temprano y llega bien entrada la noche. Si bien puedo ir con ella o decirle cómo me siento para que se quede conmigo, no sería lo correcto hacer que deje de lado sus compromisos —esos que ayudan a tantas personas— solo por mi comodidad.
Y bueno, mi hermana, aunque está en casa, es muy introvertida; siempre se la pasa mas en su habitación y tampoco la quiero presionar. Ella todavía se está adaptando a su nueva vida y quiero darle su espacio.
—¡¿Qué hago…?!
Me siento de golpe. ¡Ya sé lo que haré!
Me levanto de la asoleadora y empiezo a correr hacia la casa. Ingreso a mi hogar, subo las escaleras, recorro el pasillo hasta llegar a mi habitación, me detengo, pero vuelvo a caminar, dirigiéndome a la habitación de Rennattha.
Se que dije que no quiero incomodarla, pero tampoco quiero que se sienta excluida. Si ella rechaza mi invitación, está bien; la intención es lo que cuenta.
Toco la puerta.
—¿Quien?
—Soy yo —digo, y de inmediato la puerta se abre.
—¿Pasó algo? —niego con la cabeza—. ¿Entonces?
—Quiero almorzar con mi papi, ¿quieres unirte?
—Eh… No quiero molestar… Si ya quedaron ustedes lo mejor es que…
—Rennattha… —tomo su manos entre las mías—. Escucha muy bien lo que te voy a decir: tenerte con nosotros es un regalo, es algo que valoramos, apreciamos y agradecemos todos los días. Así que, no pienses que tu presencia nos molesta, porque no es así. Esta familia está muy feliz de que estés con nosotros —expreso, causando que sus ojos brillen por las lágrimas que amenazan con salir.
Supongo que por los problemas que han habido en la familia, su cabecita ha estado sobrepensado demasiado.
—Y quiero que sepas que nuestro papa y yo no hemos quedado en nada; solo quiero darle una sorpresa. ¿Quieres ser parte de ella? —Asiente con una pequeña sonrisa—. Bien… ¿Te parece bien si vamos a mi habitación para arreglarnos juntas?
—Si. Solo dame unos minutos para bañarme…
—Podemos hacerlo juntas…
Sus mejillas se tornan rojas haciéndome caer en cuenta de mi propuesta. ¡Debí pensar antes de hablar!
—Disculpame, no quise incomodarte… Es la costumbre; Genevieve y yo lo hacemos cuando queremos ahorrar tiempo.
—La verdad me da vergüenza, pero quiero intentarlo.
—¿Segura?
—Si —Con un ademán de manos me invita a pasar a su habitación—. ¿Me puedes ayudar a elegir lo que me pondré? Quiero verme bien, y tu siempre te viste bonito.
—Claro.
Compartiendo sonrisas nos dirigimos a su vestidor.
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Eligiendo la ropa nos demoramos más de la cuenta, pero aún tenemos bastante tiempo. Sin pena me quito la bata del baño e ingreso a la ducha, donde ya está Rennattha.
—Pareces un tomate.
—Es la primera vez que me baño con alguien.
—Con razón.
Abro la ducha y nuestra piel se enchina al sentir el agua fría, así que nos alejamos un poco.
—¿Cuando te bañaste por primera vez junto a Genevieve no te dio vergüenza?
—No. Creo que, como de niñas nos bañamos juntas, lo normalizamos.
—Con razón. —Toca el agua—. Ya está caliente —comunica, y se coloca bajo el chorro.
Rennattha termina de enjuagar su cuerpo, así que es mi turno. Ya lista, cierro la llave y procedo a lavar mi cabello.
—¿No les dice nada cuando Genevieve y tú se bañan juntas?
—No.
—Ya que tenemos más confianza, ¿puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿No te regañaron por los tatuajes?
Cuando cumplí dieciocho pedí como regalo de cumpleaños hacerme cuatro tatuajes pequeños, y aunque al inicio mis padres no estaban de acuerdo, al final cedieron porque me puse a llorar.
—No, porque pedí permiso para tatuarme.
—Bueno, tampoco es que podían negarse, especialmente el señor Lawrence; vi que tiene tatuado todo el brazo.
—Si te diste cuenta de eso. Mamá me contó que nuestro padre era un chico malo —revelo, haciendo una mueca de chico malo y coqueto.
Reímos.
—Claro está que eso fue antes de conocerla. Actualmente es un hombre devoto y fiel a nuestra madre.
—Si, por eso me sorprendió saber que era un chico malo. Ellos hacen una linda pareja.
—Estoy totalmente de acuerdo contigo.