Calor en el Hielo

Capítulo 6 - Noche de chicas y confesiones

Rachel

Durante todo el trayecto desde el restaurante hasta el bloque de apartamentos donde viven Liza y Joseph, la que lleva la batuta de la conversación es Liza. Tanto Joseph como yo contestamos con monosílabos y puedo ver como él me mira de vez en cuando a través del espejo retrovisor interior.

No puedo creer que Joseph haya insinuado que tengo algo con Henry y que puedo aprovecharme de ello para beneficiarme en mi trabajo. ¡¿Cómo ha podido pensar algo así?!

Yo jamás haría algo como eso y no entiendo por qué, si una mujer es amigable con un hombre que tiene una posición superior a ella en su trabajo, tiene que ser porque quiere aprovecharse y ascender.

Además de que Henry para mí es como un segundo tío. Él, mi tío Chris y mi padre fueron compañeros en el colegio y en el instituto e incluso jugaron juntos al hockey en el equipo que hoy en día entrena Joseph.

Me conoce desde que nací, venía a comer a casa todos los domingos y, cuando mis padres murieron, estuvo ahí para ayudar a mi tío Chris con mi crianza.

Por eso me causa repulsión que Joseph haya pensado algo así. Podría pensar que se ha puesto de esa forma porque tenía celos de ver a Henry tan cercano a mí, pero es imposible que eso haya pasado.

Joseph me ha reconocido como esa chica de la que se reía en el instituto, pero no creo que sintiera ninguna atracción hacia mí, por lo que no tendría sentido que tuviera celos. Aunque a lo mejor, ha tenido celos de que no fuera como sus fans y estuviera todo el rato detrás de él llamando su atención.

Sí, seguramente ha sido eso. Le he herido el ego al no caer rendida a sus pies. ¡Pues va listo si cree que le voy a prestar la más mínima atención!

No quiero tener nada que ver con él y cuanto menos tiempo tenga que pasar en su compañía mejor.

Cuando llegamos a nuestro destino, los 3 nos montamos en el ascensor que va a la planta donde está el apartamento de Liza, que está en la 4ª planta. El de Joseph está 2 plantas más arriba, o por lo menos eso me ha parecido escuchar.

-¿A qué hora quieres que te lleve a recoger tu coche Rachel?- me pregunta Joseph justo cuando las puertas del ascensor se abren.

-No hace falta que me lleves. Yo me voy sola, gracias.- le contesto mientras salgo del ascensor.

-¿Qué? ¡No! Yo te llevo. Es lo que habíamos quedado antes y tu tío me matará si no lo hago.- me dice él deteniendo las puertas del ascensor antes de que se cierren.

-Ya te he dicho que no hace falta. Soy una mujer adulta que puede cuidarse sola. De mi tío me encargo yo. Que descanses.- le respondo dirigiéndome al apartamento de Liza, que me mira muy extrañada.

Ella se despide de su hermano y viene detrás de mí. Sé que le ha asombrado la actitud que he tenido con su hermano y que me va a interrogar cuando entremos a su casa.

-¿Se puede saber qué pasa entre mi hermano y tú? Y no me digas que nada porque sé cuando mientes.- me dice nada más que entra y cierra la puerta.

-Es una historia muy larga.-

-Me da igual. Tenemos toda la noche para que me la cuentes y no saldrás de mi casa hasta que lo hagas.- me dice poniéndose en plan mandona.

-Está bien, pero necesitaré ponerme cómoda y una copa de vino.- le respondo yendo hacia la habitación en la que he dormido tantas veces para cambiarme de ropa.

-¡No tardes o iré a por ti!- me grita desde la puerta de su habitación, lo que me hace reír porque sé que es totalmente verdad. Vendrá por mí si no salgo.

Cuando vuelvo al salón después de ponerme mi pijama, que consta únicamente de una camiseta del jugador de hockey favorito de mi padre que me llega por las rodillas, me encuentro a Liza, con su pijama ya puesto, sentada en el sofá con una botella de vino blanco y 2 copas encima de la mesa.

-Empieza a contar. Porque has estado muy rara desde que te dije que Joseph es mi hermano. Incluso has mentido diciendo que el hockey es aburrido, cuando sé que es tu deporte favorito.- me dice nada más que me siento en el sofá.

Yo tomo la botella de vino, nos sirvo a las 2 una copa y, después de beberme la mía de un trago, empiezo a contarle todo.

Le cuento como, cuando tenía 16 años, mis padres murieron en un accidente de coche por culpa de un conductor borracho, cosa que ella ya sabía, pero lo que no le había contado fue que, cuando tuvieron el accidente, iban a verme a una exhibición de patinaje.

Eso hizo que la chica risueña y divertida que yo siempre había sido desapareciera de un plumazo.

Me sentía culpable de que ellos hubieran muerto porque, si yo no hubiera tenido una exhibición fuera de la ciudad, ellos no hubieran pasado por esa carretera y habrían seguido vivos.

Por eso dejé el patinaje durante un tiempo y me centré en mis estudios, porque creía que era una falta de respeto a su memoria el que siguiera practicando el deporte que había causado su muerte.

Lógicamente, ya no pienso de ese modo, ya que la terapia me ha ayudado a ver que yo no tuve la culpa de nada, pero en ese momento tenía la cabeza hecha un lío.

Me había cambiado de instituto al tenerme que ir a vivir con mi tío, que vivía en la otra punta de la ciudad de donde yo vivía con mis padres.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.