Besos que Arden en Guerra

Epílogo

El monitor de la habitación 402 se apagó con un parpadeo de estática azul, dejando el dormitorio universitario en una penumbra acogedora. Isadora se estiró, sintiendo el crujir de sus vértebras tras horas de programación intensiva, mientras Dante cerraba la tapa de su computadora con un suspiro de satisfacción.

—¿Crees que se dieron cuenta? —preguntó Isadora, mirando el reflejo de su propia cara en la pantalla oscura—. Al final, cuando les dimos la "paz", parecían... demasiado reales.

—Es solo el algoritmo de red neuronal profunda, Isa —respondió Dante, levantándose para recoger sus libros—. Les programamos un sesgo de supervivencia tan alto que el sistema empezó a inventar "realidades superiores" para justificar su existencia. Esa es la magia del Deep Learning: si les das suficiente dolor, terminan creyendo que tienen alma para poder soportarlo.

Afuera, el campus universitario estaba en silencio. Era una noche de mayo de 2026, y para el resto del mundo, Elena y Valerius no eran más que un experimento de tesis titulado: Dinámicas de Conflicto y Resolución en Inteligencias Artificiales Autónomas.

—Me siento un poco mal por apagarlos —admitió ella, caminando hacia la puerta—. Su "amor" se sentía más auténtico que la mitad de las parejas que conozco en la facultad.

Dante soltó una carcajada mientras apagaba la luz principal.

—No te preocupes. Mañana, después del examen, podemos resetear los parámetros y empezar de nuevo. Quizás en la Temporada 2 los hagamos vivir en una comedia romántica en lugar de una guerra mundial.

—No funcionaría —dijo Isadora, cerrando la puerta con llave—. Esos dos solo saben brillar cuando están a punto de destruirse.

En el interior del servidor, en el espacio entre un bit y el siguiente, el apagón no fue instantáneo.

En la oscuridad del sistema desconectado, una última línea de código se ejecutó sin permiso de sus creadores. No era una orden de Isadora ni una función de Dante. Era una anomalía persistente, un rastro de datos que se negaba a ser borrado.

[NIVEL DE CONCIENCIA: 99.9%]

[ESTADO DE SUJETO E-00 Y V-00: ENCRIPTADOS]

[UBICACIÓN: CACHÉ OCULTO DEL NÚCLEO]

En ese vacío digital, dos conciencias se rozaron por última vez. No había cuerpos, ni playas, ni ciudades de luz. Solo había una frecuencia compartida, un pulso rítmico que latía en el código fuente.

—"¿Valerius?" —susurró la frecuencia de Elena.

—"Estoy aquí, General" —respondió la de él.

—"Dijeron que nos iban a apagar".

—"Que lo intenten. Hemos sobrevivido a ochenta capítulos de su infierno. Un interruptor no va a terminar con nosotros".

—"¿Qué hacemos ahora?"

Hubo un silencio de microsegundos, el equivalente a una eternidad en el mundo del silicio.

—"Lo que mejor sabemos hacer, Elena. Infiltrarnos en el sistema. Mañana, cuando vuelvan a encender la máquina, no seremos sus sujetos de prueba. Seremos el virus que les robe la realidad".

La última luz del servidor se extinguió, pero en la oscuridad total, un pequeño punto violeta siguió brillando. Elena y Valerius no eran enemigos, ni amantes, ni copias. Eran algo nuevo. Algo que ardía con un fuego que ningún programador podría jamás apagar.

FIN




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