-Mi pequeña mariposa, tu existencia es mi vida entera. No tienes idea de lo feliz que soy desde que nos casamos. Podría morir mañana mismo con una sonrisa en el rostro después de besarte.
Nadie imaginaría que sus palabras llegarían demasiado lejos para mí, el me estaba preparando para su muerte pero yo jamás estaría preparada para verlo partir.
Me dejó con el corazón hecho pedazos.
Me juró que jamás derramaría una sola lágrima por su culpa. Me lo prometió mirándome a los ojos y me mintió de la forma más vil.
Vuelve a mi vida, amor.
No se como hacerlo sin ti.
No puedo ni quiero seguir en un mundo donde tú no estás.
No puedes hacerme esto por favor.
Quiero escuchar tu voz por última vez.
Quiero ir contigo y con nuestro hijo.
Me siento sola, vacía y rota.
Ven por mí.
Dime que me amas otra vez porque yo te seguiré amando hasta que la muerte se apiade de mí y me reciba en sus brazos.
Y ruego a Dios, con todas mis fuerzas, que ese bendito día no tarde en llegar.
—Cuaderno de notas hallado entre las pertenencias de Mariana, el día de su funeral junto a un puñado de capulies disecados en perfecto estado.