Brutos de amor

capitulo 8

"Despertar con acento italiano"

—Finalmente... —susurró una voz grave, cálida.

Vick parpadeó con esfuerzo. La luz blanca del hospital le lastimaba un poco la vista. Pero lo primero que enfocó fue un par de ojos oscuros, profundos, fijos en ella.

—Ma sei testarda, eh... —dijo él con una media sonrisa, voz apenas ronca.

—¿Qué…? —Vick frunció el ceño, todavía desorientada—. ¿En qué idioma me hablás, Grecco? ¿Ahora también sos europeo?

Lionel se rió bajo. Se acercó un poco, con esa manera suya de invadir espacio sin pedir permiso pero sin resultar invasivo.

—Italiano. Mi nonna me lo enseñó de chico. Lo uso cuando no quiero que entiendan lo que digo.

—Genial. Otro secreto. Me desperté de la anestesia y resulta que el Andes Bruto es políglota. ¿Qué sigue, qué tocás el violín?

—No, pero toco el piano, la guitarra y cocino mejor que cualquiera —respondió sin perder la sonrisa.

—Ay, no… ¿y si me enamoro? —susurró apenas, ya sin fuerzas, pero con una sonrisa burlona.

Lionel la miró, detenidamente. Algo le cambió en los ojos.

—Dormí un poco más, Pitufo. Estoy acá.

Y por primera vez, Vick no sintió miedo de cerrar los ojos.

se sentía segura como cuando jugaba con su padre.. O su mamá le daba el beso de buenas noches cada que se tenía que ir a dormir.

sintio la mirada de alguien y sabia que era el.Persona

— Deja de mirarme como un acosador, Viejo verde

— auch, dañas mis sentimientos Strega.

Strega?, que mierda significa eso, DIOSS necesito un traductor. este chico me volvera loca..

antes de darme cuenta me quede dormida otra vez..

*

Un rato más tarde, Vick abrió los ojos por segunda vez. Esta vez no fue la luz blanca lo que la molestó, sino el murmullo bajo de dos voces demasiado familiares.

—¿Vieron? ¡Les dije que iba a despertar pronto! —protestó con voz ronca, interrumpiendo la conversación.

—¡VICK! —gritó Mar acercándose a su cama y apretándole la mano como si se le fuera la vida en eso—. Dios mío, casi me muero del susto.

—Otra vez vos, dramática —bromeó débilmente—. Estoy bien… creo.

—¡No tenés idea del susto que nos diste! —intervino Bil, con expresión seria pero con los ojos brillosos—. El hospital se paralizó. Hasta Lionel parecía humano.

—¿Y ustedes qué saben de Lionel? —preguntó, apenas incorporándose un poco con ayuda del respaldo—. ¿Desde cuándo son tan observadores?

—Desde que lo vimos salir de esta habitación con cara de que el mundo se le estaba desarmando —respondió Mar con una sonrisa pícara—. ¿Qué está pasando ahí, Vicky?

—Nada... —musitó, evitando sus miradas—. Es solo un bruto. Un bruto con acento italiano.

—Ah... italiano. Ahora todo tiene sentido —se burló Bil—. No sabíamos que tenías debilidad por los europeos.

—No tengo debilidad por nadie. Solo me salvó la vida, me habló en otro idioma, y... me hizo sentir como si estuviera en casa. Una pavada.

Ambos amigos intercambiaron una mirada silenciosa.

—Bueno, dejemos las pavadas para después —dijo Mar, levantándose—. Vamos a buscarle algo de comida decente a esta paciente de elite.

—Y a preguntarle a ese enfermera linda si me quiere pasar su número —agregó Bil, haciéndola reír por primera vez en días.

Cuando salieron, Vick se quedó sola apenas unos minutos. El silencio se llenó con el sonido regular del monitor cardiaco. Respiró hondo, dispuesta a cerrar los ojos, cuando la puerta se abrió otra vez.

Y entró su madre.

La figura de Sonia, alta, impecable como siempre, contrastaba con la fragilidad del cuarto. Pero apenas la vio, Vick sintió que tenía cinco años otra vez. Y las lágrimas le picaron sin aviso.

—Mamá…

Sonia se acercó sin decir nada, la abrazó con cuidado y la besó en la cabeza. Vick apoyó la frente en su pecho, sintiendo cómo la calma que sólo una madre puede dar le bajaba por la espalda como una caricia.

—Perdoname, hija —susurró Sonia—. Perdoname por no haber estado más antes. Pero estoy ahora. Estoy acá.

—Ya estás acá, y eso basta —respondió Vick, con voz temblorosa.

Se quedaron así un momento. Luego, la madre se sentó al borde de la cama y, mientras hablaban de lo que había pasado, alguien golpeó suavemente la puerta.

—¿Puedo pasar? —dijo Mark, asomando la cabeza.

Clara levantó la vista, con gesto curioso.

—¿Y este quién es?

—Soy… su novio —respondió Mark con una sonrisa de suficiencia, entrando con un ramo de flores en la mano.

La mandíbula de Vick se cayó. Literalmente.

—¿Qué decís? —preguntó entre dientes.

—Bueno, era para facilitar el acceso, me pareció un detalle menor —murmuró Mark solo para ella, sin darse cuenta de lo que acababa de provocar.

Clara parpadeó un par de veces, entre atónita y sonriente, mientras tomaba asiento más erguida.

En ese momento, la puerta volvió a abrirse unos centímetros… pero nadie entró.

Solo se escuchó el ruido del picaporte soltándose. Y luego el suave clic de la puerta cerrándose otra vez.

Del otro lado de la puerta, Lionel seguía quieto. Estaba a punto de entrar cuando escuchó esa voz imbécil decir:

—Soy… su novio.

Sintió un golpe seco en el pecho. Como si alguien le hubiera dado una patada sin previo aviso.
No supo cuánto tiempo se quedó ahí, pero cuando se dio cuenta, ya había soltado el picaporte.

Y se estaba yendo.

Sus pasos lo llevaron casi sin pensar a la sala de residentes. Necesitaba espacio, silencio, aire.
Pero nada de eso existía en su cabeza. Solo repetía esa maldita frase.

"Soy su novio."

¿Desde cuándo ese pelotudo era su novio?
¿Acaso Vick se burlaba de él?
¿Lo había estado usando mientras andaba de lo más romántica con otro?

No. No cuadraba. Nada cuadraba.

“Te hizo sentir como en casa”, había dicho.
“Dormí un poco más, Pitufo”, le había dicho él.
¿Y ahora resulta que ella tenía novio?




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