Cartas para Lucía

Capítulo 5

—No, Luis. No iré a una fiesta.

Luis soltó otro suspiro nuevamente. ¿Cómo podía convencer a su amigo? Él había estado encerrado durante la última semana sin querer salir de casa más que para ir al trabajo y sacar la basura. Apenas y respondía sus mensajes de texto. Ya estaba lo suficientemente preocupado por su amigo; tanto así, que al recibir una llamada de uno de sus viejos compañeros de la secundaria informándole que pronto habría un reencuentro entre todos ellos, lo motivó a incitar a su mejor amigo para ir juntos.

Ya había pasado más de un mes desde el fallecimiento de Lucía. Luis esperaba que Víctor se animara un poco.

—No es una fiesta, es una reunión de amigos. Un reencuentro de graduación. Además, es dentro de unas… tres o cuatro semanas, creo.

—No necesito un reencuentro de graduación.

Ambos se encontraban en la cocina. Víctor, moviendo las manos sobre la cocina y encimera, preparándose unos sándwiches para desayunar junto a su café amargo favorito. Ya estaba en su atuendo de oficina, pero casual, listo para pronto partir a trabajar.

—Yo sé que piensas no necesitarlo, pero solo quiero que te distraigas un poco, amigo. No has salido de estas cuatro paredes desde hace tiempo.

Se detuvo para mirarlo.

—Porque no me siento listo.

El pelinegro abrió la boca para decir algo, pero las palabras se le quedaron en la garganta. Era cierto. No podía obligarlo a salir, Víctor estaba en su propio proceso. En su propio duelo. Sería egoísta sacarlo a la fuerza solo por pensar que es lo correcto para él.

Claro, sí, se preocupaba mucho por él. Le preocupaba que su amigo no tuviese otras ocupaciones nuevas para reemplazar las que antes tenía con Lucía. Le preocupaba que ni siquiera las buscase para intentar relajarse y olvidar sus problemas por un momento.

Tragó saliva y calmó su entusiasmo.

—Lo sé, Vic. Y tienes razón. Solo te lo menciono porque sinceramente creo que es una oportunidad par despejar tu mente del estrés. Porque creo que puede ayudarte a relajarte un poco. Pero si no quieres hacerlo, por mí está bien. Haremos las cosas siempre y cuando estemos juntos en ellas.

Víctor elevó la comisura de sus labios en una ligera sonrisa. Luis prosiguió.

—Solo tómalo en cuenta por si te interesa. Míralo como una simple reunión de amigos. Por lo que sé, no tendremos que bailar. O eso me han dicho.

En esos cortos segundos, Víctor lo meditó. No llevaba de luto ni siquiera un par de meses. No podía simplemente salir a divertirse para ocultar u olvidar el dolor que aún sentía por la pérdida de Lucía. Eso sería estúpido, claramente. Tampoco tenía ganas de salir de casa. Había estado concentrado en el libro de su novia, y preguntándose por qué hasta ese momento, no había podido soñar con ella. Ni siquiera un momento en ninguna de esas noches.

—Está bien. Lo tomaré en cuenta.

En el minuto que quedó de silencio, Luis observó a Víctor preparar su café preferido. Sintió que era el momento para hacer la pregunta.

—¿Cómo estás?

No, no era un simple «¿Cómo estás?» al que respondes con un «Bien, ¿y tú?». Aquel cómo estás era diferente. Y ambos lo sabían. Era la pregunta en la que Víctor debía ser sincero y directo con sus sentimientos. Si se sentía hundido o no, si se sentía un poco más aliviado o no. Si al menos tenía las ganas de superarlo o no. Luis preguntaba de la forma más ingenua y, Víctor, tendría que responderla con toda franqueza.

Lo vio bajar la mirada, perdiéndola en la taza de su café, donde movía la cuchara en círculos sin siquiera haberle echado un poco de azúcar.

¿Serviría si lo evadiera? ¿Si ignoraba la pregunta y hacía como si nada?

No, realmente no. Víctor sabía lo muy transparente que se daba a notar sobre sus sentimientos. En especial si se trataba de algo relacionado con Lucía. Elevó la mirada para encontrarse con la de su mejor amigo, suavemente preocupado por su respuesta.

—Solo sé que la extraño.

Por un momento no supo como responder a eso. Se acercó un poco y puso su mano en la espalda de su amigo, intentando crearle algo de consuelo.

—¿Has ido a verla?

Frunció ligeramente el ceño. Ojalá la pudiera ver. Ojalá ella pudiera sonreírle y abrazarlo una vez más. En lugar, estaba la tumba de su amada, donde ella estaba enterrada. Y que muy cobardemente, no había podido asistir a tal funeral.

—La verdad no…

—Está bien, Vic, no tienes que presionarte con eso. Ambos sabemos que es difícil.

—¿No es egoísta de mi parte?

Negó rápidamente con la cabeza.

—No, no, claro que no. Son tus sentimientos, Vic. Cada uno tiene su manera de sobrellevarlos. Nadie te juzgaría por eso. Mucho menos Luci.

—Aun así… me siento… vacío.

Tampoco sabía como responder ante eso. Luis no era nada bueno consolando a los demás, no tenía talento para eso. Pero en algo que podía destacar: era muy, pero muy bueno escuchando. Sin embargo, aunque quería escuchar a su mejor amigo desahogarse, sabía que no tenían mucho tiempo, pues Vic pronto saldría.




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