Raphael
La familia de Hannah es demasiado alegre y acogedora en comparación con lo malhumorada y sarcástica que es ella conmigo, aunque hasta cierto punto la entiendo. Si yo estuviera en su situación sería lo mismo, solo que no pagaría mi enojo y frustración con otros.
Creo que se siente así, tan incómoda conmigo a su alrededor porque es lesbiana, hace unas horas cuando estábamos en la cocina casi le pregunto; pero ese no es un tema que me incumbe, a menos que ella decida lo contrario.
Pongo un brazo por encima de sillón, cuidando no tocar sus hombros, es una acción que parece cariñosa, y lo sería aún más si pudiera abrazarla, así sea solo rodeando sus hombros; pero no quiero que se ponga como un palo de nuevo. Ella está distraída hablando con su cuñada, que acaricia su abultado vientre, la panza la tiene tan grande que parece que va a explotar, es una mujer bastante amable, ella también me saludó con un abrazo y me permitió sentir las patadas del bebé, es la primera vez que hago eso y me entraron ganas de tener un hijo yo también; Inuuk me dijo que su mamá está a punto de dar a luz y que por eso parece una pelota —sus palabras, no las mías—.
El hermano de Hannah, Hans, sale de la cocina con dos jarras llenas de cerveza, he descubierto que la cerveza de aquí es una de las mejores que he probado.
—¿Ya han pensado en tener bebés? —nos pregunta Hans, una vez que se ha sentado al lado de su esposa frente a nosotros.
—Hannah cree que es muy pronto para hablar de eso —respondo, antes de que ella lo haga—. Aunque, yo sí quiero tener un hijo con sus ojos y su cabello.
—Voy a pensar a creer que estás conmigo solo por eso. —Me mira de una manera acusadora y luego a su hermano—, y tú cómo hermano mayor no deberías estar mandándome a tener sexo.
Él se ríe mientras toma de su cerveza, en el poco tiempo que tiene aquí se la ha pasado molestando a Hannah, y ella cae redondita ante sus provocaciones.
—Yo solo quiero ser tío, no me importan tus métodos.
—¿Por qué no mejor les preparas la cabaña para que tengan más espacio y privacidad? —Su mujer le habla, y a pesar de que lo que dice no parece ser un reproche, su tono dice lo contrario.
—¿Nuestra cabaña? —le pregunta, con la voz más aguda de lo normal.
—Sí, ya que quieres que ellos tengan hijos, prepara la cabaña para que duerman ahí.
Él la mira con la boca abierta, se pone de pie y le pone las manos en los hombros, nos das la espalda mientras la mira con las mejillas rojas.
—¿Acaso estás loca mujer? Como esperas que yo le dé las llaves de nuestra cabaña a mi hermanita para que folle.
Me muerdo los labios intentando no reírme. La actitud de Hans cambió de un momento a otro y ahora parece que va a explotar. Me dan ganas de decirle que no se preocupe, que nunca voy a follar con su hermana porque es lesbiana y es imposible que yo llegue a gustarle, pero me trago las palabras y, en cambio, volteó hacia donde Hannah, que se está tapando la cara con una mano y mueve la cabeza.
—Tú eres el que está pidiendo sobrinos, y hace nada dijiste que no te importaban los métodos —se quita las manos y él con una mirada de reproche mientras vuelve a sentarse.
—Pero…
—Vas a preparar la cabaña, la vas a limpiar, vas a revisar los quemadores y la calefacción y les darás las llaves cuando esté lista, tienes dos días para hacerlo —dice, dejándolo con las palabras en la boca.
—A mí no me das órdenes.
—Yo te ordeno lo que quiera y tú vas a hacer lo que te diga, ahora vete a revisar si el niño está durmiendo.
Sin decir nada se pone de pie y se va, lo observamos subir las escaleras hasta que lo perdemos de vista.
«Diosito, dame una mujer que me controle a mí también» aclamo mirando hacia arriba.
—Que bien domado lo tienes —exclama, Hannah a mi lado.
—No ha sido fácil, querida, a tu hermano le ha costado un poco entender que nuestra relación en realidad es una dictadura y la que sabe soy yo.
Esta vez no logro aguantar las ganas de reírme, la cuñada de Hannah también lo hace conmigo.
—Gracias por pedirle lo de la cabaña, no sé cómo vamos a dormir cómodos en mi diminuta cama —murmura mi novia.
—Lo sé, por eso le dije.
Intenta ponerse de pie, pero el tamaño de la panza parece que se lo impide, voy hasta donde ella y la agarro por un brazo ayudándola.
—Muchas gracias, Raphael, eres muy amable. Yo me voy a descansar, nos vemos mañana.
No es hasta que ella desaparece que Hannah me mira y me dice que subamos a la habitación, debemos acomodarnos para pasar la noche, además somos los únicos que quedamos levantados.
—Podemos dormir ambos en el piso, sería más cómodo que en tu camita de quinceañera —propongo cuando entramos y veo su diminuta cama.
—¿Podemos? —Me mira con una ceja arqueada.
—Sí, porque lo haremos juntos —explico, como si no tuviera importancia.
—Raphael, que estemos fingiendo una relación, no significa que tengamos que dormir juntos, puedo soportar que sea en la misma habitación pero no más de ahí. —Se pone las manos en la cintura, y mientras hablabas me miraba con los ojos entrecerrados.
—Tenemos que resolver tu problemita, no me gusta que cada vez que me acerque a ti, tu cuerpo se ponga como una estatua.
—Soy consciente de eso, Raphael, pero no sé qué tiene que ver eso con que quieras dormir conmigo.
—Mira, para trabajar en ello debe ser cuando estemos solos, y ¿Qué mejor momento que cuando estamos durmiendo? —Camino hasta la cama y me siento, echo un vistazo rápido a la habitación, las paredes son rosa, en realidad, casi todo es rosa; sin embargo, cuando entré no le presté atención a ese detalle, sino a la cama. Paso la lengua por mi labio inferior y prosigo—. Se me ha ocurrido que para que te acostumbres a mi cercanía, lo mejor es dormir juntos.
—¿Esa es tu idea más inteligente?
—Eso no es todo.