En primer lugar, a Dios.
En segundo lugar, a mi familia.
Por último, a la vida.
Asimismo, a cada lector que se tomó el tiempo de leer estas pequeñas líneas y se identificaron entre aquellos fragmentos.
Si eres parte de aquellos soldados que dan su vida en cada batalla, dejame felicitarte por tu arduo trabajo.
No importa si nadie te elogia, te consuela o te felicita por simplemente ser tú y seguir aquí.
Independientemente de cual sea el resultado, nunca te rindas.
Para cuando la luz nos ciegue y nos llegue el final, estemos orgullosos de nosotros mismos.
Hasta luego.