Rachel
Salgo de la pista detrás de las 6 niñas que forman parte del equipo infantil de patinadoras después del primer entrenamiento y las veo acercarse a sus padres, que han estado viendo todo el entrenamiento desde las gradas.
Ya les he dicho que pueden estar en los entrenamientos mientras que se sienten en la parte alta de las gradas y no interfieran en mi trabajo. Entiendo que quieran estar presentes porque no me conocen de nada, sobre todo después de enterarme de algunas cosas que hacía la entrenadora Daniels, mi predecesora.
Según me han contado los padres en la pequeña reunión que he mantenido con ellos antes de comenzar el entrenamiento, la entrenadora Daniels ridiculizaba a las niñas cada vez que cometían un fallo o les decía que no patinaban bien porque estaban muy gordas y les instaba a que se saltaran las comidas.
Además, me han dicho que muchas de las niñas que no fueron aceptadas en el equipo ni siquiera habían hecho una prueba para ver su nivel, sino que las había rechazado por su físico, por ser demasiado gordas o feas.
Al principio, los padres no tenían ni idea de lo que hacía Daniels porque tenía a las niñas amenazadas, pero una de las niñas sufrió un desmayo y, después de que le preguntarán mucho, confesó que no había comido nada en todo el día. Eso hizo que se destapara todo y que la mayoría de los padres exigieran su despido.
Da la casualidad de que los padres que no querían que despidieran a Daniels son los de las niñas y adolescentes que se han marchado de los equipos, alegando que el deporte es duro y que, si las chicas querían llegar a ser profesionales, tenían que hacer sacrificios.
Es verdad que la vida del deportista profesional es dura y que tienes que sacrificar muchas cosas, pero no a costa de la salud. Hay que tener una alimentación equilibrada y ejercitarse mucho, pero jamás saltarse comidas o cosas así.
Me indigna muchísimo que alguien pueda permitir que su hijo tenga que pasar por algo así. Eso lo único que hace es que haya tantas personas con desórdenes alimenticios.
Si algo tengo claro es que no voy a permitir que ninguna de las patinadoras a mi cargo haga algo como eso, digan lo que digan sus padres. Aunque, de momento, los padres de las patinadoras del equipo infantil parece que piensan como yo.
La verdad es que las niñas tienen muy bien nivel, aunque se les ve muy rígidas, muy tensas cuando están patinando y sospecho que es porque le tenían miedo a su antigua entrenadora.
Voy a tener que trabajar mucho para que confíen en mí, se relajen y aprendan que el patinaje artístico es disciplina, pero también es diversión.
Cuando me despido de todas las niñas y de sus padres, me dirijo hacia donde está Liza que, para mi mala suerte, está hablando con Joseph.
-¿Qué tal ha ido? Yo las he visto bastante bien, pero tú pareces enfadada.- me dice Liza cuando llego hasta ellos.
-Porque lo estoy, pero no por las niñas. Ellas son maravillosas y tienen muy buen nivel. Es, simplemente, que tengo ganas de asesinar a la idiota de Daniels.-
-Supongo que los padres te lo han contado todo.- dice Joseph muy serio.
-¿Contarle el qué?- pregunta Liza mirándole extrañada.
-¿Tú sabías lo que hacía esa loca?- le pregunto a Joseph esperando que me diga que no.
-¡Por supuesto que no! Jamás lo habría permitido. Me enteré cuando Erika tuvo el desmayo. Su hermano mayor es uno de mis jugadores y se la encontró desmayada en la puerta de los vestuarios. La trajo a mi despacho muy asustado y, cuando despertó, entre los 2 conseguimos que nos contara lo que estaba pasando.- me cuenta él, lo que hace que yo respire aliviada.
-¿Me podéis contar de qué estáis hablando?- nos pregunta Liza.
-La entrenadora Daniels les decía a las chicas que tenían que saltarse las comidas porque estaban gordas, las ridiculizaba y las trataba fatal. Y no dejaba entrar en el equipo a las chicas que, según su criterio, eran feas o gordas.- le contesto yo y eso que hace que su expresión de curiosidad cambie al enfado.
-¡¿Estás de coña?!-
-Desgraciadamente no. Por eso la han despedido, aunque algunos padres estaban de acuerdo con sus métodos.- le digo, lo que hace que se indigne mucho más.
-¿Mariposita?- nos interrumpe una voz masculina que reconocería aunque el pabellón estuviera a rebosar de gente.
-¡Tío Chris!- digo girándome hacia donde he escuchado a mi tío llamándome y voy corriendo hacia él para abrazarle.
Mi tío Chris es el hermano mayor de mi madre y me adoptó cuando mis padres murieron en un accidente de coche.
-¿Qué haces aquí? ¿Por qué no me avisaste?- le pregunto sin parar de abrazarle.
-Quería darte una sorpresa. He vuelto antes de mi viaje y pensé que podíamos salir a celebrar tu primer día como entrenadora.- me cuenta con una sonrisa.
-¿Entrenador Monroe?- escucho que pregunta Joseph, que está a un par de metros detrás de mí con Liza.
-¿Qué tal Joseph? ¿Cómo te va entrenando al equipo?- le pregunta mi tío a Joseph con una familiaridad que desconocía.
-¿Lo conoces?- le pregunto a mi tío antes de que Joseph pueda contestarle.