El segundo cumpleaños de Viena llegó en una mañana tibia de primavera. El cielo estaba despejado y una ligera brisa movía las hojas de los árboles del jardín de la casa de Zelinna y Dereck.
La casa ya no parecía nueva. Tenía señales de vida: dibujos infantiles pegados en el refrigerador, una pequeña mesa para niños en la sala, y juguetes esparcidos por el piso.
En la cocina, Zelinna estaba preparando panqueques mientras Viena estaba sentada en su silla alta golpeando una cuchara contra la mesa.
—¡Más! —dijo Viena señalando el plato.
Zelinna rió.
—Primero termina ese.
Dereck apareció en la cocina todavía abrochándose los botones de su camisa.
—¿Qué huele tan bien?
—Tu hija decidió que hoy quiere desayunar como reina —respondió Zelinna.
Dereck se acercó a Viena.
—¿Reina? ¿Entonces yo soy el caballero?
Viena levantó los brazos.
—¡Papá!
Dereck la cargó y la hizo girar suavemente.
Zelinna los miró con una sonrisa tranquila.
—Cuidado, todavía no termina de comer.
—Pero está celebrando —dijo Dereck—. Hoy cumple dos años.
Viena aplaudió sin entender del todo, pero feliz por la atención.
La puerta sonó.
Dereck miró el reloj.
—Deben ser tus papás.
Fue a abrir.
En la entrada estaban los padres de Zelinna con una bolsa llena de regalos y un pequeño pastel.
—¡Buenos días! —dijo la madre de Zelinna.
—Pasen —respondió Dereck—. La cumpleañera está desayunando.
Entraron a la casa.
El padre de Zelinna vio a la niña en la silla.
—¡Ahí está mi nieta!
Viena extendió los brazos.
—¡Abuelo!
Él la cargó con cuidado.
—Dos años ya. El tiempo pasa rápido.
Se sentaron en la mesa para desayunar juntos.
La conversación fluyó entre risas y comentarios sobre el crecimiento de Viena.
Después del desayuno prepararon el pequeño festejo.
Colgaron algunos globos en la sala y pusieron el pastel sobre la mesa.
Mariana llegó más tarde con un regalo envuelto en papel brillante.
—¡Feliz cumpleaños, Viena!
La niña corrió hacia ella.
—¡Mariana!
—Te traje algo.
Zelinna sonrió.
—Siempre la consientes.
—Es mi deber —respondió Mariana.
El festejo fue sencillo: pastel, algunas fotos y risas.
Cuando el sol comenzó a bajar, los invitados empezaron a despedirse.
Los padres de Zelinna se fueron primero.
Mariana fue la última en salir.
Antes de irse miró a Zelinna.
—Tu casa se siente muy viva.
—Eso pasa cuando hay niños —respondió Zelinna.
—Y cuando hay familia —añadió Mariana.
Zelinna asintió.
—Gracias por venir.
—Siempre.
Mariana se fue.
La casa quedó en silencio.
Viena se había quedado dormida en el sofá después de jugar toda la tarde.
Dereck la cargó con cuidado y la llevó a su habitación.
Zelinna lo siguió.
La acomodaron en su cama y apagaron la luz.
Al cerrar la puerta caminaron hacia la sala.
Dereck se dejó caer en el sofá.
—Estoy cansado.
Zelinna se sentó a su lado.
—Pero fue un buen día.
—Sí.
Hubo un momento de silencio.
Entonces Dereck miró a Zelinna.
—He estado pensando en algo.
—¿Qué cosa?
—En agrandar la familia.
Zelinna levantó una ceja.
—¿Agrandarla?
—Viena debería tener un hermano… o hermana.
Zelinna sonrió.
—Eso mismo pensé hace unos meses.
Dereck se sorprendió.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
—Porque quería esperar el momento correcto.
Dereck tomó su mano.
—Tal vez ese momento es ahora.
Zelinna rió.
—Tal vez.
Los meses pasaron con la misma rutina tranquila.
Trabajo, casa y tiempo con Viena.
Una mañana, mientras Zelinna preparaba café, sintió un ligero mareo.
Se apoyó en el mostrador.
Dereck lo notó.
—¿Estás bien?
—Sí… solo me sentí un poco rara.
—Deberías sentarte.
Zelinna lo miró.
—Creo que sé por qué.
Dereck frunció el ceño.
—¿Por qué?
Ella respiró hondo.
—Creo que estoy embarazada.
El silencio llenó la cocina.
Dereck tardó unos segundos en reaccionar.
—¿De verdad?
Zelinna asintió.
—Voy a hacer una prueba para confirmarlo.
Esa misma tarde compraron una prueba en la farmacia.
Cuando Zelinna salió del baño con el resultado en la mano, Dereck estaba caminando de un lado a otro por la sala.
—¿Y?
Zelinna levantó la prueba.
—Sí.
Dereck se quedó quieto.
Luego sonrió ampliamente.
—¡Vamos a tener otro bebé!
La abrazó con fuerza.
—Esto es increíble.
Zelinna rió.
—Tranquilo, vas a despertar a Viena.
—Lo siento.
Esa noche celebraron con una cena sencilla.
Días después visitaron a los padres de Zelinna para darles la noticia.
Estaban sentados en la sala cuando Zelinna habló.
—Tenemos algo que decirles.
La madre de Zelinna sonrió.
—¿Qué sucede?
Zelinna tomó la mano de Dereck.
—Vamos a tener otro bebé.
La reacción fue inmediata.
—¡¿De verdad?! —exclamó su madre.
El padre de Zelinna
sonrió con orgullo.
—Otra nieta… o nieto.
—Todavía no sabemos —dijo Dereck.
Las felicitaciones llenaron la casa.
Semanas después acudieron a la primera revisión médica.
Viena estaba sentada en el regazo de Dereck en la sala de espera.
—¿Mamá tiene bebé? —preguntó la niña.
—Sí —respondió Dereck.
—¿Pequeño?
—Muy pequeño.
Viena sonrió.
Cuando salieron del consultorio, Zelinna llevaba unas imágenes impresas.
Dereck las miró.
—¿Esa es la ecografía?
—Sí.
—Es increíble.
Meses después descubrieron el sexo del bebé.
Era una niña.
Esa noche estaban cenando cuando Dereck preguntó:
—¿Ya pensaste en el nombre?