Brutos de amor

capitulo 18

"Un wacho irresistible"

Desperté abrazada a él. Quién diría que un Andes bruto podía dormir como un bebé.

—Dejá de mirarme como una acosadora. Si necesitás un autógrafo, solo decímelo, linda —murmuró, medio dormido.

—Boe, loco, ni que fueras Messi. Che, buenos días, por cierto —dije riéndome mientras me levantaba y agarraba mi mochila para buscar mi ropa y bañarme.

—Buongiorno, amore mío. ¿Qué hacés? —pregunta, dándose vuelta para verme.

—Jugando al pool —digo, bromeando.

—Nah… ¿para qué pregunto? ¿Te vas a bañar? —dice, saliendo de la cama para buscar su mochila.

—Sí, ¿por qué? ¿Querés venir? —le digo riéndome por la cara que puso.

—Victoria, intento ser un caballero con vos. No seas pervertida, linda —responde, largando una carcajada.

Yo también me río y voy al baño.

—Ups, qué atrevido, Lionel. No dijiste que no. Miralo al loquillo, eh.

—Shhh, atrevida vos —me contesta.

—¿Yo?, no sé de lo que me estás hablando, yo soy un pan de Dios—murmuró colgandome del marco de la puerta y poniendo carita de ángel

— Ay dios.. vaya a bañarse señorita, antes que no me contenga

*

Me reí bajito, sintiendo el calor que me subía hasta las orejas.
—Tranquilo, Rambo, no me voy a escapar —dije, entrando al baño y cerrando la puerta despacito.

Mientras el agua caía, escuché cómo él andaba dando vueltas por la habitación, tarareando algo que claramente no sabía cantar. Sonreí sola, porque así era él: un despelote hermoso.

Cuando salí, envuelta en la toalla, lo encontré sentado en la cama, descalzo, el pelo todo despeinado y la remera medio torcida. Me miró de arriba abajo sin disimular.

—¿Qué mirás? —le dije, levantando una ceja.

—La obra de arte que tengo de novia —respondió, apoyando los codos en las rodillas, con una sonrisa tan descarada que casi me hace olvidarme de respirar.

—Sos un exagerado —dije, caminando hasta mi mochila.

—No… soy honesto —se levantó y vino hasta mí, apoyando una mano en mi cintura, suave, como si tuviera miedo de romperme—. Y si no me voy ahora mismo, honesto también sería un problema.

—Ah, ¿sí? —pregunté, mirándolo desde abajo, todavía con la toalla apretada contra mí.

—Sí —susurró, acercándose—. Porque me hacés perder la cabeza, Vicky.

Me mordí el labio, intentando no derretirme.
—Y vos hablás demasiado para alguien que dijo que era un caballero.

Soltó una risa ronca.
—Sí, bueno… vos empezaste, señorita pan de Dios.

—Yo no hice nada —repliqué, empujándolo suavemente en el pecho.

—No, claro… nada —dijo, dándome un beso rápido en la mejilla y alejándose antes de que pudiera responder—. Dale, cambiáte. Después me toca a mí.

Lo seguí con la mirada, negando con la cabeza.

—Sos insoportable —le dije.

—Y vos me adorás —contestó sin darse vuelta.

Y la peor parte… era que tenía razón.

me termine de cambiar y le avise que ya estaba, el agarra su ropa y se fue a bañar.

había olvidado mi gloss en el baño..

— mierda..—-susurre. me dirigí hacia la puerta del baño toque y espere que respondiera

— ¿Qué sucede pitufo?, ahora queres verme mientras me baño o qué?, señorita atrevida

—Dejá de decir boludeces —respondí a través de la puerta, aunque ya estaba sonriendo como una idiota—. Me olvidé el gloss, nada más.

—Ajá… —contestó él, claramente divertido—. ¿Y necesitás permiso oficial para entrar? Si ya me viste peor que esto, mi amor.

—Callate y abrime —dije, cruzando los brazos.

La puerta se abrió apenas, dejando salir un poco de vapor. Él asomó la cabeza, el pelo chorreando, gotas cayéndole por la frente y esa sonrisa insolente que me mataba.

—¿Qué pasa, princesa de los labios brillosos? —preguntó, levantando una ceja.

—Mi gloss, Lionel. No te hagas el lindo —dije, empujando la puerta un poco para pasar.

—Es dificilísimo no hacerme el lindo cuando estás acá —respondió, reculando un paso dentro del baño, todavía sosteniendo la cortina con una mano para taparse… pero ni tanto.

Suspiré con resignación y busqué mi gloss en el estante. Lo encontré y lo levanté en el aire.

—Listo. Ya está —dije, dándome vuelta para irme.

Pero cuando quise salir, él estiró un brazo mojado y me frenó suavemente por la muñeca.

—Ey —murmuró, mirándome con esos ojos que siempre parecían saber demasiado—. ¿Por qué te vas tan rápido?

—Porque te estás bañando, genio —respondí, intentando sonar normal aunque tenía el corazón en la garganta.

—Y… ¿qué tiene? —sonrió, ladeando la cabeza—. No te iba a comer. Bueno… salvo que me lo pidieras.

—Sos un idiota —dije, pero ya estaba colorada hasta las pestañas.

—Y vos una divina —contestó él, soltándome despacio—. Andá, antes de que deje de ser caballero como dije.

—Muy tarde para eso —repliqué, abriendo la puerta.

—Pero te gusta —me gritó desde adentro, seguido de su risa.

—Cerrá el orto, Lionel —respondí, sin poder evitar reírme también.

Y ahí entendí que entre sus bromas, sus miradas y su voz ronca… yo estaba perdida.

*

Me tiré en la cama, todavía riéndome sola.
Era un pervertido vestido de caballero, sí… y lo peor es que le salía tan natural que ni ganas me daban de discutirlo.
Este pibe me iba a volver loca en cualquier momento.

A los pocos minutos escuché que se abría la puerta del baño. Salió con el pelo mojado, una toalla en la cabeza y otra en la cintura, como si fuera el dueño del mundo. Y claro, él actuaba como si lo fuera.

—¿Qué mirás, hermosa? —preguntó, pasando una mano por su pelo chorreado.

—Nada, rey celta —dije, sentándome—. Mirá que después decís que yo soy la atrevida.

—Porque lo sos —contestó él, caminando hacia mí con esa sonrisa que pareciera que ensayó frente al espejo… pero no, era peor: le salía sola—. Pero tranquila, me gusta.




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