Brutos de amor

Capitulo 23

El Ranking donde debo competir”

Desde ese episodio bajo la lluvia de nuevo en sus brazos, de él todo mojado por los charcos y la velocidad de los autos, llegamos a su casa.

Está casa ya la conocía, había venido varias veces con él, no pude evitar sentir una ola de emociones, la primera vez que pise su casa.

(FLASHBACK)

Me dijo que estábamos solos, y comimos una lasaña que hizo el mismo, se había ensuciado todo haciendo la masa así que en un momento se sacó la remera como si eso a mí no me afectara en lo absoluto, yo sentía que me desmayaba, era la primera vez que lo veía sin remera, y si que tenía su fruto ir al gimnasio todas las mañanas, el señor tenía sus ravioles como le dice, Alex. Su hermano.

Esa noche después de comer esa delicia de lasaña y quedarnos a escuchar música y hablar mientras comíamos helado, a él se le dio ir a buscar unas cosas y me quedé en la sala, sola observando la casa.

—Esta casa se siente que está llena de recuerdos y emociones hermosa..—susurre.—Ya veo por qué el no quiere irse de acá jamás.

Había cuadros de lo que podrían ser sus padres con sus hermanos y él, de él solo con sus nonnos y una que me dio mucha gracia de Lionel y Alex de chiquitos haciendo el ridículo.

Me quedé mirando el celu, viendo los mensajes que me había enviado, mi mamá estaba preocupada, había olvidado avisarle que estaba con Lio.

Le respondí y me metí a insta, a mirar reels, cuando escuché unos ronroneos, era el maravilloso “Will” el famoso gato naranjoso del que tanto me había hablado Lio, Él lo llamaba Willy Wonka el naranjoso travieso.

Acaricié su pancita, estaba boca arriba en mis piernas intentando jugar con el buzo de Lio que me había prestado anteriormente.

—Veo que ya te lo ganaste, si te lo ganaste a él, te ganaste el mundo, el no acepta a las personas fácil, pero como vos sos fácil de amar, hasta Will se habrá enamorado de vos.— Dice muy de la nada apareciendo, cambiado sus ojos verdes, aún eran más intensos, a veces pienso que tiene los ojos de un gato negro, no puede tener esos ojos, son tan hermosos..

—Ay dios, me asustaste, idiota, ah y si viste yo me gano a cualquier gatito, ahora Will es mío, ya no es tuyo, eh.—le murmuró con sarcasmo

—Nah, Will es mío, y vos también, pitufo preciosa.—se tira como si nada al sillón haciendo asustar al naranjoso

—Lionel!!, lo asustaste, vení mi vida, te asusto este bobo.—le chisqueo los dedos a Will esperando a que venga conmigo

—No va a venir, estoy yo. se pone celoso, y como es eso de mi vida, yo también quiero que me digas así, eh.—me toca la nariz como si fuera un timbre intentando tomar mi atención

—Vos también sos mi vida, pero sos esa parte de la vida donde todo es un caos.—Me río, agarró sus cachetes y le doy un beso

—Y esa costumbre de besarme?, linda—sonrie como un nene teniendo la figurita de Messi por primera vez

No pude evitar ponerme roja ante su pregunta.

Él era perfecto. O bueno... tenía sus cositas, pero hasta esas terminaban pareciéndome adorables. Parecía un nene en algunos momentos, uno enorme de casi un metro noventa, pero un nene al fin y al cabo.

Quién diría que íbamos a terminar así.

De pasar a caernos mal el primer día, o mejor dicho, de que él me tratara como si yo fuera un estorbo en ese lavado, a estar compartiendo un sillón, un gato y un silencio que se sentía como casa.

—¿Qué tanto me mirás? —preguntó, arqueando una ceja.

—Nada...

—Mentira. Cada vez que decís "nada" es porque estabas pensando algo.

—Estaba pensando que sos un pesado.

—Ah, menos mal. Pensé que ibas a decir algo lindo.

Solté una risa y le pegué suavemente en el brazo.

—Vení.

—¿A dónde?

—Te voy a mostrar la casa como corresponde. No vale decir que conocés mi casa si solo viste el sillón y a Will.

—Che, qué exigente.

—Es que esta casa tiene recorrido guiado. Y yo soy el guía más fachero.

—¿No tenías otro chiste?

—No, se me terminaron en la puerta.

Agarró mi mano y empezó a caminar por el pasillo.

La casa era antigua, pero de esa forma que te hacía sentir cómoda. Las paredes estaban llenas de fotos, diplomas, dibujos viejos y pequeños detalles que parecían contar una historia distinta.

—Esta es la cocina... el lugar donde mi nonna cuando venia. y mi mamá mandaban más que el presidente.

—¿Y vos obedecés?

—Cuando tiene la cuchara de madera en la mano... sí.

Me tenté de la risa.

—¿Te pegaba?

—No... pero con solo levantar la cuchara ya entendíamos el mensaje.

Seguimos caminando.

—Acá está el patio. Con Alex jugábamos a la pelota hasta que rompíamos una maceta.

—¿Y quién la ligaba?

—Yo.

—¿Aunque fuera culpa de Alex?

—Obvio. Él era el angelito de la familia.

—No te creo ni un poquito.

—Preguntale a Sabri.

Entramos a otra habitación.

Había una biblioteca enorme llena de apuntes, libros de medicina y carpetas perfectamente acomodadas.

—Pará... ¿vos ordenás esto?

—Sí.

—¿Vos sos Lionel o te cambiaron por otro?

—Ja, ja. Muy graciosa.

Mientras él buscaba no sé qué en un cajón, encontré un álbum de fotos.

—¿Lo puedo ver?

—Sí... pero no te rías.

Eso fue exactamente lo que hice.

La primera foto era de un Lionel de unos diez años, lleno de barro, con un corte de pelo espantoso y una sonrisa enorme.

No aguanté.

—¡No! ¡Mirá esa cabeza! Parecías un Playmobil.

Lionel me arrebató el álbum.

—¡Eh! Era la moda.

—¿La moda de quién? ¿De los escobillones?

—Qué mala sos.

—Perdón... pero es que parecías un hongo.

Él resopló.

—Listo. Nunca más te muestro fotos.

—Dale, Andes... dejame seguir.

Después de un rato volvió a darme el álbum.

Las siguientes fotos eran de él con Alex y Sabrina, haciendo muecas, disfrazados en carnavales, cocinando con los nonnos...




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