Cartografía de un ideal fragmentado: Zelinna Gatti. #2

Capítulo III- Parte II

El trayecto al hospital fue silencioso.

La noche había caído completamente y las calles estaban iluminadas por las luces amarillas de los postes. El sonido del motor del automóvil era lo único constante dentro del vehículo.

Dereck conducía.

En el asiento del copiloto iba Zelinna.

En la parte trasera, Elliot y Fedra.

Elliot estaba recostado ligeramente contra el respaldo, respirando despacio.

Fedra sostenía su mano.

—¿Cómo te sientes? —preguntó ella.

—Cansado.

—¿Te sigue doliendo?

—Un poco.

Zelinna miraba por la ventana, pero su atención estaba completamente detrás de ella.

—Papá, en cuanto lleguemos te revisarán.

—No era necesario salir de la fiesta.

—Sí lo era.

Elliot sonrió débilmente.

—Freya estaba feliz.

—Y seguirá feliz —respondió Zelinna.

Dereck habló sin apartar la vista del camino.

—Estamos a cinco minutos.

El hospital apareció al final de la avenida.

Un edificio blanco de varios pisos con las ventanas iluminadas.

El auto se detuvo frente a la entrada de urgencias.

Dereck salió primero y abrió la puerta trasera.

—Vamos.

Elliot bajó despacio.

Un enfermero se acercó con una silla de ruedas.

—Buenas noches.

—Mi padre tiene dolor en el pecho —dijo Zelinna.

El enfermero asintió.

—Vamos a revisarlo de inmediato.

Elliot se sentó en la silla.

Fedra caminaba a su lado.

Entraron al hospital.

El olor a desinfectante llenaba el aire.

Luces blancas iluminaban los pasillos.

Los pasos resonaban en el suelo brillante.

En la recepción, una enfermera levantó la vista.

—Nombre del paciente.

—Elliot —respondió Zelinna— Elliot Gatti.

La enfermera comenzó a escribir.

—Edad.

—Sesenta y cuatro.

—Síntomas.

—Dolor en el pecho y cansancio.

La enfermera terminó de registrar los datos.

—Lo pasarán a revisión.

Un médico joven apareció.

—Soy el doctor Ramírez.

Miró a Elliot.

—Señor Gatti, vamos a hacer algunos estudios.

—Está bien.

Lo llevaron por un pasillo hacia una sala de revisión.

Fedra quiso entrar, pero el médico levantó una mano.

—Solo el paciente por ahora.

Elliot miró a su esposa.

—Estaré bien.

La puerta se cerró.

Zelinna y Fedra se quedaron en la sala de espera.

Dereck fue a la máquina de café.

—¿Quieren algo?

Fedra negó con la cabeza.

—No.

Zelinna tampoco respondió.

Se sentaron en unas sillas de plástico.

El reloj de la pared marcaba las nueve y cuarenta.

Fedra tenía las manos entrelazadas.

—Nunca le había pasado algo así.

Zelinna miraba la puerta cerrada.

—Tal vez es solo agotamiento.

—Sí…

Fedra asintió lentamente.

Dereck regresó con un café.

Se sentó junto a Zelinna.

—Los médicos son buenos aquí.

—Lo sé.

Pasaron varios minutos.

Luego media hora.

Una hora.

Finalmente el doctor Ramírez salió de la sala.

—Familiares del señor Gatti.

Zelinna y Fedra se levantaron de inmediato.

—Soy su hija.

—Soy su esposa.

El doctor las observó con seriedad.

—Los estudios iniciales muestran algo que necesitamos revisar con más detalle.

—¿Qué significa eso? —preguntó Zelinna.

—Haremos tomografías y análisis adicionales.

Fedra frunció el ceño.

—¿Es grave?

El doctor mantuvo la calma.

—Aún no podemos afirmarlo.

Elliot fue trasladado a otra área del hospital para más estudios.

Zelinna y Fedra lo acompañaron hasta cierto punto del pasillo.

—Volveré en un rato —dijo Elliot.

Fedra apretó su mano.

—Aquí estaremos.

La camilla desapareció tras una puerta.

La espera continuó.

El reloj marcó las diez.

Luego las once.

El hospital se volvió más silencioso conforme avanzaba la noche.

Dereck salió un momento para llamar a Mariana y avisarle que la fiesta había terminado y que las niñas estaban con una niñera.

Zelinna permanecía de pie frente a una ventana.

Fedra estaba sentada mirando el suelo.

Cerca de la medianoche, el doctor volvió a aparecer.

Esta vez acompañado de una mujer mayor con bata blanca.

—Soy la doctora Salgado —dijo ella.

—¿Cómo está mi papá? —preguntó Zelinna.

La doctora hizo un gesto hacia una pequeña sala privada.

—¿Podemos hablar?

Entraron.

La puerta se cerró.

La doctora colocó unas hojas sobre la mesa.

—Los estudios mostraron una masa.

Fedra frunció el ceño.

—¿Una masa?

La doctora asintió.

—En el pulmón izquierdo.

El silencio cayó en la habitación.

Zelinna habló primero.

—¿Qué significa eso?

La doctora respondió con claridad.

—Es cáncer.

Fedra cerró los ojos.

—¿Cáncer?

La doctora continuó.

—Necesitamos hacer más pruebas para determinar el tipo exacto y el avance.

Zelinna permaneció de pie.

—¿Está seguro?

—Los estudios son bastante claros.

Fedra se llevó una mano a la boca.

—No…

La doctora habló con calma.

—Aún debemos evaluar las opciones de tratamiento.

Zelinna miró las hojas sobre la mesa.

—¿Mi papá lo sabe?

—Aún no.

—Quiero estar cuando se lo digan.

—Por supuesto.

Un enfermero entró.

—El señor Gatti ya está en su habitación.

La doctora asintió.

—Vamos.

Caminaron por un pasillo largo hasta llegar a una habitación privada.

Elliot estaba sentado en la cama del hospital.

Parecía tranquilo.

Al verlos entrar levantó una ceja.

—Esto parece una reunión seria.

Fedra se acercó.

—Elliot…

La doctora habló con tono profesional.

—Señor Gatti, encontramos una masa en su pulmón.

Elliot la miró con atención.

—¿Una masa?




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