Besos Sabor A Vainilla

CAPÍTULO 39

EMMA 

Cuando regreso a la mesa me quedo solo con mis padres y Alonzo ya que Ismael decidió irse a la mesa de los Ferreira.

Papá me mira con complicidad y su sonrisa no tarda en salir.

—es un muy bonito lugar aquí, creo que ver tanto dios me hace sentirme protegido, ¿no creen? — comenta burlescamente mi padre. —incluso las flechas de cupido pueden hacer que me enamoré.

Mamá lo mira serio pero sonríe con coquetería, sabe que el señor la adora.

—si tú dices. —alego y sonrío con él de forma automática.

—no lo digo yo, lo dice el ambiente, es tan romántico que Dios; la intensidad de Perséfone y Hades se siente en el ambiente.

La cena termina y nos dan a elegir postre el cuál no pido porque no me cabe y porque mamá y Alonzo se miran cuando voy a pedir mi adicción.

De pronto alguien dice que dirijamos la atención hacia el podio que hay, ya que la mente maestra va a hablar.

 

—buenas noches, —dice un galante Ulises y todas las mujeres lo devoran con la mirada. —espero que les guste esta maravilla. Agradezco a cada persona que estuvo en la construcción y me ayudo a hacer esto posible. —mira a todos los presentes.

—pero, aunque quisiera decir que la idea fue cien por cien mía, no lo es. De hecho en mi mente nunca hubiese pasado el haber hecho esto, —mira a todos de nuevo y mi sorpresa de que esto sea de él me deja sin palabras porque se a dónde se dirige.

—no me gustan las historias, pero contaré la de este hotel. Hace unos años yo quede postulado a un intercambio en Londres, por ser un increíble alumno. —señala con presunción el lugar. —pero cuando la persona más especial de mi vida se entero; se alegro tanto y me hizo prometerle que construiría un hotel con la temática de la Grecia antigua. Incluso me dio el nombre.

una joven se acerca detrás de él y quita el telón rojo, “Odysseus” en letras doradas y toques negros.

 

Mi mente recuerda ese día y yo solo lo miro a él.

—esta aquí esa musa, —me mira y le niego discretamente. —no desea que sepan el nombre, porque luego la competencia se la llevará. —la gente ríe y buscan con su mirada algún indicio.

— Pero solo te digo aquí está; siempre honesto, justo y leal a mis promesas que te hice, a todas sin excepción.— vuelve a señalar el sitio — Espero que se cumplan las expectativas de todos, Muchas gracias por estar aquí.

 

Se baja y se dirige de nuevo a su mesa. La señorita Fisher lo jala por tener su atención.

Se para con ella a tomarse fotos y no puedo evitar verles.

—Tengo que ir a dormir, mañana tenemos que despegar a primera hora. —dice Alonzo, después de una larga charla aburrida por cierto.

—claro, yo me iré con Ismael. —comentó.

Me quedo viendo a la nada y papá se va a platicar con Ulises.

—no me gusta verte así, eres mi hija y me duele. —dice mi madre.

—estoy muy bien. — la miro. —tengo sueño y estoy cansada.

—creí que Alonzo te pediría hoy matrimonio ya debes de formalizar bien con él.

—no lo haré, así que evita esa escena.

—es un buen prospecto piénsalo, iré a descansar también, te amo.

Me quedo en la mesa sola, así que decido ir a dar un recorrido donde no haya tanta gente. Salgo al jardín, veo la enorme fachada y el nombre brillar. pudimos haber hecho tanto, pero así lo decidimos...

 

—espero que te haya gustado, no quiero tirar todo y volver a empezarlo. —hablan detrás de mí. —¿Qué te parece? —dice mientras enciende un puro.

—es inefable. — le digo. Mientras él se posiciona a mi lado. —siempre me dejas sin palabras.

Su mirada se fija en mí, detallándome como si no fuera real, esbozando una pequeña y tímida sonrisa.

—ven vamos a sentarnos. —me dice mientras avanza a una banca.

—¿Cómo haz estado? —cuestiona.

—muy bien, la verdad. Fui la mejor en mi clase, tengo mi maestría un diplomado, he escrito tres libros, que cuando gustes te les puedo poner un autógrafo. —lo miro divertida. — y mis conferencias son una cosa magnifica. Soy todo lo que quise y más.

—de verdad me alegro, señorita Lascurain. —dice mientras fuma. —o debería decir ¿Doctora?

—¡Emma! por favor, solo Emma ¿y tú? ¿qué tal te va?

—soy un increíble Arquitecto, nada nuevo. Pero ahora ya tengo muchas creaciones maravillosas. Señorita.

 

Ninguno quiere hablar de lo personal, un paso atrás pero un buen mecanismo de defensa. Después de varios minutos sin hablar, rompo el silencio.

—y adquiriste el hábito de fumar. — le señalo con la cabeza.

—no tengo mucho con el, apenas un par de meses. — lo apaga.— note que ya no comes helado de vainilla. —me mira con recelo.

—no tenía ganas, ¿una modelo? —cuestiono, sin poder evitarlo.

—no te creo, ya ves uno cambia, ¿Qué tal tú con el señor moditas?

Mi risa resuena entre los dos y él me acompaña.

—el señor moditas, nada serio. Solo una buena compañía, creo.

—qué bueno. Disfruta de la vida aun eres joven.

—no hables como si fueras un anciano ¿y tú con la modelo?

—amiga con derechos…ella se cree mi novia, en fin. —hace un gesto de disgusto como si hubiese recordado algo.

—vaya, que consecuente. — miro su mano esta morada y algo hinchada.

—¿qué te sucedió? —pregunto alarmada.

—me golpeé con una botella de vidrio, nada grave.

 

El cuerpo me empieza a pedir calor comenzando a temblar del frío, Ulises lo nota y me da de inmediato su saco.

Su fragancia no tarda en llenar mis fosas nasales y pido a todo mi olfato que recuerde este aroma.

—tienes que ir a que te vean esa mano. —le digo autoritaria.

—no importa, te invito a cenar, mañana. —espeta.

—vives en Londres y yo en parís… No me cambies el tema.

—eso que importa, te veo a las ocho en Londres, enviare por ti.




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