"Un idiota enamorado"
—¿Entonces oficialmente estás saliendo con el menor de los Greccos? —dijo Mar del otro lado de la pantalla mientras comía helado, con esa sonrisa de “ya sabía algo” que la caracteriza.
—Se puede decir que sí, que oficialmente estoy saliendo con Lio… —le respondí, aún con una sonrisa tonta en los labios—. No sé cómo pasó, ni en qué momento, pero les juro que fue lo mejor que viví en mi vida. Lo quiero para toda mi vida… —mi voz se quebró un poquito, pero no me importó.
—¡Lo sabía! —rió Mar—. Te lo dije, Vick, ustedes tienen algo que nadie puede negar. ¡Me alegra tanto que al fin lo admitas oficialmente!
—Sí… es raro, ¿sabes? Después de tanto juego de miradas, peleas y tensión, ahora todo se siente tan natural… tan nuestro —susurré, dejando escapar un suspiro de felicidad.
—Y vos, ¿qué sentiste cuando… bueno, cuando realmente te diste cuenta de que Lio te quiere tanto como vos a él? —preguntó Mar, curiosa, mientras daba otra cucharada de helado.
—Ufff… —me mordí el labio—. Fue como si todo mi mundo se acomodara de repente. Como si todo lo que estaba roto encontrara su lugar… y ese lugar es él. Lo siento en cada latido, Mar. Cada. Latido.
—Ay, Vick… —suspiró ella, riendo un poco—. Sos un desastre romántico, ¿sabés? Pero me encanta verte así.
—Sí… y no quiero que cambie nunca —dije, dejando que mi corazón sonriera por dentro—. Aunque, con Lio, nunca hay momentos aburridos, así que supongo que estoy preparada para todo.
— No sabes lo que me alegra escucharte hablar así, ni con lucas lo hacías, espero y el no te haga daño aunque con la advertencia que le deje antes de irme lo dudo—Murmuró Mar riendo al recordar lo que le dijo aquel día— Estoy segura que ustedes son más que el uno para el otro..
—Ojalá… —suspiré, jugando con el mechón de pelo que siempre se me escapaba—. Sabes, siento que él es el indicado, y por eso mismo me siento mucho mejor que con Lucas. Con Lio todo es distinto… no tengo que forzar nada, simplemente fluye.
—Claro, porque con Lucas eras vos la que ponía el noventa por ciento y él apenas el diez —bufó Mar, arqueando una ceja—. En cambio, con Lio… hasta a la distancia se nota que es recíproco.
—Sí —asentí, mordiéndome el labio para ocultar la sonrisa boba que no quería irse de mi cara—. Es como si me mirara… y me viera de verdad, ¿me entendés? No solo la estudiante, no solo la hija de… sino a mí.
Mar se quedó en silencio un segundo, y después sonrió con ternura.
—Te juro que si no lo hubiese conocido en persona, pensaría que ese Grecco es un invento tuyo, como esos novios perfectos que una se imagina a los quince. Pero no, él existe. Y está re loco por vos.
—Sí… —susurré, bajando la mirada porque mis mejillas ya ardían.
—Bueno, basta de cursilerías que se me derrite el helado —rió Mar—. Igual, quiero updates diarios, ¿eh? No me podés dejar afuera de esta historia de amor.
—Prometido —le guiñé un ojo, justo cuando mi celular vibró sobre la mesa.
El nombre que apareció en la pantalla hizo que el corazón me diera un salto.
Lionel.
—¿Y ahora qué? —canturreó Mar, espiando desde la cámara—. ¡Atendé, dale!
Con una sonrisa nerviosa deslicé el dedo para contestar.
—¿Hola?
—Hola, bruta —su voz grave se coló al otro lado de la línea, provocándome un cosquilleo inmediato en el estómago—. ¿Sonrisa tonta activada?
—¡Qué decís! —me tapé la cara con la mano, como si él pudiera verme—. Estaba… hablando con Mar.
—Lo sé —dijo seguro, y lo imaginé con esa media sonrisa arrogante que tanto me sacaba de quicio—. Te escucho feliz, y quiero ser el culpable de eso siempre.
Mar abrió los ojos como platos y me señaló con la cuchara de helado, obligándome a activar el altavoz.
—Grecco, más te vale cumplirlo —intervino ella, entre risas—. Te dejo a mi mejor amiga, pero la quiero entera, ¿eh?
—Descuida, Mar —contestó Lio sin titubear—. Entera no sé, pero feliz… te lo prometo.
Yo ya no sabía si reír, llorar o desmayarme.
—Bueno, basta, corten que esto parece una novela —dijo Mar con dramatismo, y después agregó bajito:— Te quiero, amiga.
La pantalla se oscureció cuando terminó la videollamada, dejándome sola con la voz de Lio todavía en la línea.
—Entonces, ¿te paso a buscar mañana? —preguntó él, con esa calma que siempre me desarmaba.
—¿Mañana? ¿Para qué? —pregunté, aunque mi corazón ya estaba latiendo como si lo supiera.
—Para nuestra primera cita oficial, Vick.
— Lio, y que tuvimos hace unas semanas?, claramente era una cita o no?— Pregunto confundida— al menos que vos no la hayas tomado como una cita..
— ¿Qué?, No, osea, claro que la tome como una cita, fue la mejor que tuve en mi jodida vida, y la que más me costó hacer, y valió la pena todo el esfuerzo. pero quiero tener otra, una mejor, quiero entregarte el mundo, pitufo, y quiero que tengamos diferentes experiencias, me encantaría hacerlo con vos, ¿entendes?— dijo un poco agitado, al parecer estaba corriendo, o es porque hablo muy rapido tratando de arreglar mi inseguridad— ¿Me escuchas?, Preciosa
—Sí, te escucho —dije bajito, sintiendo cómo las palabras me hacían un nudo en la garganta.
—Entonces decime que sí, Vick. Decime que vas a dejarme sorprenderte otra vez.
Me mordí el labio, intentando contener la sonrisa que ya se me escapaba.
—Está bien, Grecco… acepto. Pero solo porque quiero ver hasta dónde llega eso de “entregarme el mundo”.
Él rió del otro lado, esa risa grave que siempre lograba encenderme el pecho.
—Perfecto. Entonces mañana a las ocho paso por vos. Y preparate, pitufo… porque esta vez no pienso conformarme con menos que tu mejor sonrisa.
Colgué despacio, con el corazón acelerado como si hubiera corrido una maratón.
Me quedé mirando la pantalla apagada del celular, todavía con la voz de Lionel resonando en mis oídos.
Mañana. A las ocho.
Una cita oficial.