RAPHAEL
Las manos me están sudando. A pesar de que estamos bajo cero, las manos me están sudando; lo hacen desde el momento en que vi a Hannah entrar a la sala de espera. Debo adaptarme a ella si quiero que esto funcione.
La vigilo, mientras inspecciona la habitación con una expresión de desagrado. Es la misma que tenía cuando reservó la habitación. Es la misma que pongo cuando estoy al aire libre y un pájaro decide que estoy demasiado limpio y me echa sus desechos encima.
Creo que le molestó cuando se lo dije, aunque no me importa, he notado que cuando algo no le gusta sus mejillas se tornan de un leve tono rojizo, es adorable.
Cuando salimos del avión también se sonrojó, solo que sus ojos brillaban y sonreía abiertamente. Hannah tiene una sonrisa hermosa, aunque he notado que sonríe más cuando dice alguna frase sarcástica.
Está revisando el pequeño closet que está contra la pared, ha metido la cabeza casi por completo, no comprendo por qué está revisando tanto la recámara.
—Sigues teniendo cara de que te cagó un pájaro —repito, aunque no puedo verle más que la espalda, estoy seguro de que su expresión no ha cambiado.
—Eso es por tus ojeras, estoy buscando donde esconderme para que no me asustes. —Se voltea con sus adorables mejillas sonrojadas.
—Me han dicho que mis ojeras son sexys —digo, intentando contener la risa que me provocó.
—Son tan adorables que dan miedo, te voy a regalar un producto para que las elimines, aunque dudo que sirva de algo. —Voltea la cabeza a los lados, como si estuviera buscando lo que le falta por revisar.
—¿Ya estamos en la etapa donde nos regalamos cosas? No sabía que nuestro noviazgo estaba tan avanzado.
—Mi abuela dice que en navidad debemos hacerle regalos a los más necesitados, justamente eso haré, espero no morir horrorizada antes de que llegue el día.
Tapo mi boca con una mano intentando ocultar mi risa, sin embargo ella lo nota, frunce sus labios acentuando su expresión de desagrado y vuelve a darme la espalda, solo que esta vez va en dirección al baño.
—¿Así tratas a tus clientes y modelos? —exclamo, con un tono indignado.
—Me alegra que te preocupes —grita desde el baño—. Pero tienes un trato especial, digno de ti.
—¿Digno de mí por qué soy tu novio o por ser famoso y extremadamente guapo?
—Por ser mi novio falso, mereces lo mejor de mi.
—Gracias, me siento honrado.
—De nada.
—¿Serás así conmigo delante de tú familia? —Me siento en el colchón y reboto para probar que tan mullido—, pregunto porque cada vez que me miras parece que te doy asco, nunca pensé que le resultaría tan feo a una mujer.
—No me das asco. —Sale del baño y camina en mi dirección—. Me incomoda la situación, no me gusta mentir. —Antes de que llegue a mí lado, ese olor que me ha estado persiguiendo todo el día impregna mis fosas nasales. Inevitablemente inhaló profundo—. Y no eres feo, si no tuvieras esas ojeras me resultarías bastante atractivo, lástima que las tienes.
—Creo que en realidad te gustan y no lo quieres admitir.
—No, no tengo que admitir algo que no es real.
Extiende el brazo, su piel toca la mía mientras toma el bolso que está a mí lado. Su olor es incluso más intenso ahora que está a mí lado. Me gusta, me gusta mucho.
—Si no te gusta mentir ¿Qué hago aquí entonces?
—Porque a mí familia le hace ilusión conocer un novio mío, les daré ese gustito así sea por una vez en la vida.
Se coloca la cartera en el hombro y sin decir nada más, sale de la recámara dejándome solo.
¿Será que Hannah es lesbiana? Porque si no escuché mal, dijo que les dará el gusto de presentarles un novio una vez, y yo ni siquiera soy real. Si es así entonces tiene lógica, o eso creo. Quizá debería preguntarle para estar seguro, en el documento del tamaño de un libro que recibí no estaba esa información.
¿Y si todavía está dentro del clóset? Quizá todavía no tenga la valentía o razones suficientes para salir. A parte de la información que me proporcionó la investigué en redes, por más tiempo del que quiero admitir y en ningún momento vi siquiera una mención de que tuviera pareja, ni siquiera rumores en páginas amarillistas.
Hannah no tiene rumores ni nada relacionado con su vida personal en internet, solo ha concedido unas pocas entrevistas donde únicamente habla de su trayectoria en el mundo de la moda, después todo lo que tiene que ver con ella es sobre su trabajo. Entendí por qué cuando enfrenté a Zoé ella me dijo que la persona con la que iba a estar no dañaría mi imagen.
Mientras observé las fotos que hay de ella en internet llegué a una simple conclusión, Hannah es fantástica. No sólo se ha convertido en una de las mujeres más jóvenes influyentes en la moda en París, por no decir que a nivel mundial, sino que se ha mantenido fuera de la farándula de una manera excepcional, también, su belleza rivaliza con la de las supermodelos que generalmente modelan sus piezas.
Me froto la nuca y me pongo de pie, debo ducharme y antes de que ella llegue. Aunque, primero debería intentar conseguir algo de ropa para dormir, ya que mi equipaje lo envié hace tres días junto con el de Hannah.
Salgo al pasillo e instintivamente la busco, no hay rastro alguno de ella, supongo que habrá salido a hacer algo. Cuando veníamos de camino divisé una pequeña tienda al otro lado del hostal, iré a ver si encuentro lo que necesito allí.
Casi siempre que estoy al aire libre en lugares públicos intento pasar desapercibido, nunca se cuando me voy a topar con algún paparazzi o fans que quieren fotografías o autógrafos, no me molesta interactuar con mis fans, pero se a ciencia cierta que si me topo con un solo es cuestión de tiempo antes de que llegue una orda. Es difícil salir rápido del lugar cuando muchos fanáticos te están rodeando.
Levanto la capucha del abrigo y cubro mi cabeza con ella, tengo varias capas de ropa puesta, pero aún así al pisar fuera del hotel siento que el frío empieza a llegar a mis huesos, meto las manos en los bolsillos y camino por la acera cabizbajo hasta llegar a la tienda. Al Entrar, una campanita suena sobre mi cabeza y el calor del calefactor elimina el temblor de mis dedos en segundos.