Caos y Segundas Oportunidades

Capítulo 33: Tormenta sobre la Villa y el Grito de la Vida

La naturaleza parecía haberse puesto de acuerdo con el destino. Una tormenta eléctrica de proporciones bíblicas se desató sobre la Toscana.

​En la sala de seguridad, Mateo tecleaba con velocidad frenética. Sus ojos reflejaban el brillo de los códigos.

​—Lo tengo, Adrián —dijo el niño—. El mensaje del ultrasonido no vino de fuera. Usaron un repetidor dentro de la propiedad. Estamos bajo vigilancia.

​Antes de responder, un grito desgarrador atravesó el estruendo de los truenos desde la planta alta.

—¡ADRIÁN! ¡ES AHORA!

​Adrián subió las escaleras de tres en tres. Valeria estaba aferrada a la cama, empapada en sudor y con una determinación feroz.

​—Las contracciones están a tres minutos —anunció Mía—. La ambulancia tardará al menos una hora por los caminos inundados.

​—No tenemos una hora —sentenció Valeria—. Estos niños decidieron que hoy es su estreno.

​Mientras Adrián preparaba a Valeria, la voz de Mateo llegó por su auricular:

​—Adrián, tenemos compañía. Cuatro sujetos armados en el viñedo norte. Voy a bloquear los accesos, pero necesito que te concentres allá arriba. Yo me encargo de la casa.

​Adrián tuvo que dividir su alma en dos: el padre y el guerrero.

​—Marcos, quédate con ella. Mía, ayúdala a respirar. Volveré antes de que el primer bebé llore, lo prometo.

​En la oscuridad de la villa, Adrián se movió como una sombra. No quería que el sonido del plomo fuera lo primero que escucharan sus hijos.

​Tomó un arco de caza y granadas cegadoras.

  • Mateo saboteaba las luces para confundir a los intrusos.
  • Adrián los cazaba desde las vigas y esquinas oscuras.

​Uno a uno, los mercenarios cayeron. Eran los restos de la guardia de Bruno buscando venganza.

​—Limpio, Adrián —informó Mateo—. Eran los últimos hombres de bruno.

​Adrián corrió a la habitación justo cuando un rayo iluminaba la estancia. El silencio fue roto por un sonido potente: un llanto agudo y vital.

​Marcos sostenía al primer pequeño. Pero Valeria no había terminado. Con un esfuerzo sobrehumano, dio un último empujón mientras Adrián recibía al segundo bebé.

​A las 3:14 de la mañana, en medio de una villa asediada pero invicta, nacieron Leo y Dante De la Vega.

​Valeria, exhausta, sonrió al ver a Adrián con uno de los niños en brazos antes de quedarse dormida.

​Adrián miró a sus cuatro hijos en la habitación:

  • Mateo, el guardián digital.
  • Mía, la voz de la nueva generación.
  • Leo y Dante, el símbolo de su redención.

​El "Arquitecto Blanco" podía tener células dormidas, pero Adrián tenía algo más poderoso: una familia que sabía luchar en la oscuridad para proteger la luz.




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