"Lo que empieza con una nota"
Sí, el beso me encantó.
Pero… ¿qué podía hacer yo con eso?
No era tan fácil. No es que un beso pueda reescribir todo de repente.
Y él... él parecía un golden retriever. Feliz porque le dieron un juguete nuevo que lo hace sonreír.
(Sí, me llamé a mí misma un juguete, pero no encontré otra metáfora. Perdón, autoestima en obras.)
Lionel es un chico extraordinario. Lo es.
Pero eso no quita que tenga la capacidad de romperme en mil pedacitos.
Y ese es mi mayor miedo.
Mar me lo advirtió, como siempre, antes de subirse a ese avión con destino a su sueño y lejos de todo.
“Cuídate, Vick. No te pierdas en alguien si todavía no te encontraste a vos misma.”
Y me lo dijo con esa cara de hermana mayor que a veces se le escapa, como si pudiera ver más allá.
¿Seré suficiente para un chico que parece sacado de Disney?
¿Cómo podría él amarme si yo todavía no aprendí a quererme ni en lo mínimo?
¿Cómo se abraza a alguien que está rota en lugares que ni sabe nombrar?
Tengo defectos por todas partes. Un corazón más frágil que una rama atrapada en el derrumbe de una montaña.
Me caigo fácil. Me rompo fácil.
Y lo peor… a veces ni yo me soporto.
Ejemplo: Lucas.
Ahora anda todo tiki-taki, madurito, zen.
Pero antes... antes me lastimó.
Y aunque terminamos bien, no fue ese "bien" que una persona realmente quiere.
Fue un “bien” que suena más a "al menos no terminamos odiándonos".
Ese es uno de mis miedos con Lionel.
Que se canse.
Que un día despierte y diga: “No, gracias, esto es demasiado.”
Que no aguante todo lo que soy.
Que me vea como yo a veces me veo:
Una pibita del demonio, versión sensible, ansiosa, y emocionalmente inestable.
Ja.
la charla después del beso, su manera de bromear, de coquetear conmigo.
No quiero ilusionarme, así sucedió con Lucas y lo lleve todo a la mierda.
Pero sé que Lionel es diferente, el tiene ese “Algo” que hipnotiza hasta a la menos inesperada, yo creí que no caería en su juego, que sería diferente y ahora me encuentro en un torbellino de pensamiento sobre sus labios tocando los míos, sobre casarnos, tener nuestro propio hospital, el con gato will, yo con juanita y tal vez el galgo que mi madre jamás me permitió tener..
> Ya estás más ilusionada que la lectora que está leyendo esto por la persona que le gusta. pelotuda
Estoy en una cadena “Lo amo- lo odio- lo quiero- lo detesto- es un sapo bruto- es el posible amor de mi vida.”
Soy indecisa.
Lo sé.
Pero también soy yo. Y aunque no sepa cómo termina esto con Lionel...
Ya empezó. Y eso, me guste o no, ya no tiene marcha atrás.
estaba paseando, necesitaba una caminata, hoy no tenia practicas, asi que estuve en la pastelería ayudando a mi mamá.
Y de repente me quedé ahí, mirando la facultad de moda, sintiéndome como el borrador de un diseño que nunca se terminó.
Hasta que escuché una voz familiar:
—¡¿Vick?!
Parpadeé, medio confundida.
Porque entre tanta perfección y telas colgando, apareció ella.
Olivia.
Con su mochila al hombro, el pelo recogido en un rodete caótico que solo a ella le queda bien, y unas gafas de sol sostenidas en la cabeza como si saliera de una editorial.
Pero no era la “novia de Max” ni la “posible confidente de Lionel”.
Era Olivia, mi amiga.
Aunque todavía no sepamos cuánto.
—¡No puedo creer que estés acá! —dijo sonriendo mientras se acercaba a mí con pasos grandes y seguros—. Justo estaba saliendo de clase.
—Ah… sí, vine a… —Mentí. Obvio. ¿Qué iba a decir? “Vine a hundirme emocionalmente justo frente a donde vos estudiás porque estoy enamorada de un Grecco inestable”.
No.
—¿Estás bien? —preguntó, con esos ojos llenos de verdad.
Y ahí se me desarmó un poquito la armadura.
Porque no me preguntó “¿qué hacés acá?”, ni “¿venís a buscar a alguien?”, ni me juzgó por mi cara de angustia.
Solo se quedó, conmigo.
—Más o menos —admití, encogiéndome de hombros—. Me agarró un día medio raro.
—Raro como en “me quiero ir a casa y ver pelis malas con helado” o raro como en “necesito hablar con alguien que no me interrumpa”?
Sonreí. Y me dieron ganas de abrazarla.
Porque Olivia tenía esa habilidad: te leía el alma sin siquiera abrir un libro.
—Las dos —le dije.
Ella se rió suave y me tomó del brazo con total naturalidad.
—Bueno, justo tengo una horita libre antes del próximo taller. Vamos a caminar. Te invito un café y me contás lo que se te cante. Sin presiones. Sin filtros. Solo amigas.
Amigas.
Esa palabra me acarició el corazón como un bálsamo.
Porque no sé qué va a pasar con Lionel.
No sé si mi corazón está listo para otra guerra.
Pero tener a alguien como Olivia al lado, aunque sea por un rato, me hace pensar que tal vez… tal vez no estoy tan sola en esta historia.
llegamos a la cafetería.
me pedi un cafe frio con saborizante de vainilla y fui con Olivia a sentarnos a las afueras del local,
— mmm ¡está delicioso esto!— dije disfrutando de mi cafe.—- había olvidado que eras estudiante de modas. vos sos diseñadora de modas y Max era, eh..
— Piloto de avión, yo no podría olvidarme de tu maravillosa carrera como cirujana cardiovascular. sabiendo que tengo a alguien que habla mucho de vos.
— wow, Max si que la jugó bien con sus sueños, piloto de avión. ¿Quién es esa persona?
— el mismo que me llamó ayer para pedirme que hablara con vos. y por el que supongo que estas tan atormentada en un mundo o tal vez en un beso en tal azotea con un muchacho que habla en italiano.—-comentó sonriendo
—Ay, Dios… ese Grecco.
—¿De verdad te llamó?
Olivia asintió, dándole un sorbo a su café como si no acabara de tirar una bomba nuclear emocional.
—Sí. Y no solo me llamó… me pidió que te cuidara.
—¿Que me qué?