—¡Entonces sí vamos a salir!
Víctor suspiró, ligeramente agotado. Lavaba los trastes en la cocina mientras Luis estaba a su lado, casi saltando sobre un pie y sonriendo como si fuera un niño y le hubieran dado el mejor de los chocolates.
El reencuentro de graduación era esa noche y Víctor ya estaba agotado de siquiera pensarlo.
—Me arrepiento de haberte dicho que sí —admitió.
Luis rodó los ojos con una sonrisa divertida.
Había unas semanas desde la noche en que Víctor decidió llamarlo para decirle que estaba animado en ir a aquella reunión luego de haber hablado con Valeria.
—¿Por qué te arrepentirías? Nos reuniremos con nuestros viejos amigos, Víctor. Será muy agradable.
—Solo recuerdo a esos idiotas que me molestaban, Luis.
—Pero ellos te pidieron perdón hace tiempo, ¿no?
—Solo porque Luci los había amenazado, ¿recuerdas?
Luis se quedó pensativo un momento.
—Oh, es cierto. Luci protegía mucho a su princesa.
Víctor lo miró con el ceño fruncido, enfurruñado. Nunca le había gustado que lo llamaran así.
—¿Quieres que te tire un plato por la cabeza?
Las carcajadas provenientes de Luis hicieron sonreír suavemente a Víctor.
—Aún recuerdo lo tímido que te ponías cuando ella estaba cerca.
El ceño de Víctor se relajó, recordando aquellos viejos momentos vividos. Sus manos se detuvieron.
—Lo sé.
Luis le puso una mano en el hombro.
—Sobre el reencuentro, no te sientas obligado de ir. Si tú quieres...
—No, está bien. Quiero ir. Solo espero que no sea una fiesta y solo una simple comida.
Luis suspiró, dándole una amigable palmada en la espalda.
—Según lo que escuché, será solo eso.
—Mejor.
El contrario se alejó unos pasos, apoyándose en la encimera.
—Por cierto, ¿has ido a visitarla?
Víctor lo miró un segundo.
—Sí, hace una semana. ¿Qué hay de ti?
—Fui ayer.
La mirada de Luis se perdió en el suelo.
—Es extraño no verla corriendo por ahí.
Víctor acabó con los platos y secó sus manos antes de retroceder, apoyándose en la encimera tras él.
—Lo sé. Y cuando cantaba...
—O cuando se ponía a bailar —Luis lo miró con una sonrisa nostálgica—. Ella era una rarita, solo la salvaba su belleza.
Víctor soltó una ligera risa.
—Sí, era una rarita.
Víctor se alejó cuando vio a Zoé entrar a la cocina y lo cargó en sus brazos.
—Es hora de darle de comer a este gordote.
Luis se acercó y lo cargó mientras Víctor volvía a la encimera para preparar la comida del pequeño.
—Es muy lindo. Ha crecido mucho —comentó.
—Me recuerda a Lucía. Es tan carismático.
—¿Cómo te convenció esa chica de llevártelo?
—Ni yo lo sé. No supe cómo decirle que no.
—Por lo menos te hace compañía.
Siguió meciendo a Zoé, dándole unos cuantos besos en su pancita cálida. Víctor no tardó en dejar la comida en el piso, indicándole a Luis que lo bajara para que se alimentara. Este obedeció y ambos se quedaron en silencio, observándolo comer.
Entonces, Víctor volvió a apoyarse en la encimera, cruzándose de brazos. Su atención se coló en su mejor amigo.
Recordó la carta de Lucía. Y sintió que era el momento perfecto para hablar de ello a Luis. Se preguntaba cómo es que él pudo estar en silencio durante tanto tiempo, manteniendo el secreto con su novia ahora fallecida.
—Luis.
El mencionado dejó de observar al cachorro.
—¿Mmm?
—Hace como un mes... encontré la carta que Lucía escribió para mí.
Se puso rígido, claramente. Respiró por la boca y pasó una mano por su cuello. Un gesto tan característico suyo de cuando se ponía nervioso.
—Ah, ¿sí? —hizo una pequeña pausa—. ¿Y... qué tal?
Los ojos de Víctor bajaron un momento antes de responder.
—¿Por qué no me dijiste antes de que ese sobre estaba allí?
Luis soltó un suspiro de ligera frustración.
—Quería, te lo juro. En serio quería mostrártela, pero ella fue muy clara. Me dijo que tú solo la encontrarías en el momento indicado. Y que mi único trabajo era dejarla en su lugar. Me hizo prometerle que me quedaría en silencio.
Víctor se quedó en silencio, Luis sintió que debería seguir.
—Víctor, si estás enojado...
—No, no —interrumpió rápidamente—. No estoy enojado contigo, Luis. Hiciste lo que Lucía te pidió, no tiene nada de malo.
Dejó salir una respiración que no sabía que había estado conteniendo hasta ese momento.
—Igual... lo siento.
—No tienes que pedir perdón. Me gusta que el propósito de Luci se haya cumplido como ella quería.
—Pero... ¿cómo la hallaste?
Las comisuras de Víctor se alzaron en una suave sonrisa y miró a Zoé.
—Él me guió.
Luis frunció suavemente el ceño, confundido.
—¿A qué te refieres?
—No lo sé, solo... Esa noche me quedé dormido en el sofá. Zoé me despertó con ladridos y me hizo seguirlo a la habitación. No dejaba de ladrarle a ese cajón. Entonces, encontré el sobre.
Se quedó en silencio. Alternaba miradas entre Víctor y el cachorro.
¿Le creía o no? Claro que sí, Víctor no sería capaz de bromear con algo así sabiendo que en el fondo de todo ello, estaba su querida Luci.
Pero aún así, era un poco difícil de procesar. ¿Un simple cachorro guiándolo para encontrar una carta que había escrito alguien que ya no existía?
Eso era de película.
Víctor notó el silencio de Luis y volvió su mirada hacia él.
—¿No me crees?
—No, no, no es eso. Es solo que... —pasó una mano por su cabello— es un poco increíble, ¿sabes? Es como si Lucía...
Ni podía decirlo con claridad. Víctor terminó la frase por él.
—Sí. Como si Lucía hubiera estado allí.
Ambos compartieron un momento largo de quietud, preguntas y respuestas no dichas.
Lucía, para ambos, era un ángel ahora.
Y la extrañaban más que nunca.
Luis se quedó un corto tiempo más antes de irse. Eran las cinco de la tarde y ambos querían aprovechar su tiempo para prepararse y dirigirse a aquel reencuentro.