Cangrejo De RÍo: Obligado A Ser El MÁs Rico

Capítulo 9 · El heredero en la puerta

El Porsche Cayenne híbrido aparcó en doble fila frente al número 47 de la calle Embajadores. Era de un color gris plata que relucía bajo el sol de mediodía como si lo acabaran de encerar. La puerta se abrió y bajó un hombre de veintinueve años. Traje a medida de un sastre del barrio de Salamanca. Gafas de pasta de cuatrocientos euros. Zapatos que costaban más que el sueldo mensual de Mateo. Se llamaba Alejandro Fuster de la Vega, aunque todo el mundo lo llamaba Álex.

Miró el bajo de Start-Tech como quien mira un solar abandonado. El taller de cerrajería de al lado soltaba chispas. El bar de enfrente ofrecía menú del día a diez euros con cincuenta. Una señora con el carro de la compra pasó a su lado y le rozó el maletín sin pedir disculpas. Álex apretó los dientes y empujó la puerta.

Dentro, el aire acondicionado hacía su ruido infernal de siempre. La becaria levantó la cabeza y se quedó con la boca abierta. Rober se quitó los auriculares. Inés salió de su despacho como un resorte.

—Señor Fuster —dijo, alisándose la falda—. No le esperábamos tan pronto.

—Me gusta ser puntual. —Álex miró a su alrededor con una sonrisa que era más bien una mueca—. ¿Dónde está el técnico?

—Mateo. —Inés señaló hacia la esquina—. Ahí.

Mateo estaba en su silla, inclinada hacia atrás, los pies sobre la mesa y los ojos cerrados. Llevaba así desde las diez. La noche anterior se había quedado hasta tarde jugando al FIFA y el sueño le estaba pasando factura. Roncaba ligeramente, con la boca entreabierta.

Álex lo miró. Miró sus chanclas. Miró su camiseta del mercadillo. Miró su barba de tres días. Y su sonrisa se tensó.

—¿Es él?

—Es él.

—¿El que reescribió el algoritmo de Compralia en treinta segundos?

—El mismo.

Álex se quedó en silencio. En su mundo, los genios llevaban traje. Los genios tenían despachos con vistas a la Castellana. Los genios no dormían en sillas del IKEA con una planta de plástico al lado. Pero ahí estaba aquel tipo, en chanclas, roncando, como si el universo le importara un bledo.

—Despiértelo —dijo Álex.

Inés le dio un codazo a Mateo. Mateo abrió los ojos lentamente, parpadeó, y vio a un tipo de traje plantado frente a su mesa con cara de haber olido algo podrido.

—Perdona —dijo Mateo, incorporándose—. Estaba en una reunión mental.

—Soy Alejandro Fuster de la Vega —dijo Álex, tendiéndole una mano que Mateo estrechó con desgana—. Director de Estrategia de Ícaro Tech. Venimos a explorar sinergias con Start-Tech.

—Sinergias —repitió Mateo—. Vale.

Álex parpadeó. No estaba acostumbrado a que le respondieran con una sola palabra. En su mundo, la gente hacía reverencias. La gente le ofrecía café. La gente no decía «vale» como quien dice «me da igual».

—Me gustaría ver el código del algoritmo —continuó Álex—. El de Compralia. Tengo entendido que usted lo reescribió.

—Está ahí. —Mateo señaló su pantalla—. Mírelo.

Álex dudó. No estaba acostumbrado a que le dieran acceso sin condiciones. En su mundo, todo se negociaba. Pero se inclinó sobre la pantalla y empezó a leer.

Lo que vio no lo entendió.

Era código. Eso lo reconocía. Pero la estructura, la sintaxis, la lógica interna... no se parecía a nada que hubiera visto en el ICADE, en el IESE, en ningún sitio. Parecía escrito por alguien que pensaba en un idioma diferente al resto del mundo.

—¿Esto lo ha escrito usted? —preguntó.

—Técnicamente.

—¿Qué significa «técnicamente»?

Mateo se encogió de hombros.

—Que lo escribí yo. Pero no sé muy bien cómo.

Álex lo miró fijamente. Luego volvió a mirar la pantalla. Luego miró a Inés, que seguía alisándose la falda. Luego miró a Rober, que fingía no mirar pero miraba descaradamente.

—Volveré mañana —dijo—. Con una propuesta formal.

—Vale —dijo Mateo.

Álex salió del bajo con la sensación de haber sido atropellado por un camión conducido por un payaso. Se subió al Porsche, cerró la puerta y se quedó un minuto mirando al vacío. Luego encendió el motor y se fue.

Dentro de la oficina, Mateo bostezó. Pero entonces la línea verde parpadeó con un mensaje que le heló la sangre.

[Alerta: El sujeto "Alejandro Fuster de la Vega"]

[está vinculado al Proyecto Cangrejo de Río]

[Relación: familiar indirecta]

[No tengo más datos]

[Pero este tío es peligroso]

Mateo se quedó mirando las palabras. Las leyó dos veces. Tres.

—¿Familiar indirecta? —murmuró—. ¿Qué significa eso?

[No lo sé]

[Pero su apellido aparece en los fragmentos de memoria]



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En el texto hay: humor, sistema, negocios

Editado: 03.06.2026

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