Para su funeral, la familia se trasladó a Cajamarca, la tierra que había visto nacer a Mariana y donde tantas personas guardaban recuerdos de ella.
Fue allí donde ocurrió una de las escenas más dolorosas de aquella despedida.
Cuando la menor de sus hijas vio el ataúd, su cuerpo simplemente no resistió el golpe de la realidad. Se desplomó ante la mirada de todos, provocando una conmoción que nadie pudo contener.
Tenía apenas trece años.
Trece años y la sensación de que el mundo acababa de arrebatarle a la persona que más necesitaba.
Ahora solo le quedaba su padre.
Una ausencia tan grande terminó empujándola a buscar refugio donde pensó encontrarlo, aferrándose a brazos que le ofrecieron consuelo en medio del dolor, aunque años más tarde terminarían causándole nuevas heridas.
El funeral reunió a vecinos, familiares y viejos conocidos. Todo el pueblo parecía tener una historia sobre Mariana.
La recordaban por su bondad, por su carácter amable y por esa capacidad de seguir adelante incluso cuando la vida se empeñaba en ponerle obstáculos.
También la recordaban por sus desilusiones.
Porque si algo parecía haberle sido esquivo, era el amor.
Muchos comentaban en voz baja que el destino había sido injusto con ella. Que después de tantas pérdidas, sacrificios y sufrimientos, no merecía un final tan prematuro.
Y quienes conocieron verdaderamente su historia coincidían en lo mismo: Mariana había cargado demasiadas heridas sobre sus hombros. Había atravesado demasiadas tormentas y librado demasiadas batallas como para que la vida le exigiera una última prueba.
Quizá tenían razón.
Pero entre tanta tristeza existía un pequeño consuelo.
Quienes estuvieron a su lado en sus últimos momentos aseguraban que no hubo agonía ni sufrimiento. Mariana cerró los ojos con serenidad, como quien por fin encuentra descanso después de una larga travesía.
Y aunque su partida dejó un vacío imposible de llenar, al menos quedó la tranquilidad de saber que, en sus últimos segundos de vida, encontró la paz que durante tanto tiempo le había sido negada.