Buscando a mi madre

Capítulo 100: Nace mi bebé.

Rápidamente, logramos salir del edificio, al estar enfrente del auto Jazmín empieza a llorar, su respiración se acelera mucho, ella aprieta con fuerza mi brazo y se recuesta de mí.

—¿Qué sucede?, ¿sientes dolor? —Le pregunto mientras Jia abre la puerta del auto.

—Si un poco. —Susurra ella en mi oído mientras se sostiene.

—Móntense y larguémonos de aquí —Grita Delfín ya dentro del vehículo.

—Jia cuídala mucho, no puedo dejar mi auto aquí, tú sabes como son los oficiales, ellos me culparían de este accidente y lo último que deseo en este momento es caer en prisión. —En ese instante se escucha la explosión, la parte de arriba del edificio empieza a encenderse.

Jia sale del copiloto y ayuda a mi flor a ingresar al auto. Beso, su frente y corro hacia mi carro, Delfín arranca, yo los sigo de cerca.

Salimos del barrio a tiempo, pues no hemos visto ninguna patrulla, ni a los bomberos, estamos a media hora del hospital más cercano, veo el auto de Delfín detenerse, así que me bajo del auto apresuradamente.

—¿Qué sucede? ¿Por qué te detienes? —Le pregunto a Delfín quien ya me espera con el vidrio abajo, él señala con el dedo a mi flor

—¡No puedo más! —Escucho el grito de Jazmín.

—Sí, si puedes, debes aguantar hasta que lleguemos al hospital—Jia voltea el rostro de Jazmín y le habla con calma—. Eres fuerte, desde pequeña siempre lo has sido y ahora por tu bebé debes ser más fuerte aún.

—Falta poco para llegar, no te desesperes. —Le digo asomando mi cabeza dentro del auto.

—¡No entiende que no puedo!, debo… —Grita Jazmín mientras tiene otra contracción.

—¿Te duele? —Pregunto.

—¡Qué pregunta tan estúpida! —dice Jia mientras voltea los ojos con molestia.

—Respira con calma, voy a aparcar el carro, y vengo acompañarte para irnos juntos al hospital. —Menciono con angustia, ella asiente. Estaciono rápidamente mi auto enfrente de un edificio cualquiera, voy a acompañar a mi flor en este momento tan difícil para ella, traer un hijo al mundo no es una tarea nada fácil, Jazmín requiere todo mi apoyo y mi cariño.

Al estar de regreso, observo a Jazmín acostada con la cabeza en las piernas de su madre.

—¡Alam!, las contracciones son muy seguidas. —Comenta Jia con nerviosismo.

—¡Ya viene! —Exclama con desesperación Jazmín.

Me subo por la otra puerta del automóvil, levanto su vestido y le quito su panti, ella queda al descubierto, de inmediato veo que mi hijo ha coronado, su cabeza está en la vagina de Jazmín.

—¡Veo su cabeza!, eres muy fuerte, tienes horas en trabajo de parto. —Murmuro, Jazmín sostiene con fuerza la mano de su madre.

—Deja de hablar y ayúdame de una vez. —Grita ella.

—Hija cálmate, Alam no es médico, es solo un enfermero, él no puede ayudarte y yo jamás he atendido un parto.

—Y a mí ni me miren, yo solo sé matar gente. —Habla Delfín asustado.

—¡Si puede hacerlo!, él atendió varios partos en Afganistán, díselo Alam. —Insiste Jazmín, yo estoy con los nervios de punta, atendí varios partos, pero esas mujeres no las conocía y esas criaturas que ayudé a venir al mundo no eran mis hijos, ¿y si le sucede algo a Otoniel o a Jazmín por mi culpa?

—¿Puedes hacerlo? —Interroga mi suegra, mis manos tiemblan.

—Sí, si puedo —digo tartamudeando pero tratando de ser valiente.

—Desde ayer he estado con dolores, pero muy leves. —Susurra Jazmín sin aliento mientras inhala y exhala— Pensé que eran dolores pasajeros, pero poco a poco han ido aumentados. —Concluye mientras empuja.

— ¡Dios mío!, ya no hay tiempo, debe nacer aquí mismo o puede morir asfixiado —les digo a todos.

—¡Llama a una ambulancia! —Le grito a Delfín, quien busca en su teléfono los números de emergencias, él logra comunicarse con alguien, le explica lo sucedido y le da la dirección de donde estamos.

—Hija, tú puedes. —La alienta su madre.

Jazmín empuja nuevamente, mi pequeño Otoniel es recibido por mis manos, es muy pequeño, más de lo común y eso me preocupa un poco, es rojo como un tomate, él llora con pereza, es tan tierno, no puedo creerlo,

mi hijo ha nacido, Jazmín le sonríe, Jia tiene la mirada perdida en el bebé, todos estamos detenidos asombrados viendo a esta hermosa criatura.

—No aguanto, me sigue doliendo, ¡ayúdame! —Grita, yo reacciono al escucharla quejarse. Tengo a mi bebé en brazos y no sé qué hacer para ayudar a Jazmín, las veces que atendí partos, las mujeres dejaban de sufrir luego de dar a luz.

—¡Antoni!, en la maleta hay unas cobijas, tráelas rápido. —Ordena Jia a Delfín llamándolo por su verdadero nombre, él despierta de su trance y sale del carro, en breve regresa con unas cobijas, cubro al bebé, pero al no tener con qué cortar el cordón umbilical lo coloco en brazos de su madre, quien lo sostiene con cuidado para no lastimarlo.

—La ambulancia no llega, ¿qué hacemos? —Pregunta Jia.

—Debemos llevarla al hospital. —Les digo, Jazmín observa al bebé con los ojos cristalizados.

—Aguanta mi amor.

—Está bien. —Contesta ella con una expresión de dolor en su rostro, luego le vuelve a sonreír al bebé.

—Delfín vámonos al hospital, ya no podemos esperar más en este lugar.

—Está bien, por favor llámame Antoni, ese es mi nombre, ya no soy un agente así que no tienes motivos para llamarme de ese modo, ahora somos familia—Añade él.

La ambulancia aparece, pero va a toda velocidad, así que Antoni al verla toca la corneta,

el bebé vuelve a llorar al escuchar el ruido de la sirena y la corneta, un paramédico llega corriendo con una gran caja de medicamentos, seguido de otro, este nos manda a todos a bajarnos del auto, ellos entran al automóvil, luego de varios minutos uno de los paramédicos viene a nosotros con el bebé envuelto en sus brazos.

—¿Quién es el padre?

—Soy yo. —Le contesto con preocupación.

—Cárguelo con cuidado, apenas montemos a la madre en la ambulancia usted se sienta a su lado, hay que llevarlos al hospital inmediatamente.




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