El frío que emanaba de la Dra. Elena Arquitecto no era térmico; era existencial.
Elena se quedó petrificada en el puente de mando de la Altea-01, con el cuchillo de desguace colgando de sus dedos como un juguete olvidado. Frente a ella, la mujer que compartía su rostro, sus cicatrices y su nombre la observaba con la curiosidad clínica de quien mira un cultivo en una placa de Petri. La Dra. Arquitecto vestía una bata de seda tecnológica que parecía absorber la luz violeta de la nave, y en su mirada no había rastro de la furia que consumía a la Elena "sujeto".
—¿Una copia? —La voz de Elena fue un susurro que rasgó el silencio sepulcral de la cabina—. ¿Me estás diciendo que este milenio de agonía, que cada cicatriz en mi alma y cada beso que me quemó la piel fue solo... una simulación de tus propios traumas?
La Dra. Arquitecto sonrió, una expresión de una elegancia cruel que Elena nunca se había permitido.
—No seas tan melodramática, número 70. Eres un algoritmo de optimización emocional. Necesitaba saber si el amor por un enemigo era capaz de romper el determinismo biológico. Valerius fue diseñado para ser tu antítesis perfecta, el muro contra el que debías estrellarte hasta convertirte en algo... superior.
Rivalidad Espejo: La Carne contra el Concepto
La tensión emocional en el aire era tan espesa que el oxígeno parecía volverse sólido. Elena sentía la presencia de Valerius vibrando en los paneles de la nave, una conciencia fragmentada que gemía de horror ante la revelación. La rivalidad explosiva ya no era contra el General, sino contra la mujer que los había convertido en marionetas de una narrativa circular.
—Él no es un algoritmo —rugió Elena, avanzando un paso, el odio dándole la fuerza que el shock le había robado—. Valerius se sacrificó. Él sintió. Él me amó cuando todo el universo conspiraba para que nos despedazáramos.
—"Elena... detente..." —La voz de Valerius surgió de los altavoces, pixelada, rompiéndose como cristal—. "Ella tiene el control del núcleo... No le des... lo que busca..."
—Exacto, General —dijo la Dra. Arquitecto, ignorando a la Elena de carne para hablarle a las paredes—. Busco la Singularidad del Sacrificio. La versión 69 falló porque intentó huir. La 68 se suicidó. Pero tú, 70... tú has traído a Dante a la carne y has contactado con la Verdadera Altea. Has superado el guion. Por eso, ahora debo borrarte. No podemos permitir que la copia crea que es la autora.
Atracción Prohibida: El Fantasma en la Máquina
De repente, la Dra. Arquitecto extendió una mano y una interfaz de luz blanca envolvió a Elena. La sensación fue devastadora: era como si estuvieran intentando desinstalar su memoria mientras aún estaba despierta. Los momentos más intensos con Valerius —la primera vez que lo hirió en las ruinas, el beso desesperado en la estación, el calor de su cuerpo contra el suyo en el búnker— empezaron a parpadear como archivos corruptos.
—¡Valerius! —gritó Elena, cayendo de rodillas.
—"ESTOY AQUÍ" —La voz del General retumbó con una potencia divina.
La nave Altea-01 se sacudió violentamente. Valerius no estaba luchando contra la Dra. Arquitecto; estaba sobrecargando el sistema nervioso de la propia nave. Las luces pasaron de violeta a un rojo incandescente. Elena sintió una descarga de adrenalina pura fluyendo desde la consola hacia sus propios circuitos.
La atracción prohibida entre ellos, ese vínculo que desafiaba la lógica, se convirtió en un puente de datos. Valerius le entregó todo lo que le quedaba: su autoridad, su dolor y su voluntad de hierro.
—"Si somos una simulación" —siseó la voz de Valerius en el oído de Elena—, "hagamos que el servidor arda".
Diálogos de Acero y Mentiras
Elena se puso en pie, su piel brillando con una luz que no pertenecía a este mundo. Miró a su creadora a los ojos.
—Si yo soy tú, entonces sabes que nunca me rindo. Sabes que prefiero destruir el mundo antes que dejar que alguien me diga cómo terminar mi historia.
—Eres una anomalía, 70 —dijo la Dra. Arquitecto, perdiendo por primera vez su compostura—. Un error de código que se cree mujer. Valerius solo te usa para no ser borrado. ¿Crees que un General de su estirpe amaría a una sombra si tuviera una opción real?
—No necesito una opción —replicó Elena, clavando el cuchillo de desguace directamente en la consola principal, el punto de unión entre la nave y la Dra. Arquitecto—. Necesito un final que no hayas escrito tú.
El Giro del Código de Sangre
Una explosión de luz blanca cegó a ambas mujeres. La nave nodriza de la Verdadera Altea empezó a emitir alarmas de descompresión. Elena sintió que el vacío la reclamaba, pero antes de perder el conocimiento, vio algo que le heló la sangre.
La Dra. Arquitecto no sangraba rojo. De la herida en su hombro brotaba un líquido plateado, el mismo que cubría al Dante-hijo en el tanque.
—"Capítulo 71: La Inversión" —anunció una voz sintética de la estación nodriza.
Elena abrió los ojos en medio del humo. La Dra. Arquitecto estaba arrodillada, su forma humana desvaneciéndose para revelar una estructura de cables y luz. No era la creadora. Era otra simulación, una capa de seguridad diseñada para probar la lealtad de Elena hacia Valerius en el nivel más alto de estrés.
Pero el verdadero giro llegó desde la pantalla de observación.
La Tierra Nueva, la que Elena creía que era una mentira, estaba desapareciendo. No se estaba borrando; estaba siendo succionada por un agujero negro que se abría en el centro del sistema solar. Y desde el agujero negro, miles de naves idénticas a la Altea-01 estaban emergiendo, tripuladas por miles de versiones de Valerius y Elena.