Cartas para Lucía

Capítulo 6

—¿Entonces ella solo se fue?

Luis estaba moviendo sus manos en la cocina, intentando preparar algo que vio por internet.

Se apareció con una bolsa de compras del supermercado solo para Víctor luego del trabajo. El último había estado ocupado escribiendo algunos guiones para el programa y... pensando en lo sucedido de esa mañana.

Después de que Valeria se fuera, él no pudo concentrarse en sus quehaceres. Estaba arrepentido y avergonzado.

Pero por lo menos, admitía que había cometido un error. El Víctor de quince años habría estado enojado con todos y consigo mismo, culpando a todos menos a él. El Víctor de hace diez años se habría encerrado a su habitación compartiendo su enojo con la almohada.

Pero Víctor ya no era un adolescente que no podía controlar sus emociones. El tiempo era claro; él ya era un joven maduro. Entendía que había cometido un error al haber perdido el control con personas que no se lo merecen.

Pero claro, el dolor por la muerte de Lucía no era algo simple que pudiera tratar con naturalidad. Aún lloraba por ella y se culpaba. Pero desde ese día, se prometió una cosa:

No volver a lastimar a otros por sus propias desgracias. Porque ni él ni ninguna persona a su alrededor era culpable.

Víctor se encontraba sosteniendo una manzana en sus manos, su espalda estaba apoyada en la encimera mientras veía a su amigo moverse por la cocina. Soltó un pequeño suspiro.

—Sí. Solo se fue.

—¿Así como así?

El joven le había compartido el reciente suceso a su mejor amigo. Muy poco tiempo después de que Luis llegara, empezó a inundarlo de preguntas, por lo que, de alguna manera, terminaron hablando de ello.

—Sí —murmuró en un no muy bajo susurro.

Luis se giró por un momento para mirarlo.

—¿Y no estás enojado por eso?

Víctor, quien había estado concentrado en la manzana que sostenía, elevó la cabeza.

—No, claro que no. Con ella no.

—¿Y contigo?

Se quedó en silencio mientras volvía a bajar la mirada. Luis al notarlo, dejó de observarlo para que no se sintiera juzgado y siguió cortando la cebolla sobre la pequeña madera.

—Oye, no tienes que sentirte mal por eso. Todos cometemos errores. Y sabes perfectamente que estás pasando por un mal momento.

Dejó la manzana sobre la encimera con un poco más fuerza de lo normal.

—Sí, pero no debí tratarla así. Que Luci haya...

Se quedó un momento en silencio.

Durante ese tiempo, no había querido aceptar que su amada había fallecido. Ni siquiera en unas simples palabras. Pero algo lo hizo comprenderlo. Su mente viajó por todos los recuerdos que tenía desde que Lucía falleció.

Se vio a sí mismo gritando, llorando, suplicando. Y nada de ello había servido de algo.

Sabía que por más que le rogara a Dios, su Lucía no volvería. Entonces, tomando un respiro, prosiguió:

—Que Luci haya fallecido no significa que puedo ser una mierda de persona.

Luis dejó de cortar la cebolla y se quedó quieto mirando fijamente hacia esta misma sin decir absolutamente nada por varios largos segundos. Sorbió la nariz. Víctor frunció el ceño cuando el contrario se giró.

—¿Por qué lloras?

Sollozó con una sonrisa en su rostro.

—La cebolla, amigo.

Víctor ladeó sutilmente la cabeza.

—¿Seguro?

—Sí, sí.

No, claramente Luis mentía. Y Víctor lo sabía.

Su mejor amigo había estado acompañándolo desde el principio. Cuidándolo lo mejor que podía, aunque sea desde lejos como cuando le envió comida a su casa. O como en ese instante, que había comprado todo lo necesario para cocinarle en su casa.

Luis sabía a la perfección que a Víctor le estaba costando demasiado el tan solo aceptar la muerte de Lucía, aunque no se lo haya hecho saber. Y escucharlo aceptarlo en tales palabras reales lo que sucedió, frente y para él, fue un gran avance.

Un gran paso.

Se limpió los ojos con la parte superior de su antebrazo, sorbiendo una vez más la nariz. Miró a Víctor y sonrió haciendo una línea en sus labios.

—En ese caso, me alegra mucho que pienses así. Quizá deberías reunirte con ella y pedirle una disculpa sincera.

Víctor soltó una corta respiración y volvió a tomar la manzana.

—Creo que eso haré.

—¿En serio crees que ella esté enojada?

Lo pensó unos segundos antes de responder.

—En realidad, no lo sé... Se fue tranquila luego de la discusión. Pero me sentí... genuinamente comprendido.

—Entonces pueden hablarlo con normalidad —admitió cortando lo que faltaba de la cebolla.

Asintió y le dio un mordisco a la manzana. Se acercó a ver lo que Luis estaba preparando. Este le había explicado que haría una pasta que, según él, quedaría deliciosa. Víctor esperaba que no quemara nada por lo menos.

Intentó concentrarse en ayudarlo, pero su mente aún estaba divagando en el tema tratado hace poco. Con ello, vino el recuerdo fugaz de Valeria diciéndole que probablemente ella no habría sido la única a quien trató de esa forma grosera.

Lamió sus labios, pensativo. Miró a Luis, quien hablaba de forma distraída sobre un programa de televisión que había estado mirando.

Sintió un latido duro en el corazón. Luis era un gran amigo. Un gran muchacho. Y entendió que no lo había estado valorando durante todo ese tiempo.

Entonces, quiso remediarlo.

—Luis.

El mencionado se detuvo y miró a Víctor un momento antes de volver a mover las ollas.

—¿Mmm?

—¿Recuerdas... el día que viniste y tuvimos una pequeña discusión por lo de Lucía?

Luis no se detuvo, pero sus movimientos se volvieron ligeramente más lentos al mirarlo nuevamente.

—¿Por qué lo mencionas?

—Porque, aunque ya es muy tarde, creo que debo sacar el tema... y pedirte perdón.

—Pasó hace mucho. Además, te disculpaste, no hay por qué volverlo a hacerlo.

—Es que, no te he agradecido por esto.

—¿Agradecerme por qué?

—Por todo. Por todo lo que haces por mí, aunque me niegue. Mírate, estás cocinando. Llegaste con compras sin que te lo haya dicho.




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