Cartas de mamá

Una despedida agridulce

Sabit Palacios era un chico divertido y soñador que había crecido toda su vida viendo cómo las personas de su círculo formaban relaciones bonitas y saludables y posteriormente una familia, a sus 28 años había tenido dos relaciones serias y ninguna avanzo lo suficiente para formalizar con una boda u compromiso.

Viajo a una isla griega para ayudar a su hermana, cuando conoció a una muchacha más joven que él pero tan bella que en un segundo se convirtió en su mundo,

Anaís era la cuñada de su hermana, bastó algunas palabras para caer rendido ante la chica tímida y de lindos ojos claros

Duraron tres meses en un cortejo típico inglés para después comprometerse y para cuando tenían un año de conocerse ya estaban felizmente casados.

La familia de ambos estaban felices al verlos cumplir su sueño de una familia, todos podían ver el amor que se tenían y cuanto deseaban que llegaran los niños a su vida.

Anaís tenía 23 años, desde pequeña, siempre fue de enfermarse mucho por sus bajas defensas y débil sistema inmune, no obstante esto no la detuvo para cumplir sus metas y sueños, había viajado y estudiado lo que queria, para al final estar felizmente casada con el hombre perfecto, ella siempre desea estar al lado de un hombre, cariñoso, divertido, sincero, fiel y coqueto.

Justo cuando estaban cumpliendo seis meses de matrimonio, ella estaba en la clínica recibiendo los resultados de las pruebas que se había realizado dos días antes.

Se había empezado a sentir mal y estaba casi segura de que estaba embarazada por los síntomas, aunque también tenía un fuerte dolor de cabeza que pocas veces cedía.

—Te tengo dos noticias, una buena y otra mala—expreso el médico, la joven lo miro esperando que hablara.

—Como sospechabas estás embarazada pero no puedo felicitarte—ella no escuchó la última parte por la felicidad que la embargaba, Sabit deseaba tanto un hijo que era dichosa con poder darle lo que tanto anhelaba.

—Tienes un tumor cerebral y tenemos que interrumpir el embarazo para poder llevarte a cirugía—dijo al fin el hombre, Anaís lo miro y negó.

—¿Cuánto tiempo me quedaría si no entro a quirófano?—cuestiono con seriedad.

—¿Cómo dijo?—pregunto incrédulo.

—¿Cuánto tiempo me queda? Quiero que le quede claro que no pienso interrumpir el embarazo—el doctor suspiro no era la primera vez que tenía esos casos.

—Con un tratamiento suave para no dañar el feto podrías terminar el embarazo pero no creo que resistas el parto...

—Bien, vamos a hacer eso, otra cosa le pido discreción, nadie debe saber sobre esto—el hombre asintió, no podía faltar a su código médico.

Sabit al igual  toda la familia estaban felices con la noticia del bebe, los futuros padres deseaban que fuera una princesa, aunque con un varón también estarían felices.

Los meses fueron pasando y Anaís supo guardar muy bien el secreto de su enfermedad, le daría al hombre de su vida una experiencia hermosa, salieron mucho y se grabaron muchos videos.

Entrando a séptimo mes los dolores de cabeza aumentaron, lo que le hizo a Anaís empezar a escribir cartas para Sabit sabiendo que sería difícil para el superarla, no obstante deseaba que encontrara el amor y una madre para su hija.

Stacy nació en la fecha predicha, todos la recibieron llenos de dicha, Anaís la sostuvo entre sus brazos por varias horas, nadie entendía por qué no queria que ninguno de ellos la tomara pero fue cuestión de horas para que sus ojos se pagaran dejándole un semblante de calma.

—Te amo mi amor, mi príncipe americano, deseo que seas feliz y que cuides al fruto de nuestro amor, quiero que me prometas, que buscaras el amor y harás a esa mujer tan dichosa como a mí, promételo—Sabit lloro, hacía unos minutos que ella tuvo una recaída y el doctor le recomendó despedirse.

—Lo prometo princesa inglesa seré feliz y nuestra hija también, siempre te amaré...

...

Llegar a casa para Sabit y ver a su hija sabiendo que nunca más tendrá al amor de su vida fue chocante, sin embargo, sabía que debía seguir adelante.

Anaís dejo claro como queria que sucedieran las cosas e incluso le dejo un baúl lleno de cartas con las fechas que debían ser abiertas y quién debía leerlas.

La más cerca era cuando su niña tuviera seis meses de nacida y doliera un poco menos su partida...




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