Calor en el Hielo

Capítulo 8 - Tregua, por ahora

Rachel

Me despido de las niñas después del entrenamiento y no puedo evitar sonreír al ver lo felices que se van.

Al principio, les costó mucho confiar en mí, tanto a ellas como a sus padres, pero después de 2 semanas de entrenamientos la cosa ha cambiado totalmente.

Están más relajadas y eso ha influido en su forma de patinar. He conseguido demostrarles que se tienen que divertir patinando.

Hoy, por ejemplo, la mitad del entrenamiento hemos estado jugando a “atrapar la cola”. Cada una de las niñas llevaba 2 lazos atados a cada lado de la cintura y tenían que conseguir robar todos los lazos a las demás sin perder los suyos.

Para algunos puede parecer que es un juego simplemente, pero es una actividad excelente para mejorar el equilibrio, la agilidad y la velocidad y las niñas se han divertido mucho con ello.

-Se te ve bastante agotada.- me dice Liza entregándome una botella de agua cuando me siento junto a ella en las gradas.

-Un poco, pero mañana no hay entrenamiento, así que aprovecharé para descansar.- le contesto suspirando.

-Podrías venirte a casa y hacemos “domingo de chicas”.-

-No sé. No me apetece encontrarme con tu hermano.-

-¿No piensas perdonarlo nunca? Él está muy arrepentido, Rach. Se pasó un montón con lo que te dijo, pero lleva intentando disculparse 2 semanas. Por lo menos, deberías escucharle, ¿No? ¿O es que te gusta verle persiguiéndote?- me pregunta Liza y, cuando hace la última pregunta, me sonríe con picardía.

-¿Qué? No digas tonterías, Liza. Tu hermano no me gusta para nada.- le respondo, aunque no estoy totalmente segura de que sea totalmente cierto.

-Yo no he dicho nada de que te guste él. He dicho que te gusta que te persiga.- me dice con una sonrisa.

Supongo que mi subconsciente me ha traicionado y ha respondido con algo que yo no quiero reconocer, que es que me gusta Joseph.

A ver, no soy ciega, así que no puedo negar que Joseph es muy guapo, ya lo era cuando íbamos al instituto y los años que han pasado desde entonces han hecho que sea más atractivo todavía.

Pero no es sólo eso. En estas 2 semanas, lo he visto interactuar con su hermana, con los jugadores de su equipo, con mi tío e, incluso, con mis patinadoras, y he visto que realmente no es tan malo como parecía.

El otro día, cuando una de mis patinadoras que tiene 5 años se cayó, fue corriendo a ayudarla y consiguió hacerle reír en un santiamén.

Eso ha hecho que mi forma de verlo haya cambiado y es algo que me da muchísimo miedo. No quiero que me guste porque, cuando su equipo vuelva a dejarle jugar, el volverá a Canadá y no volveré a verlo.

Por eso he fingido que no lo he perdonado, porque sé que si lo dejo acercarse a mí acabaré sufriendo.

-Que te quedes tan pensativa me confirma que estás mintiendo.- me dice Liza, lo que me hace salir de mis pensamientos.

-Liza…-

-Está bien. Ya te dejo tranquila. Organicemos lo de los entrenamientos de la semana que viene para que te puedas ir a ver el partido con tu tío y Henry.- me corta Liza antes de que pueda decirle nada, así que nos ponemos a trabajar.

Estamos terminando cuando escucho unos gritos y, al levantar la cabeza, veo que Henry está discutiendo con Ronald Morris, lo que hace que me levante como un resorte y vaya hacia ellos.

-¡Rach, no!- me grita Liza, pero no le echo cuenta.

Ronald Morris es el culpable del accidente que tuve y no pienso quedarme quieta mientras veo cómo se pelea con Henry.

-¡Ohhhh! ¡Ahí llega la zorrita de Henry!- grita el infeliz cuando me ve acercarme.

-¡No voy a permitir que le faltes al respeto! ¡Ya suficiente daño le has hecho, desgraciado!- le grita Henry en respuesta.

-Tranquilo Henry. Lo que diga este mequetrefe no me afecta para nada.- intento tranquilizar a Henry, aunque yo estoy más enfadada que él.

-¿Qué me has dicho?- pregunta Ronald acercándose un poco hacia mí con gesto amenazante.

-ME-QUE-TRE-FE. Es lo que eres, entre otras muchas cosas. Es de ser muy poco hombre el ir por ahí insultando y amenazando a la gente y eso es lo que eres.- le contesto yo para demostrarle que no me asusta.

Por su cara, puedo ver que mis palabras le enfadan bastante y termina de acercarse hasta mí con intención de pegarme, pero no lo consigue.

Mi padre, Henry y mi tío Chris me enseñaron desde muy pequeña a defenderme, por lo que, cuando levanta la mano para abofetearme, le cojo la mano y le retuerzo el brazo, lo que hace que se caiga al suelo gritando de dolor.

-¡Esa es mi chica!- escucho decir a mi tío Chris. Eso hace que levante la mirada y lo veo a unos metros de nosotros con Liza y con Joseph, que me mira con cara de sorpresa.

-¡Serás zorra!- grita Ronald desde el suelo.

-¿Qué has dicho?- pregunta Joseph con cara de enfado acercándose.

-¡Otro que ha caído en las garras de esta zorra!- vuelve a gritar el imbécil y eso hace que Joseph se enfade aún más e intente llegar hasta él, pero yo me interpongo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.