Cangrejo De RÍo: Obligado A Ser El MÁs Rico

Capítulo 4 · La primera lluvia de dinero

Mateo estaba en su sitio. Es decir: silla inclinada hacia atrás, pies sobre la mesa, una mano en el reposabrazos y la otra sujetando el móvil a la altura de los ojos. Llevaba así desde que había llegado. Había despachado tres partidas del FIFA en la tablet —bueno, las había perdido— y estaba viendo un capítulo de La que se avecina con los auriculares puestos. La pantalla del portátil, medio cerrada, ocultaba el código que el Sistema terminaba de reescribir mientras él jugaba. Nadie en la oficina sabía que la mitad de los proyectos que supuestamente desarrollaba Mateo se resolvían en segundo plano, sin que él pulsara una sola tecla. Él tampoco se preguntaba demasiado. La vida era más fácil así.

Eran las doce y cuarto. El becario de al lado, el de la planta de plástico que nunca crecía, se levantó a por un café y le vio la pantalla.

—Mateo, ¿eso es una comedia de vecinos o es trabajo?

—Es un análisis de mercado —respondió Mateo sin pestañear—. La comunidad de propietarios como metáfora del ecosistema empresarial. Muy profundo.

El becario asintió, confundido, y se fue. Mateo sonrió para sus adentros. El Sistema parpadeó en la esquina de su visión, como si compartiera la ironía. Había días en los que parecía que el código no solo le ayudaba a trabajar, sino que le seguía el humor.

Hoy el Sistema parecía haberse tomado la mañana libre: apenas había parpadeado un par de veces. Demasiada calma. Eso nunca era buena señal. Mateo lo sabía por experiencia. Cada vez que todo parecía demasiado tranquilo, el mundo le soltaba un susto. O un regalo. O un ingreso bancario que no entendía.

Y entonces el móvil vibró.

No era un mensaje de WhatsApp. Era una notificación del banco, dura y corta, sin emojis, sin ambigüedades. Mateo la abrió por puro automatismo, como quien mira la hora sin querer saberla.

La Caixa: Ha recibido un ingreso de 5.200,00 € en su cuenta. Concepto: Venta de excedentes electrónicos. Saldo: 5.845,63 €.

Se quedó mirando la pantalla. Cinco mil doscientos euros. ¿Excedentes electrónicos? Él no había vendido nada. Lo más valioso que tenía era la PlayStation y llevaba dos años sin actualizarla. No tenía servidores ocultos, no tenía contratos secretos, no tenía tratos con nadie. Solo tenía un piso alquilado, una deuda con el casero por el moquillo del techo y una nevera que solo enfriaba bien si le pegaban un golpe en el costado.

—Sistema —murmuró, bajando la voz para que nadie le oyera—. ¿Qué es esto?

[Ah, se me olvidó decírtelo]

[El módulo Imperio genera recursos]

[A veces se convierten en dinero real]

[Te he montado una trazabilidad fiscal completa]

[Facturas, albaranes, hasta un contrato de recogida]

[Hacienda no va a preguntar]

[No es ilegal. Es... creativo]

[De nada]

Mateo parpadeó. Leyó el mensaje tres veces. La pantalla del móvil seguía mostrando el número que no terminaba de creer. Cinco mil doscientos euros. Casi todo el año de alquiler pagado de golpe. Todo el dinero que debía al casero, todo lo que debía a los amigos, todo lo que necesitaba para dejar de mirar los precios antes de pedir una caña. Todo.

—¿Recursos? ¿Qué recursos?

[El módulo Imperio produce materias primas virtuales]

[Cuando se acumulan, las convierto en equivalentes físicos]

[Esta vez eran componentes electrónicos]

[Los vendí a Reciclajes Madrileños S.L.]

[Empresa real, factura real, impuestos reales]

[No es magia. Es algoritmo]

[Y tú eres el beneficiario]

Mateo se pasó la mano por la cara. Miró a su alrededor. Rober tecleaba en su esquina con los auriculares puestos, perdido en su mundo de código y consolas. La becaria seguía peleándose con el Excel, como si la hoja de cálculo fuera un enemigo al que debía vencer. Inés estaba en su despacho, al teléfono, gesticulando como si el interlocutor pudiera verla. Nadie le prestaba atención. Nadie sabía que acababa de ganar cinco mil euros sin mover un dedo. Sin currar. Sin esfuerzo. Sin dar explicaciones.

Se rió. Una risa floja, sin ganas, como cuando te cuentan un chiste que no entiendes del todo pero sabes que debería hacer gracia.

—Estoy ganando dinero sin hacer nada —murmuró—. Literalmente. Sin hacer nada.

[Técnicamente, algo haces]

[Respiras. Eso cuenta]

[Y te dejas llevar]

[Eso es más que suficiente]



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En el texto hay: humor, sistema, negocios

Editado: 15.05.2026

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