Cangrejo De RÍo: Obligado A Ser El MÁs Rico

Capítulo 16 · No soy un genio

La carta llegó un viernes. Membrete de la Asociación de Ingenieros Informáticos. Mateo la abrió sin prestar atención, esperando otra notificación de Hacienda o publicidad del banco. Pero no era ni una cosa ni la otra.

Estimado señor Ruiz:

Nos complace informarle que ha sido nominado al premio «Joven Programador del Año» en reconocimiento a su destacada contribución al algoritmo de recomendación de Compralia, cuyo rendimiento ha sido calificado de excepcional por el comité evaluador. La ceremonia se celebrará el próximo día 22 en el Hotel Ritz de Madrid. Rogamos confirme su asistencia.

Mateo leyó la carta dos veces. Luego miró a su alrededor. Rober tecleaba en su esquina con los auriculares puestos, ajeno a todo. La becaria peleaba con el Excel de siempre. Inés hablaba por teléfono en su despacho, gesticulando como un molino de viento. Todo normal. Todo igual. Pero él acababa de ser nominado a un premio que se daba a los mejores programadores del país.

Él, que había tardado seis años en sacar la carrera.

Él, que había suspendido primero tres veces.

Él, que llevaba tres años en Start-Tech sin haber hecho nada destacable hasta que un sistema cuántico se le metió en la cabeza.

—¿Estás bien? —preguntó Rober desde su esquina, quitándose los auriculares—. Tienes cara de haber visto un fantasma.

—Estoy bien —dijo Mateo.

No estaba bien.

Esa tarde no fue al bar Manolo. Se encerró en su cuarto, se tumbó en la cama y se quedó mirando la mancha de humedad del techo. La península ibérica seguía allí, impasible, con Portugal recortado en la esquina. La bombilla seguía colgando del cable. Todo seguía igual. Pero él no. Él era un fraude. Un fraude con chanclas.

[Técnicamente, el algoritmo lo escribí yo]

[Pero tú me diste la orden]

[Así que el mérito es compartido]

—No es gracioso.

[No pretendía serlo]

[Pero es verdad]

[Sin ti, yo no existiría]

[Sin mí, tú no estarías nominado]

[Es una simbiosis]

[Como el pez payaso y la anémona]

—No me compares con un pez payaso.

[Vale]

[Eres más bien un cangrejo de río]

[Te escondes debajo de las piedras]

[Pero cuando sales, das el bocado]

Mateo resopló. No era una risa. Pero casi.

Llamaron a la puerta. Era el profesor interino, que le dejó un ColaCao junto a la cama sin decir nada. Mateo se lo bebió despacio, mirando la mancha del techo, sintiéndose el mayor fraude de la historia de la informática española. El ColaCao estaba caliente. El profesor interino tenía sus momentos.

A la mañana siguiente, Lucía apareció en el bar Manolo. Mateo estaba en su rincón de siempre, con una caña a medio beber y los ojos enrojecidos de no haber dormido. Lucía se sentó enfrente sin pedir permiso, como hacía siempre.

—Inés me ha dicho que te nominaron a un premio.

—Sí.

—¿Y por qué tienes cara de funeral?

Mateo se quedó callado un momento. Luego soltó lo que llevaba días atragantándosele en la garganta.

—Porque es mentira. Todo es mentira. El algoritmo no lo escribí yo. La oferta de Álex no la negocié yo. El dinero no lo gané yo. Soy un fraude, Lucía. Un fraude con chanclas.

Lucía lo miró fijamente. No dijo nada durante un rato largo. Dio un sorbo a su café con leche y habló.

—¿Sabes por qué me echaron de mi primer trabajo?

—No.

—Porque no encajaba. Era demasiado joven, demasiado mujer, demasiado de pueblo. Demasiado todo. Me pasé años intentando demostrar que valía. Que era lista. Que me merecía estar allí. —Hizo una pausa—. ¿Y sabes qué aprendí?

—Qué.

—Que no tengo que demostrar nada. A nadie. Hago mi trabajo. Lo hago bien. Y si a alguien no le gusta, que se aguante. —Se inclinó hacia adelante—. Tú no tienes que demostrar nada, Mateo. Ese algoritmo funciona. Esa negociación se ganó. Ese dinero está en el banco. El cómo, el porqué, el quién... eso no importa. Importa el resultado.

—Pero si yo no he hecho nada...

—Has hecho algo. Has dejado que pasara. —Lucía esbozó una sonrisa minúscula—. Eres un inútil con suerte. Pero un inútil con suerte es mejor que un listo sin suerte. Créeme. He trabajado con muchos listos sin suerte. Son insoportables.

Mateo la miró. Bajo la luz escasa del bar, Lucía no parecía tan dura. Parecía alguien que también se había sentido un fraude alguna vez. Alguien que había aprendido a vivir con ello.



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En el texto hay: humor, sistema, negocios

Editado: 03.06.2026

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