Caos y Segundas Oportunidades

Capítulo 34: El Cimiento de la Eternidad

Había pasado un año desde la noche de la tormenta. La villa en la Toscana ya no era un refugio de guerra, sino un hogar vibrante.

​Los muros de piedra, antes testigos de miedo, ahora lucían dibujos de Mía y esquemas tecnológicos de un Mateo que ya caminaba con la seguridad de un hombre joven.

​Adrián De la Vega revisaba en su estudio los planos de la Fundación Samuel De la Vega. Era su forma de limpiar el apellido: convirtiéndolo en sinónimo de oportunidad, no de opresión.

​De repente, unas manos cálidas cubrieron sus ojos. El aroma a jazmín lo invadió.

​—Si sigues mirando esos planos, los gemelos van a aprender a caminar antes de que salgas a jugar con ellos —susurró Valeria.

​Adrián se giró y la atrajo para un beso lento que sabía a paz.

​—Estaba pensando en lo lejos que hemos llegado, Val.

​Esa tarde, la familia celebró el primer cumpleaños de Leo y Dante. Marcos, el socio y "tío oficial", llegó con noticias que cerraban el pasado:

​—Adrián, Valeria... la Interpol confirmó la caída del último nodo en Singapur. El "Arquitecto Blanco" es ahora solo un mito. Somos, en todos los sentidos, libres.

​El brindis fue el más emotivo de sus vidas. Mateo miró a su padre con un respeto profundo:

​—Ya no tengo que monitorear las cámaras cada noche, ¿verdad, papá?

​—No, hijo. Ahora puedes usar tu genio para crear cosas hermosas, no para protegernos.

​Cuando los niños se durmieron, la villa quedó sumida en un silencio romántico bajo la luna llena. Adrián llevó a Valeria hacia la habitación principal, deteniéndola frente al ventanal.

​—¿Recuerdas cuando te dije que quería construirte un palacio? —preguntó él, desabrochando con delicadeza el primer botón de su vestido.

​—Me diste algo mejor, Adrián —respondió ella—. Me diste una verdad.

​Sin el peso del peligro, el deseo estalló con una intensidad renovada. Adrián la besó con la urgencia de sus noches como fugitivos, pero con la ternura del compromiso absoluto.

​La cargó en brazos y la depositó sobre la cama, sintiendo su risa suave contra su cuello.

— Eres mi mejor diseño, Valeria —susurró.

​Fue una noche llena de una entrega total; una celebración ardiente de haber sobrevivido a la oscuridad para, finalmente, entregarse a la luz.




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