Cáncer

Capítulo 9

La familia de Dilbert la recibió con los brazos abiertos.

Nunca la juzgaron por llegar con tres hijos ni por cargar una historia que muchos habrían señalado con desprecio.

Para ellos, Mariana siempre fue una más.

La cuidaron, la acompañaron y la hicieron sentir parte de una familia cuando más lo necesitaba.

Y ella, después de tantos años de pérdidas, volvió a experimentar esa cálida sensación de pertenecer a un hogar.

Dilbert también supo ganarse el cariño de sus hijos.

Jamás hizo diferencias entre ellos.

Los trató con paciencia, con respeto y con el afecto que cualquier niño merece recibir.

Para Mariana, aquello fue un alivio inmenso.

Ver a sus hijos sonreír junto a él sanó heridas que creía imposibles de cerrar.

Por primera vez en mucho tiempo, la vida parecía concederle un respiro.

Cuando le anunció que estaba embarazada, Dilbert no respondió de inmediato.

No hizo promesas.

No pronunció grandes discursos.

Simplemente sonrió.

Y aquella sonrisa bastó.

Para Mariana significó aceptación.

Esperanza.

La ilusión de que, esta vez, el destino sí les permitiría escribir un final distinto.

Meses después, a mediados de junio, nació una hermosa niña.

Tenía los mismos rasgos de su padre.

La misma mirada.

La misma expresión serena.

Era imposible contemplarla sin pensar en él.

Y, con el paso de los años, aquel extraordinario parecido se convertiría en un recordatorio constante del hombre que Mariana perdió y del dolor que nunca terminó de abandonar su corazón.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.