Esta vez no hay un punto final.
No todavía.
Dilbert sigue dando la pelea día tras día, resistiendo en medio de la sombra de la enfermedad. Su historia no ha terminado de escribirse.
El futuro es una completa incógnita, esa incertidumbre amarga que le toca vivir a tantas familias en la vida real. Por ahora no queda más que esperar, aferrarse a la fe y guardar con el alma cada minuto, cada segundo que la vida aún nos regala a su lado.
Porque hay historias que no se acaban cuando nosotros queremos, sino cuando les toca llegar a su final.