Besarme estaba Prohibido

CAPÍTULO 14: Territorio en disputa

Descubrir que estaba celosa de Amanda Foster fue una experiencia humillante.

Sobre todo porque técnicamente Aiden Callahan ni siquiera era mi novio de verdad. Y aun así ahí estaba yo, al borde de arrancarle las extensiones a una animadora en medio del instituto por tocarlo demasiado.

Patético.

El pasillo principal estaba lleno por los preparativos para el evento solidario de Hamilton High. Mesas, carteles, música horrible y estudiantes fingiendo interés académico para subir fotos a Instagram. Yo estaba ayudando a Hanna con el puesto de tutorías mientras Nina robaba galletas de otra mesa a dos metros.

Todo normal. Hasta que Aiden apareció.

Y el maldito pasillo entero pareció girar hacia él automáticamente. Odiaba eso. La forma en que la gente lo seguía con la mirada. La forma en que sonreían apenas él hablaba. La forma en que todo el mundo quería un pedazo de él.

Aiden me encontró enseguida. Claro que sí.

Llevaba la chaqueta del equipo abierta, el cabello desordenado y esa expresión cansada que solo yo parecía notar últimamente, una que todavía arrastraba los ecos de nuestra madrugada en el sofá y la charla en el diner. Y eso… eso me hizo sentir algo raro. Algo peligrosamente parecido al orgullo de ser la única que conocía al chico real detrás de la máscara.

Fatal.

Aiden caminó directo hacia mí entre la multitud. Ni siquiera intentaba disimularlo ya.

—Hola —dijo, parándose demasiado cerca del puesto.

—Hola.

—Estás evitando mis mensajes.

—Estoy ocupada salvando el sistema educativo.

Nina apareció detrás de mí.

—Y robando brownies.

—Eso también.

Aiden soltó una risa baja. Real. Mi estómago hizo una estupidez. Otra vez.

Y justo cuando iba a decir algo más, Amanda apareció pegándose al costado de él como si hubiera estado esperando el momento exacto. Perfecto.

—Aiden, lindo —sonrió, apoyando directamente una mano sobre su hombro—. Te estuve buscando.

La palabra "lindo" me revolvió el estómago más de lo normal. No debería importarme. No debería. Pero importó. Mucho.

Amanda ni me miró. Peor. Actuaba como si yo no existiera. Como si pudiera borrarme simplemente ignorándome.

—¿Tus padres vienen a la gala de beneficencia? —preguntó, acercándose más a Aiden—. Mi madre sigue preguntando por ustedes.

Yo seguía ordenando folletos que ya estaban ordenados solo para no hacer algo impulsivo. Tipo: lanzarle una engrapadora en la frente.

Aiden no respondió enseguida. Y Amanda aprovechó el silencio para deslizar los dedos un poco más por su hombro. Lo hizo lento. A propósito. Ella lo sabía. Yo también.

El pecho empezó a apretárseme de una forma horrible. Porque no era inseguridad solamente. Era rabia. Rabia de verla tocarlo como si todavía tuviera derecho. Rabia de imaginar que antes sí lo tuvo.

—Vale —susurró Hanna a mi lado—. Si las miradas mataran, Amanda ya estaría en la sala de emergencias.

—No estoy mirando así.

Nina levantó una ceja.

—Linda, literalmente pareces una esposa en un documental criminal.

Genial. Justo lo que necesitaba escuchar.

Amanda soltó una risa fingida y esta vez directamente apoyó el cuerpo contra el brazo de Aiden. Demasiado cerca. Demasiado cómoda. Algo dentro de mí se tensó tanto que tuve que apretar los dedos contra el borde de la mesa de madera.

Y entonces pasó.

Aiden levantó la mano despacio. Le quitó los dedos de encima. Suave. Pero firme. Sin mirarla siquiera.

Amanda se quedó quieta. Todo el pasillo también, sinceramente. Porque nadie estaba acostumbrado a que Aiden Callahan rechazara a Amanda Foster delante de la gente. Yo tampoco.

—No tengo idea de lo que harán mis padres, Amanda —soltó Aiden, con una voz tan fría que cortaba el aire. Luego, la miró por fin, pero solo para destruirla—. Pero da lo mismo. Yo ya tengo planes con Valentina.

El aire pareció desaparecer del pasillo.

Amanda abrió la boca, pero no le salió nada. Se quedó congelada, con la humillación pintada en la cara.

Aiden giró hacia mí directamente. Como si ella ya no estuviera ahí. Como si solo existiéramos nosotros dos en medio del ruido de Hamilton High. Y antes de que pudiera reaccionar, tomó mi mano.

Entrelazando los dedos con los míos.

El corazón casi me explota. Porque no fue actuación. No así. No tan automático. Su pulgar rozó apenas mi piel y sentí el calor subir directo hasta la garganta.

Amanda parecía a punto de incendiar el instituto entero. Aiden ni la miró. Seguía mirándome a mí. Solo a mí.

—Vámonos, Val —dijo tranquilo.

Y el problema fue que, mientras me arrastraba lejos de la multitud, yo fui capaz de sentir exactamente cuánto le había molestado que otra persona lo tocara delante de mí. No por el gesto en sí, sino por el pánico evidente que tenía de que yo me alejara de él otra vez.




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